Archivos de la categoría ‘Rosa Luxemburg’

* Leemos hoy en La Izquierda Diario:

El 15 de enero de 1919, Rosa Luxemburg era asesinada en Berlín junto a sus compañeros y camaradas. Una de sus armas predilectas fue la palabra escrita, dejando una obra extensa: artículos, panfletos polémicos y teóricos. Luego de más de medio siglo de publicadas sus obras completas en alemán, nuevos emprendimientos editoriales avanzan en publicar, en inglés, francés y castellano, una parte inédita de su trabajo.

El ala izquierda de la socialdemocracia alemana

Cuando Rosa Luxemburg llegó a Alemania era una desconocida militante de la socialdemocracia polaca. Huyendo de la represión del zarismo sobre el movimiento revolucionario de ese país atravesó París y permaneció, desde 1898, en Berlín aconsejada por su camarada Leo Jogiches –que quería utilizar los recursos legales e ilegales de la socialdemocracia alemana para fortalecer el socialismo polaco. A diferencia de otros exiliados, Luxemburg no concentró sus tareas en la política polaca o rusa, sino que se inmiscuyó en los principales debates de la Internacional. En la serie de cartas que Luxemburg envió a su compañero Jogiches puede apreciarse el desconcierto y la desconfianza que el partido alemán le produce desde un primer momento.

Cuando dejó de ser una “desconocida” –estaba en el centro del debate contra el socialdemócrata Bernstein y el oportunismo– el “éxito” ganado y los ofrecimientos que recibió de los socialistas alemanes no la hicieron retroceder “ni un céntimo mi sentido crítico, ni me hace sonreír”. Era consciente del temor que su figura despertaba en la “familia” –así llamaba a los dirigentes socialistas alemanes–, no “solo entre los adversarios”, sino también en “el fondo del alma, entre los aliados (Bebel, Kautsky, etc.)”. ¡Esto escribía en 1899!

Discutía amistosamente con uno de sus “aliados” por ese entonces, Kautsky, rechazando el esperanzado y tranquilizador espíritu conformista de la socialdemocracia, confrontaba contra esa “imagen del mundo” que “representa al hombre de tal manera que su voluntad, su capacidad y sus conocimientos terminan siendo superfluos” y decía: “creo firmemente en la idea de que sería mejor arrojarse a las cataratas del Rin y hundirse como una cáscara de nuez, a mecer la cabeza sabiamente y dejar que las aguas sigan corriendo, como lo hacen desde el tiempo nuestros antepasados y seguirán haciéndolo cuando nuestro propio tiempo haya terminado”. Era mejor arrojarse al curso de la historia que esperar pasivamente que el socialismo “naciera” del progreso sindical y político, y de hecho este “progreso” devino su contrario, la catástrofe de la guerra.

La ruptura

Consciente de las contradicciones del “espíritu” socialdemócrata, la fractura que se produjo durante la Primera Guerra no fue para Luxemburg una eventualidad, sino la profundización de una grieta que ya era teórica, sensible y práctica. La socialdemocracia alemana, luego de apoyar la guerra y ante el fracaso de las clases dominantes en esta empresa, dispuso de su habilidad para contener la revolución de 1918 en los marcos de una república. El siguiente paso –aprendido de las lecciones de los marxistas en junio de 1848 y julio de 1917 como indicaba Trotsky– fue incitar a los obreros y soldados berlineses a un levantamiento prematuro: las jornadas de enero de 1919. El Partido Comunista Alemán (Spartaquista), recientemente fundado por Rosa y Liebknecht, era débil. La socialdemocracia aprovechó esta debilidad y se erigió en artífice de la contrarrevolución burguesa, y el 15 de enero asesinó a través de sus esbirros a Rosa Luxemburg, Karl Liebknecht, Leo Jogiches y varios militantes comunistas.

El legado de Rosa

Mientras en Alemania su figura sigue siendo aprovechada en la actualidad por la formación socialdemócrata Die Linke, encabezada por Oskar Lafontaine, una Europa atravesada por las contradicciones y padecimientos de la crisis económica mira los escritos de Luxemburg como una posible explicación a las profundas tendencias que anidan en ella. Claro que, la crisis europea aún no tiene las dimensiones que la que anticipó y vivió Luxemburg, pero la consecuencias de las políticas imperialistas en Asia y África, a flor de piel luego del affaire Charlie Hebdo, junto con la crisis social y política, preanuncian todo menos un mundo calmo.

Si algo legó Luxemburg fue sus escritos. Utilizó la palabra escrita, una tradición del marxismo clásico de esas décadas, para propagandizar la teoría marxista y la acción revolucionaria. Cuando publicaron los artículos que luego serían reunidos en Reforma o revolución, Franz Mehring pidió entrevistarla. Le dijo que estaba “maravillado” por su estilo y le preguntó por su siguiente “obra teórica”, una Luxemburg irónica comentaba en una carta “¿Qué le vamos a hacer?, evidentemente tengo el aspecto de una persona que debe escribir una obra importante”, y Mehring no se equivocaba. Hasta ahora las obras completas de Luxemburg habían aparecido en el idioma en que fueron escritas, el alemán, publicadas en los años ‘70 por la editorial Dietz Verlang Berlín. Recién medio siglo después de esta publicación se están traduciendo textos importantes de su biografía intelectual y política a otros idiomas como el inglés, francés y español. Este hecho marca un síntoma importante de los tiempos que estamos atravesando.

La editorial inglesa Verso publicó a fines de 2014 el primer volumen de sus The complete Works of Rosa Luxemburg dedicado a los escritos económicos de la revolucionaria. Mientras tanto en Francia, la editorial Agone, junto a un colectivo de trabajo de tendencia “libertaria” Smolny, publicó en 2014 el tomo IV de las Œuvres complètes de Rosa Luxemburg. Los dos primeros tomos estuvieron dedicados a los trabajos de economía marxista de Luxemburg, mientras que los dos últimos volúmenes compilaron los textos del debate del socialismo francés y los escritos contra la guerra imperialista de 1914 a 1919. Actualmente la editorial IPS Karl Marx está preparando la salida de un volumen de las Obras Selectas de Rosa Luxemburg que reúne textos inéditos en castellano sobre la revolución de 1818-19.

Luego de un largo período de reacción ideológica parece renacer cierto interés académico y político por sus escritos. Esto es un pequeño homenaje a la importancia de su figura política e intelectual.

Se recomienda la lectura de Paul Frölich, Rosa Luxemburg, Ediciones IPS, 2014

También se puede ver la película de Margarethe von Trotta, Rosa Luxemburg (1986)

 

* Más sobre Rosa Luxemburg y la Revolución alemana:

Esa mujer…

Alemania, noviembre de 1918: república “democrática” (burguesa, capitalista) vs. república socialista (de los consejos obreros y de soldados)

La literatura y la Revolución Alemana de 1918: Alfred Döblin (I)

La literatura y la Revolución Alemana de 1918: Alfred Döblin (II)

La literatura y la Revolución Alemana de 1918: Alfred Döblin (III)

Novedades editoriales (III)

Publicado: agosto 22, 2014 de Demian Paredes en 2014, Historia, Invitaciones, León Trotsky, Lenin, Marxismo, Rosa Luxemburg

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Marxistas en la Primera Guerra Mundial

V. I. Lenin / Léon Trotsky / Rosa Luxemburg / Karl Liebknecht / Franz Mehring

Edición especial a 100 años de la guerra imperialista

12,5 x 19

320 pp.

ISBN 9789872997564

A 100 años del comienzo de la Primera Guerra Mundial, abundan las publicaciones sobre el tema. Este volumen, sin embargo, abarca una faceta que la gran mayoría esconde. Es un documento de las luchas políticas de los principales exponentes de la izquierda marxista internacional de ese entonces: Vladimir Lenin, León Trotsky, Rosa Luxemburg, Karl Liebknecht y Franz Mehring. La mayoría de los textos que aquí presentamos aparecen en castellano por primera vez; el resto han sido poco difundidos con anterioridad.
En las peores condiciones, sus autores intervinieron activamente en los debates que abrió la guerra en las organizaciones obreras, planteando una política que permitiera ponerle fin rápidamente y utilizar la crisis económica y política creada por ella para despertar a las masas. El objetivo era acelerar la caída de la dominación de la clase capitalista para así poner en práctica el poder de los trabajadores, que, como dijo Rosa Luxemburg, “si se lo mide por su verdadera estatura, está llamado por la historia a derribar el roble milenario de la injusticia social y a mover montañas”.

* Más sobre esta publicación, acá.

Esa mujer…

Publicado: enero 15, 2014 de Demian Paredes en 2014, Historia, Marxismo, Mujer, Rosa Luxemburg

Leemos:

En el espíritu de Rosa Luxemburgo el ideal socialista era una pasión avasalladora que todo lo arrollaba; una pasión, a la par, del cerebro y del corazón, que la devoraba y la acuciaba a crear. La única ambición grande y pura de esta mujer sin par, la obra de toda su vida, fue la de preparar la revolución que había de dejar el paso franco al socialismo. El poder vivir la revolución y tomar parte en sus batallas, era para ella la suprema dicha. Con una voluntad férrea, con un desprecio total de sí misma, con una abnegación que no hay palabras con qué expresar, Rosa puso al servicio del socialismo todo lo que era, todo lo que valía, su persona y su vida. La ofrenda de su vida, a la idea, no la hizo tan sólo el día de su muerte; se la había dado ya trozo a trozo, en cada minuto de su existencia de lucha y de trabajo. Por esto podía legítimamente exigir también de los demás que lo entregaran todo, su vida incluso, en aras del socialismo. Rosa Luxemburgo simboliza la espada y la llama de la revolución, y su nombre quedará grabado en los siglos como el de una de las más grandiosas e insignes figuras del socialismo internacional.

 

Rosa L.* El artículo completo de Clara Zetkin –hoy, cuando se cumple un nuevo aniversario del asesinato de la revolucionaria marxista Rosa Luxemburg–, acá.

** Y acá una entrevista a los editores de la biografía de Paul Frölich, Rosa Luxemburg. Vida y obra, recientemente publicado por Ediciones IPS.

Por Cecilia Feijoo

sisifo

 “En la sociedad burguesa a la socialdemocracia le corresponde por su misma esencia el papel de un partido de oposición; no puede transformarse en partido gobernante más que sobre las ruinas del Estado burgués”

Rosa Luxemburg

El nombramiento de Axel Kicillof como Ministro de Economía de la Argentina por un lado y el crecimiento electoral de la izquierda que ha permitido la obtención de cargos parlamentarios, ha reavivado la cuestión de la actitud de los socialistas frente al poder del estado burgués.

El primer debate en la actualidad no es relevante en sentido estratégico porque el “flamante” Ministro de Economía ni es marxista ni socialista. La importancia de este debate aparece como crítica a la ideología que expresa en sí esta representación. A ciertos sectores de la burguesía argentina y de la derecha política la designación de Kicillof parece un concesión exagerada, más allá de que el “flamante” Ministro haya dado con creces pruebas de defensa del capitalismo y de la explotación como su núcleo económico central. La nueva estrella “progre” del gobierno K no expresa ningún cuestionamiento al capital (ninguna clase de “salida por izquierda”(!?), como se llega a ilusionar la intelectual de Carta Abierta María Pía López) sino más bien un gesto de “equilibro” de un gobierno que se ha venido inclinando hacia el centro del espectro político. Que Kicillof  “sospeche” que las empresas han incrementado sus beneficios, y que a pesar de ello estén aprovechando “subsidios estatales” para acrecentar sus arcas no obedece a un supuesto marxismo sino a la puja entre las distintas alas de la burguesía y el Estado que usufructúan el dinero del fisco, dinero que proviene de los impuestos a los sectores populares (el IVA principalmente, el impuesto al salario…).

El colmo de toda está confusiones es la algarabía de los “progres” K que se ilusionan con posibilidad de algún tipo de socialismo “nacional”, algo como mínimo cuestionable si se parte del padrinazgo del acuerdo Chevron-YPF. Para contrarrestar tantas falsedades del relato K algunos han traído a colación el debate que Rosa Luxemburg cruzó con los reformistas de la Segunda Internacional y en particular contra la postura adoptada por el Partido Socialista Francés a finales del siglo XIX. Era una situación completamente distinta a esta, sin embargo algunas de sus conclusiones marcaron un camino práctico para el socialismo revolucionario de la época que conservan su actualidad.

La República Francesa surgida del aplastamiento de la comuna de París estaba pasando por una profunda crisis de legitimidad. Los casos de corrupción por un lado y un creciente envalentonamiento de la derecha antisemita (asunto Deyfus) llevó al gobierno de “concentración republicana” a la dimisión. Fue en la conformación de un nuevo Gobierno, el de Wladeck-Rousseau, que el Partido Socialista Francés, encabezado por Jean Jaurès, decidió “participar” proveyendo un Ministro de Comercio socialista, Millerand. Junto al “flamante” Ministro socialista se incorporó al nuevo gobierno el Marqués de Gallifet, conocido por su bravura en la represión de la Comuna de París y por sus gestos “de profunda civilización occidental” en la ocupación francesa a Argelia y México, entre muchos otros datos de su curriculum reaccionario. Era un gobierno de “equilibro” que intentó hacer frente a una crisis de legitimidad de la República. Luego esta experiencia se repitió en las crisis gubernamentales de la primera guerra mundial, y fue zanjando la brecha que separó a socialistas “oficiales” y comunistas a partir de 1917.

Su parecido puede ser distante pero podemos rastrear los ecos de la analogía. Jaurès afirmó que las reformas económicas introducidas por el nuevo Ministro de Comercio eran “los gérmenes del socialismo que plantados en el suelo del capitalismo, traerían maravillosos frutos” (cosas por el estilo está publicando extasiada P12 por estos días), a lo que Rosa Luxemburg contestó:

“La protección simultanea de los intereses de los trabajadores y de los empresarios a través de concesiones ilusorias para los primeros y materiales para los segundos, encuentra su expresión más tangible en la elaboración de medidas simultaneas destinadas al bienestar de los trabajadores en los papeles, y a la defensa del capital detrás del acero real de las bayonetas”

Detrás de las “ilusiones” y “beneficios” que traería para los trabajadores “en los papeles” se esconde la defensa del capital, y la forma estatal que esta reviste, el monopolio de la represión “legítima”. Lo que Kicillof viene a defender no son las mediadas “progres” y “nacionales” con las que se ilusiona la centro-izquierda K, sino el fortalecimiento del gobierno burgués y el sostenimiento de los negocios capitalistas.

Sísifo, el parlamentarismo y la cuestión del “poder político”

Pero releyendo este debate, y a Rosa Luxemburg, se filtra en realidad otra discusión que sí tiene un carácter estratégico para los revolucionarios que hemos obtenidos puestos en los parlamentos nacionales, provinciales y locales. En un significativo texto llamado “Cuestiones de táctica” Rosa Luxemburg vuelve sobre los problemas planteados por la experiencia francesa, y avanza en distinguir el papel que un socialista puede ejercer desde un puesto parlamentario de la participación en un cargo de “poder gubernamental”. Este debate es importante porque nuestros aliados en el FIT, el PO, viene haciendo publicismo, y más desde el triunfo de Salta, en la posibilidad de que la izquierda sea una “alternativa de poder en 2015”. Acá deliberadamente se puede confundir el crecimiento parlamentario y electoral de la izquierda con la posibilidad de ser una “alternativa de poder” abriendo sutiles desplazamientos que no podemos dejar de marcar… quizás porque se olvida decir que la izquierda “no puede transformarse en partido gobernante más que sobre las ruinas del Estado burgués”… y ese “arruinarse” del Estado capitalista solo puede ser producto de la acción violenta de la clase obrera y sus aliados populares. Mientras tanto la izquierda revolucionaria “le corresponde por su misma esencia el papel de un partido de oposición”.

Por esto, y varias cosas más, es muy interesante volver sobre el debate de Rosa Luxemburg contra el reformismo. En primer lugar Rosa responde a aquellos que objetan: “¡Acaso los socialistas solo podremos oponernos siempre! ¡Nuestra labor nunca será positiva!”. Pero Rosa responde que no es así, los socialistas deben llevar adelante un trabajo práctico a favor de la obtención de reformas. Su atención no está puesta en el pliego de demandas de los socialdemócratas, que indica algunas pueden ser tomadas en “abstracto” –que es lo mismo que prometidas pero nunca llevada adelante- por sectores republicanos o demócratas burgueses, sino en el cómo se conquistas esas demandas (de hecho muchas de las demandas del FIT son elementales como el salario igual a la canasta familiar o la liquidación del trabajo en negro). En segundo lugar Rosa Luxemburg plantea que es eso, el cómo, lo que diferencia radicalmente las posibilidades que otorga para los socialistas una posición parlamentaria de una posición gubernamental en el estado democrático burgués. La cita es larga, pero la reproducimos porque deja una reflexión significativa:

“Cierto, el programa de la socialdemocracia contiene reivindicaciones que podrían –abstractamente hablando- ser aceptadas por un gobierno o por un parlamento burgués. Se podría imaginar así a primera vista que un socialista puede, en un gobierno tanto como en un parlamento, servir a la causa del proletariado esforzándose en arrancar en su favor todo esto que es posible obtener en el terreno de las reformas sociales. Pero, acá entonces, aparece un hecho que la política oportunista olvida siempre, el hecho que, en la lucha que lleva adelante la socialdemocracia, no es el qué, sino el cómo lo que importa. Mientras que los representantes socialdemócratas buscaran realizar en el cuerpo legislativo reformas sociales, ellos tienen la plena posibilidad de su oposición simultanea a la legislación y al gobierno burgués en su conjunto – esto que adopta su expresión manifiesta en el rechazo al presupuesto, por ejemplo- dando igualmente a su lucha por reformas burguesas un carácter socialista y principalmente, el carácter de una lucha proletaria. Por el contrario, un socialdemócrata que buscase introducir las mismas reformas sociales en tanto que miembro del gobierno, es decir sosteniendo al mismo tiempo al estado burgués, reduce de hecho el socialismo a un democratísimo burgués o a una política obrero burguesa. Así, mientras que el progreso de los socialdemócratas en la representaciones populares conduce a un reforzamiento de la lucha de clases, su penetración en los gobiernos no puede aportar mas que corrupción y confusión en las filas de la socialdemocracia. Los representantes de la clase obrera no pueden, sin renegar de su razón de ser, entrar en un gobierno burgués mas que en un solo caso: para destruirlo y transformarlo en un gobierno de la clase obrera como dirigente del poder”.

La ecuación parlamentaria para los socialistas revolucionarios es compleja: ni abstencionismo ni ilusiones parlamentaristas (la posibilidad de acceder al “poder político” por una simple mayoría parlamentaria o por un crecimiento electoral). Si Rosa Luxemburg utilizó la metáfora del trabajo sindical socialdemócrata como un trabajo de Sísifo – aquel Rey griego que fue castigado a cargar una roca en una montaña para nunca llegar a la cima, y que la roca cayera una y otra vez, y debiendo Sísifo recomenzar la cuesta arriba-, al trabajo parlamentario le cabe la misma representación. Por sí solos, el trabajo parlamentario y sindical, nunca pueden alcanzar la cima. Como decía Lenin, solo la participación de los socialdemócratas en todas las formas de lucha (legal, ilegal, abierta y larvada, sindical y política, pacifica y violenta) para orientarla hacia la destrucción del orden burgués puede alcanzar esa cima que es la estrategia del socialismo: la destrucción del Estado burgués y el gobierno de los trabajadores.

(Este debate es relatado en el capítulo IV, “Hacia el poder político”, del nuevo libro publicado por el IPS, Paul Frölich. Rosa Luxemburg. Vida y Obra -otro fragmento, referido a la Revolución Alemana de 1918, acá-.)