Archivos de la categoría ‘León Trotsky’

(* Posteo una columna de opinión que escribí para La Izquierda Diario. Tema musical alusivo -y fragmento de esta misma nota- acá.)

 

rubon3271La fotografía de la periodista Nilüfer Demir –el retrato de un grito– recorrió el mundo entero. Ese grito provenía de un cuerpo muerto, el de un niño. Aylan Kurdi, de tres años, falleció en las costas de Turquía, junto a su madre, de treinta y cinco años, y su hermano, de cinco. Ellos, en un precario bote repleto de gente –eran doce personas–, sin salvavidas ni implementos de seguridad, intentaban llegar, precariamente, desesperados, desde Siria a las costas griegas… (El “capitán” de la nave, según relató Abdullah Kurdi, el padre de Aylan, se arrojó al mar bravío, cuando el bote se desestabilizó –en un intento de nadar y tratar de salvarse–, y lo dejó “al mando”.)

“Cuando vi al niño de tres años, realmente se me heló la sangre. En ese momento ya no se podía hacer nada. Estaba tirado, con sus pantalones cortos azules y su camiseta roja subida casi hasta la mitad del vientre. No podía hacer nada por él. Lo único que podía hacer era tratar de que su grito, el grito de su cuerpo tirado en el suelo, fuera escuchado”, dijo Demir.

Un dolor indescriptible, tristeza, bronca, indignación, profunda pena, son las primeras reacciones (sensaciones) que surgen de ver –o entrever; así sea por sólo un segundo– ese pequeño cuerpo, solo, abandonado, arrojado por las olas, ahogado, a la vera de la playa.

La hermana de Abdullah Kurdi, residente en Canadá, contó que anteriormente había sido rechazada la solicitud de asilo que hizo para la familia: “fue devuelta porque estaba incompleta y no respetaba las exigencias reglamentarias”; carecían de un “número de identificación de la Organización de las Naciones Unidas expedido por Turquía”, dijo. Ahora, tras conocerse los acontecimientos, el gobierno Canadá le ofreció a este hombre (que perdió todo), la posibilidad de ir a residir allí… Kobani –la ciudad siria desde la que escapó esta familia–, envuelta en conflictos sociales y tribales, injerencia imperialista y guerra civil, verá regresar al padre –tal dijo que es su dolida voluntad–, ahora solo.

“No voy a culpar a Canadá de lo que pasó. Culpo al mundo entero”, dijo la hermana. Y tiene razón. Y agrego: este mundo culpable es el que ha ido generando el capitalismo, con sus fronteras nacionales y aduanas, su militarismo y guerras; el interés geopolítico, económico (¡el petróleo de Medio Oriente!), del imperialismo. La muerte de este niño –y la muerte de miles y miles de inmigrantes que huyen de la crisis económica y la desocupación, del hambre y las guerras– es un grito contra el sistema: el emergente que miramos (y que nos mira) de un sistema completamente irracional, burocrático, perverso, destructivo; donde las maravillas de la producción en masa de alimentos y vestimenta, vivienda, ciencia, cultura y tecnología son negados permanentemente a la gran mayoría de la humanidad. Como conclusión: humanidad (nosotros) y capitalismo son (somos) incompatibles. Este sistema se basa en la más amplia “socialización” (amplitud) del trabajo bajo el mando de los propietarios de los medios de producción, cambio y comunicación (Bancos, monopolios industriales, militares y empresas mediáticas, privados y estatales). La explotación de los recursos naturales y humanos, puestos al servicio de la ganancia y el lucro privados (los parásitos que viven del trabajo ajeno, de la desocupación y el sufrimiento). Es la barbarie que genera el sistema –por más que el gatopardista Papa lo admita y lo lamente en sus piadosos discursos– urbi et orbi. Imperialismos como Francia y Alemania están dispuestos a dar asilo a los desesperados… “en cuotas” o “cupos” (por no hablar de la “preocupación zoológica” del primer ministro británico Dave Cameron por la invasión de “enjambres” de inmigrantes, o el planteo del jefe de gobierno español Rajoy sobre la “inmigración irregular por razones económicas”). Mientras, quienes tratan de cruzar las fronteras gritan también “No camp! No camp!” en Hungría (leyes “de emergencia”, trenes repletos de inmigrantes, “campamentos” –Campos– y largas alambradas de púas recorren la frontera del país –gobernado por el ultraconservador primer ministro Viktor Orban– con Serbia).

En uno de sus últimos escritos (“El marxismo y nuestra época”, publicado en 1939 cuando comenzaba aquella otra gran barbarie capitalista, la Segunda Guerra Mundial) León Trotsky planteaba la imperiosa, urgente necesidad de reorganizar la economía bajo un plan socialista –que por supuesto no es el plan burocrático del estalinismo que terminó gobernando (y hundiendo) a la URSS–, dando trabajo a todas las manos disponibles. Decía: “se podría asegurar a todo el pueblo un nivel de vida alto y cómodo, basado en una jornada de trabajo extremadamente corta.
”En consecuencia, para salvar a la sociedad no es necesario detener el desarrollo de la técnica, cerrar las fábricas, conceder premios a los agricultores para que saboteen a la agricultura, transformar a un tercio de los trabajadores en mendigos, ni llamar a los maníacos para que hagan de dictadores. Ninguna de estas medidas, que constituyen una burla horrible para los intereses de la sociedad, es necesaria. Lo que es indispensable y urgente es separar los medios de producción de sus actuales propietarios parásitos y organizar la sociedad de acuerdo con un plan racional”.

La constante miseria, degradación y muerte que genera el sistema hace que el socialismo, como salida a la crisis, como horizonte, se (re)plantee nuevamente… ¿Cómo hacerlo? Por medio de la lucha de clases. Por medio de la organización solidaria, internacionalista, de todos los trabajadores y sectores explotados y oprimidos de la sociedad (en comisiones, sindicatos, comités, ligas, coordinadoras). Generando lazos para combatir al enemigo común, en busca de estos objetivos: conquistar una fuerza social y política (un partido) que luche por poner en pie un gobierno de las clases trabajadoras, que reorganice democráticamente la economía en beneficio de las mayorías.

Trotsky decía que, una vez garantizada la posibilidad de trabajo para todos/as (lo que debe contemplar una planificación de los recursos naturales no renovables y todos los temas relacionados con la contaminación del medio ambiente), satisfechas las necesidades, palabras como “pobreza”, “crisis” y “explotación” “saldrán de circulación”. Y es de esperar que imágenes –fotos, gritos– como las del niño Aylan Kurdi también. Que sean un viejo (y mal) recuerdo de la “prehistoria” humana de quienes (mal)vivimos en el capitalismo.

* Tomado de La Izquierda Diario México (más info  sobre la presentación acá)

El nieto de León Trotsky, participa en la presentación del libro “La Revolución Traicionada”, durante el acto realizado por el Movimiento de los Trabajadores Socialistas, en el 75 Aniversario Luctuoso del revolucionario ruso.

Leemos a Esteban Volkov* hoy en el diario mexicano La Jornada:

Han transcurrido 75 años de cuando llegó aquí, el 20 de agosto de 1940, la mano asesina de Djugachvily, más conocido como José Stalin, para destruir uno de los mejores cerebros del marxismo revolucionario con el propósito de acallar su voz.

Pero su intento fue en vano. El vasto arsenal ideológico legado por el revolucionario León Trotsky, fruto de 43 años de ser protagonista de primer orden en la vorágine revolucionaria del siglo XX y, simultáneamente, de ser testigo y observador privilegiado, está más actual y vivo que nunca. Y me atrevería a decir que, a través de su legado político, Trotsky tiene plena presencia entre nosotros.

Todos conocemos la frase famosa de Rosa Luxemburgo: Socialismo o barbarie. Pero hoy tenemos que invertir los términos: Barbarie o socialismo, ya que el caótico y obsoleto régimen capitalista nos ha sumido ya en la total barbarie y la alternativa socialista no es ya para evitar la barbarie, sino para salir de ella.

Actualmente tenemos con frecuencia jornadas laborales de 10 a 12 horas, y a veces con semanas corridas sin descanso; reducción o anulación de prestaciones laborales; congelación salarial frente a inflación; el famoso outsourcing, trabajo precario eventual sin ninguna prestación y con salarios de hambre; trabajo agrícola de niños envenenándose con insecticidas.

Hoy se prefiere emplear el maíz para alimentar motores en lugar de estómagos de seres humanos; existe abundante desempleo entre jóvenes y adultos, que los hace candidatos a la drogadicción y a la delincuencia; comercio sin límites de armas, drogas y seres humanos; sangrientas guerras imperialistas de pillaje; destrucción de selvas y bosques, pulmones del planeta, por el comercio maderero y la agroindustria.

Hoy hay una quema desmedida de combustibles fósiles, causante de cambios climáticos y deshielos polares; desaparición de glaciares, sequías, desertificaciones y mucho mayores perturbaciones atmosféricas por la elevación térmica del planeta.

Existe un consumismo absurdo, sin medida, con una obsolescencia planificada de los productos que resulta en un desperdicio del valioso trabajo humano y de muchos recursos naturales, materias primas no renovables, desmedida generación de basura y la contaminación de mares y de las aguas de consumo humano.

La lista de los desmanes del voraz y obsoleto sistema capitalista es inacabable, al grado de poner en peligro nuestro planeta, maravilloso oasis que nos ha tocado en suerte habitar en la inmensidad del universo.

Hasta esta fecha, el proyecto socialista del marxismo parece ser la única alternativa conocida y viable para salir del anacrónico y caótico sistema capitalista. Es el método científico que mejor ha analizado y comprendido la dinámica de este inhumano sistema, donde la ley de la selva aún rige a plenitud. Sigue teniendo vigencia hasta el día de hoy el Manifiesto Comunista, redactado por Marx y Engels hace más de 150 años.

Tras la primera revolución socialista triunfante en octubre de 1917, en Rusia, a los cinco o seis años surgió un nuevo fenómeno social: una voraz y parasitaria burocracia encabezada por José Stalin, que traicionó todos los postulados de esa revolución, usurpó el poder de la clase obrera e impuso un régimen ilegítimo de totalitarismo burocrático, basado en la falsificación de la historia y el terror. En sus inicios Lenin y Trotsky detectaron y se enfrentaron a este proceso contrarrevolucionario, a este demoledor cambio de rumbo.

Tras su previo actuar en la preparación y triunfo de la revolución junto a Lenin, a la muerte de éste Trotsky se asignó la inmensa tarea de proseguir la lucha para salvar esa revolución. Fue la etapa de su vida que consideró la más importante.

Nadie mejor que Trotsky entendió y analizó este nuevo proceso histórico: la degeneración burocrática de la revolución socialista victoriosa que había tenido lugar en Rusia en octubre de 1917. En La revolución traicionada, su brillante análisis de la contrarrevolución stalinista escrito en 1936, nos describe punto por punto los desvíos y traiciones de ese régimen usurpador y, con más de medio siglo de antelación, predice con precisión matemática su retorno al capitalismo, de no ser reconquistado el poder por la clase obrera mediante una revolución política.

Gracias a León Trotsky quedó perfectamente desenmascarado el papel del estalinismo, que trajo desprestigio y confusión en la izquierda y proporcionó un gran arsenal a la propaganda antimarxista del sistema capitalista, alejando el advenimiento del socialismo y dando oxígeno y sobrevida al capitalismo.

Debe quedar perfectamente claro que el proyecto socialista para nada es el régimen carcelario burocrático de corte estalinista. El proyecto socialista tiene que ser libertario, con total democracia, pluralidad de partidos y autogestión de empresas sin ninguna hegemonía de la burocracia.

Mis recuerdos de León Trotsky en los años de convivencia en Turquía, de 1931 a 1933, son muy lejanos. En cambio, los de México durante su último año de existencia, cuando viví con él entre agosto de 1939 y agosto de 1940, son muy nítidos y claros. Es difícil describir con palabras para dar la imagen del ser vivo de un revolucionario con la dimensión y la brillantez de León Trotsky. Fue un ser de una inteligencia excepcional y una entrega total a la lucha por el socialismo.

Era generoso, solidario, paciente para explicar y educar políticamente a los camaradas, con un gran sentido del humor que creaba un ámbito jovial y cálido en su entorno. Trabajador inagotable, no desperdiciaba un minuto de su existencia. Irradiaba vitalidad y optimismo.

Tenía gran admiración por el trabajo humano, donde no admitía privilegios ni distingos. La palabra temor no existía en su vocabulario. Lo que más me impresionó de su persona era su certeza absoluta, su seguridad inamovible en cuanto al advenimiento del socialismo en el futuro de la humanidad, adquirida a través de su experiencia personal al haber participado como personaje clave y observador privilegiado en uno de los acontecimientos más notables y asombrosos de la historia, como fue la revolución socialista rusa en cuyo inicio sí se logró implantar las bases de un auténtico socialismo.

El vasto arsenal de teoría marxista legada por León Trotsky es valioso faro para las nuevas generaciones de revolucionarios. Trotsky no era hombre de morir de vejez en la cama. Cayó en las trincheras de la revolución socialista. Sus últimas palabras a su camarada Joe Hansen fueron: Estoy seguro del triunfo de la cuarta Internacional. Su vaticinio aún no se cumple: queda como tarea para los revolucionarios que siguen sus ideas y lucha.

Aún resuenan en mis oídos las hermosas palabras de León Trotsky:La vida es hermosa. Que las futuras generaciones la liberen de toda maldad, opresión y violencia, y la disfruten en toda su plenitud.

Palabras ante la tumba de León Trotsky y Natalia Sedova, en el Museo-Casa de León Trotsky, Coyoacán, DF, 21 de agosto de 2015.

 

* Director del Museo-Casa de León Trotsky y nieto del líder revolucionario.

obras escogidas

La Segunda Guerra Mundial y la Revolución

Próxima publicación.

León Trotsky
Ediciones IPS-CEIP León Trotsky- Museo Casa León Trotsky 
544 páginas
Obras escogidas, volumen 8
Agosto 2015

Al cumplirse 70 años de finalizada la Segunda Guerra Mundial ponemos a disposición de los lectores el octavo volumen de las Obras Escogidas de León Trotsky.
Esta compilación contiene artículos del autor desde 1933 hasta meses antes de su muerte en 1940. También incorporamos artículos, declaraciones y debates de los trotskistas durante la guerra.
Trotsky sintetiza la experiencia de las cuatro primeras décadas de un siglo profundamente convulsivo, destacándose por sus análisis, pronósticos y, fundamentalmente, por su estrategia y política. Apostó de esta manera al triunfo del inevitable ascenso de las masas generado por las miserias y penurias de la guerra, cuna de revoluciones en distintas partes del mundo.
El ascenso de Hitler y el nazismo, pasando por el desbarranque de la III Internacional y la creación de la IV, hasta llegar al magistral “Manifiesto de la IV Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria mundial” poco antes de su muerte, hacen que este volumen adquiera un especial atractivo para quienes pretenden tener otra visión de esta terrible confrontación mundial y su verdadero significado.

VanHeijenoorLemonde

* Más info sobre el libro acá, acá y acá.

* En la sección Multimedia de La Izquierda Diario

Christian CASTILLO / Dirigente del PTS y Diputado provincia de Buenos Aires (PTS-FIT)

 

Eduardo GRÜNER / Sociólogo y ensayista

 

Fernando AIZICZON / Investigador del CONICET y docente de la UNC (Córdoba)

 

Presentación del libro “La revolución traicionada” de Leon Trotsky

Imagen 1Reditan el volumen testimonial de los siete años de exilio del político ruso

Van Heijenoort retrata a un Trotsky tan militante y revolucionario como humano

 

Fabiola Palapa Quijas

Periódico La Jornada

Lunes 25 de agosto de 2014, p. a11

Con Trotsky de Prinkipo a Coyoacán: testimonios de siete años de exilio es una narración vívida, basada en los recuerdos del francés Jean van Heijenoort (1912-1986), acerca del periplo del revolucionario ruso, y de él mismo acompañándolo como su secretario, traductor y guardaespaldas.

Van Heijenoort relata el día a día de León Trotsky y sus seguidores, en las difíciles condiciones de la convulsionada década de 1930, con una Europa en crisis económica, con el fascismo, la Guerra Civil española y la contrarrevolución burocrática del estalinismo en la URSS.

Con los comentarios de José Antonio González de León, director de la casa-museo que lleva el nombre del pensador ruso; de Pablo Langer Oprinari, del Centro de Estudios, Investigaciones y Publicaciones León Trotsky (CEIP), y de Jimena Vergara, académica de la Universidad Nacional Autónoma de México, se presentó el sábado pasado una nueva edición del libro traducido al castellano por la escritora argentina Tununa Mercado, en 1979.

Coeditado por el CEIP de Argentina y el museo que lleva el nombre del revolucionario ruso, el libro retrata a un Trotsky tan militante y revolucionario como profundamente humano, aún en las duras condiciones de exilio y la persecución política que padeció.

“El libro tiene la virtud de que presenta mediante un relato agradable y accesible los años de Trotsky y su esposa Natalia Sedova en el exilio, que los llevó de Prinkipo a Coyoacán, pasando por Francia y Noruega, en una corta y poco hospitalaria estadía.

“En particular, se puede ver la actividad de Trotsky, que analiza, por una parte, con pensamiento estratégico, los principales acontecimientos mundiales de ese momento, desde el ascenso del fascismo en Alemania hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial, y desarrolla junto con sus colaboradores políticos el programa revolucionario para intervenir en ese momento, el cual se conoció luego como Programa de transición para reconstruir una nueva organización revolucionaria, la Cuarta Internacional”, explicó Oprinari.

Jimena Vergara y Oprinari coincidieron en señalar que se puede ver en el libro cómo surgió una joven generación militante que dejó todo para formar una nueva organización revolucionaria, cuya tarea fue luchar por la emancipación de la humanidad, y Van Heijenoort fue de los mayores exponentes de esa generación.

El libro, cuya edición estuvo a cargo de Demián Paredes, además de estar completamente documentada por Van Heijenoort, contiene información sobre los hábitos de Trotsky, sus lecturas y estudios, sus opiniones e incluso pasiones, como la caza y la pesca, además de algunas vicisitudes sentimentales.

El autor también comparte facetas poco conocidas del entorno de Trotsky, así como de importantes personalidades que lo visitaron y entablaron relaciones con él, entre ellos el escritor André Malraux, los pintores Diego Rivera y Frida Kahlo, y el poeta André Breton.

El público que llenó el auditorio de la casa que habitó Trotsky en el tradicional barrio de Coyoacán, también escuchó el texto de Esteban Volkov, nieto del revolucionario, quien no pudo asistir al acto.

El CEIP anunció que lanzará a la venta el volumen seis de las Obras escogidas del revolucionario ruso: La revolución traicionada, importante trabajo de 1936, donde analiza la degeneración burocrática del primer Estado obrero de la historia.

Así como los escritos de España y otros clásicos, como la gran Historia de la revolución Rusa y Literatura y revolución. También planea publicar Vida y muerte de León Trotsky, de Víctor Serge y Natalia Sedova.

Novedades editoriales (III)

Publicado: agosto 22, 2014 de Demian Paredes en 2014, Historia, Invitaciones, León Trotsky, Lenin, Marxismo, Rosa Luxemburg

marxistas_chicaparaweb

Marxistas en la Primera Guerra Mundial

V. I. Lenin / Léon Trotsky / Rosa Luxemburg / Karl Liebknecht / Franz Mehring

Edición especial a 100 años de la guerra imperialista

12,5 x 19

320 pp.

ISBN 9789872997564

A 100 años del comienzo de la Primera Guerra Mundial, abundan las publicaciones sobre el tema. Este volumen, sin embargo, abarca una faceta que la gran mayoría esconde. Es un documento de las luchas políticas de los principales exponentes de la izquierda marxista internacional de ese entonces: Vladimir Lenin, León Trotsky, Rosa Luxemburg, Karl Liebknecht y Franz Mehring. La mayoría de los textos que aquí presentamos aparecen en castellano por primera vez; el resto han sido poco difundidos con anterioridad.
En las peores condiciones, sus autores intervinieron activamente en los debates que abrió la guerra en las organizaciones obreras, planteando una política que permitiera ponerle fin rápidamente y utilizar la crisis económica y política creada por ella para despertar a las masas. El objetivo era acelerar la caída de la dominación de la clase capitalista para así poner en práctica el poder de los trabajadores, que, como dijo Rosa Luxemburg, “si se lo mide por su verdadera estatura, está llamado por la historia a derribar el roble milenario de la injusticia social y a mover montañas”.

* Más sobre esta publicación, acá.

Novedades editoriales (I)

Publicado: agosto 5, 2014 de Demian Paredes en 2014, Historia, Invitaciones, León Trotsky, Marxismo, Trotskismo

tapafinal_baja1Nueva publicación del CEIP “León Trotsky y Ediciones IPS:

 

Colección Biografías y memorias

 

23 x 15, 5 cm

 

160 pp.

 

ISBN 9789872997557

 

“Viví junto a León Trotsky, salvo algunas interrupciones, de octubre de 1932 a noviembre de 1939. Era miembro de su organización política y me convertí en su secretario, traductor y guardaespaldas. El pequeño libro que presento no es la historia política de esos años. Tampoco es un retrato de cuerpo entero del hombre. Son recuerdos, mis recuerdos. Intento recrear la atmósfera en la que vivía y trabajaba Trotsky durante esos años de exilio. […] mi relato, muy a menudo, estará hecho de detalles puesto que soy el único que los conoce y no quiero que desaparezcan conmigo”.
Así comienzan los recuerdos de un joven de veinte años Jean van Heijenoort, lanzado en ese entonces de lleno a los fragores de la lucha política del trotskismo contra el estalinismo. Todo el periplo del exilio de Trotsky, país tras país, es ampliamente considerado en la reconstrucción que hace Van Heijenoort, aportando valiosa información de quien fuera testigo –y colaborador– directo de las actividades Trotsky, y de las relaciones y encuentros que mantuvo el revolucionario ruso con importantes figuras: los escritores Georges Simenon y André Malraux, por ejemplo; André Breton y el pintor y muralista Diego Rivera–con quienes escribió el conocido Manifiesto por un arte revolucionario independiente–, Clemente Orozco, Waldo Frank, Pierre Naville, John Dewey, Simone Weil, André Gide y Frida Kahlo.
El presente volumen se completa con una presentación de la escritora Tununa Mercado, escrito especialmente para esta edición, y un emocionante homenaje que le rinde a Van Heijenoort el historiador Pierre Broué (1926-2005), el mismo año de su muerte, 1986, en Francia.

 

Lea un capítulo del Libro

 

Respuesta a un artículo de Atilio Borón

vladimir-ilich-ulyanov-lenin-russian-political-thinker-in-1897

Al cumplirse un nuevo aniversario del fallecimiento de Lenin, Atilio Borón escribió una breve reflexión. Allí dice que Lenin, durante el gran año revolucionario 1917, al lanzar la consigna “Todo el poder a los soviets” habría puesto “provisoriamente en suspenso –en ese contexto de disolución y quiebra del zarismo y auge revolucionario- el papel rector que durante tanto tiempo le había asignado en sus escritos y en su práctica política al partido.” Y más: dice Borón que, “Para Lenin, el tránsito de Febrero hacia la revolución social requería el protagonismo de los Soviets más que el del partido.”

Asombran estas afirmaciones, aunque se puede comprender la intención política. Al exaltar además de manera populista a las masas rusas movilizadas, despreciando incluso “la luz” que brinda el marxismo (“las tesis marxistas sobre la composición orgánica del capital o la tendencia decreciente de la tasa de ganancia”), Borón intenta con todo esto presentarnos un Lenin “caudillo” (en el peor sentido del término), tratando de emparentarlo con Fidel Castro: ¡alguien que no tiene nada de “leninista” ni “sovietista”! (¿o acaso Castro impulsó alguna vez en la isla organismos democráticos de auto-actividad de las masas?). Borón inventa así un Lenin que, sin ninguna mediación política (sin organización, sin partido), habría logrado movilizar a las masas rusas por medio de “una consigna simple, comprensible y de una extraordinaria efectividad política: “Pan, tierra y paz.””

Con este cuentito izquierdista “happy end” que nos hace Borón se desmerece entonces la gran labor estratégica de Lenin, que fue, justamente, la de haber forjado durante años una organización política, unificada por medio de una teoría, un programa y tácticas flexibles (que buscaban adaptarse a las diferentes situaciones políticas, de avances y retrocesos), para dirigir a las masas hacia la conquista del poder, en lucha contra las tendencias políticas enemigas y vacilantes. Ni más ni menos.

Ya en 1905, durante la primera Revolución Rusa, Lenin había planteado como conclusión fundamental: “¿Soviet de diputados obreros o partido? Yo pienso que no es así como debe plantearse, que la respuesta debe ser forzosamente: soviet de diputados obreros y partido” (“Nuestras tareas y el soviet de diputados obreros”, en León Trotsky y otros autores, 1905, CEIP “León Trotsky”, 2006, p. 442).

Si Borón hubiera prestado más atención en su “homenaje” a Lenin a su real labor de dirigente revolucionario (¡así fuera solo en 1917!), habría podido ver que la consigna “Todo el poder a los soviets” fue parte de un accionar político… de partido, y que la consigna se mantendría (en la propaganda, en la agitación y en la movilización… del partido bolchevique) tanto como fuera efectiva, “operativa”, desde la estrategia: mientras movilizara a las masas hacia la toma del poder. Por ello a mediados de julio de 1917, en su texto “Sobre las consignas”, dice respecto a “Todo el poder a los soviets”: “Esa consigna fue correcta durante un período de nuestra revolución –digamos, desde el 27 de febrero hasta el 4 de julio–, que ahora ha pasado irrevocablemente”. Y sigue: “El viraje del 4 de julio consiste precisamente en un cambio brusco en la situación objetiva. La posición inestable del poder ha cesado; el punto decisivo del poder ha pasado a manos de la contrarrevolución. El desarrollo de los partidos sobre la base de la colaboración de los partidos pequeñoburgueses socialista revolucionario y menchevique con los kadetes contrarrevolucionarios ha creado una situación en la cual ambos partidos pequeñoburgueses se han convertido virtualmente en participantes cómplices de la salvaje represión contrarrevolucionaria”. Y agrega: “La consigna del paso del poder a los soviets podría parecer hoy una burla. Esta consigna, objetivamente, sería un engaño a pueblo, sería infundirle la ilusión de que aún hoy bastaría que los soviets quisieran tomar el poder o plantearan esa decisión para que el poder fuese suyo”.

¿Qué ocurría? Que los soviets, como organismos de las masas insurrectas, movilizadas y en lucha, eran conciliadores con el gobierno provisional. Y esto era así porque los partidos que actuaban en los soviets tenían un programa de “reformas” del régimen político: apoyo “crítico”, exigencias… y luego integración al mismo como ministros; un “etapismo” que los llevaba a aspirar, como máximo, a una república democrático-burguesa para Rusia (es decir, una Rusia capitalista). Era esta una situación inestable, de “equilibrio” del “doble poder” (donde había dos poderes: el del gobierno provisional –que preparaba y lanzaba en esos meses de julio y agosto sus zarpazos reaccionarios–, y el de los soviets, que al decir de Trotsky era en realidad “un semi-poder”). Por ello Lenin propugnaba el reimpulso revolucionario de las masas (luchando el Partido Bolchevique dentro de los soviets por su política). Ellas, las masas, decía en el texto ya citado, “no sólo deben ser dirigidas por el proletariado, sino que también deben volver la espalda a los partidos eserista [socialista-revolucionario] y menchevique, que han traicionado la causa de la revolución.” (las citas de “Sobre las consignas” están tomadas de las Obras selectas de Lenin, Ediciones IPS, 2013, pp. 114, 115 y 116)

¿Acaso esto no es claramente una lucha… de partidos? Lenin plantea en ese texto –¿y a quién sino a su Partido Bolchevique y a las tendencias revolucionarias (como la de Trotsky) que le fueran más afines al calor del proceso revolucionario?)– que “Hay que reorganizar toda la labor de agitación entre el pueblo a fin de hacer ver a los campesinos que es totalmente inútil confiar en obtener la tierra mientras no se derroque el poder de la camarilla militar, mientras no se desenmascare a los partidos eserista y menchevique y se los prive de la confianza del pueblo” (ídem., p. 118). ¿Quién debía entonces “agitar entre el pueblo” para movilizar por “pan, paz y tierra”, para desenmascarar a los SR y mencheviques sino su partido, su organización de dirigentes, cuadros, militantes y simpatizantes? (Y a esto agreguemos que el verdadero “tour de force” que hubo en el bolchevismo no es el de un Lenin que “deja atrás” al partido –como propone Borón–, sino un Lenin que combate dentro de su propio partido por una política correcta, principista, que palpa el estado de ánimo de las masas en el proceso revolucionario y despliega una política de partido independiente de todas las fracciones burguesas y pequeñoburguesas –ese es el combate de las “Tesis de abril” –. Por poner solo un ejemplo: Lenin luchó contra Stalin y Kamenev, quienes desde Pravda adherían en marzo de 1917 al patriotismo ruso y a la política “defensista” del gobierno provisional, siendo cómplices de las matanzas que sufrían los campesinos y obreros rusos en los frentes de la Guerra Mundial.)

Lenin insiste una y otra vez contra hacer un fetichismo de la consigna “Todo del poder a los soviets”: “Los actuales soviets han fracasado, han sufrido una derrota completa por predominar en ellos los partidos eserista y menchevique. En este momento esos soviets son como ovejas conducidas al matadero”; ídem., p. 119), hasta que cambia la situación. Como recuerda Trotsky en su gran Historia de la Revolución Rusa, tras los reaccionarios meses de julio y agosto (el primero, el mes de “la gran calumnia” contra los bolcheviques –donde encierran a cientos en las cárceles–, y luego viene la “kornilovada” –el intento de golpe militar–) los soviets recuperaron vitalidad, pasaron nuevamente a la ofensiva (sumándose al proceso revolucionario masas y masas, con soviets campesinos del interior, que venían rezagados; sumándose también unidades militares rebeldes que venían de los fracasos del frente de guerra y exigían respuestas al gobierno provisional y a los “partidos soviéticos”) y, con ello, la posibilidad de que nuevamente sean un instrumento para la conquista del poder… en lucha política contra los partidos conciliadores.

Trotsky recuerda en la Historia… el “magnífico artículo” de Lenin “Acerca de los compromisos”, donde, dice, “El papel de los soviets, constata [Lenin], ha vuelto a cambiar: a principios de julio eran órganos de lucha contra el proletariado; a fines de agosto se han convertido en órganos de lucha contra la burguesía”. Y explica que el retorno a la consigna de “Todo el poder…”, con la exigencia de que los SR y mencheviques tomen el poder con los soviets –el “compromiso” que los bolcheviques estaban dispuestos a aceptar, para que la revolución aprovechara la única posibilidad que se daba en ese momento preciso de avanzar por la vía pacífica hacia la toma del poder– se debía a que Lenin hacía esto “convencido de que su partido estaba llamado a ponerse al frente del pueblo”.

No vamos a seguir historizando la Revolución Rusa, ya que no es el objetivo del artículo; pero sí vamos a recordar que finalmente la Revolución triunfa en octubre… gracias al accionar de una organización: el Partido Bolchevique (donde Trotsky juega un papel clave en la preparación y ejecución de la insurrección en Petrogrado… y donde hay nuevamente crisis en la dirección del partido, ya que Kamenev y Zinoviev se niegan, en el momento de la toma del poder, a desarrollar esa política). Los bolcheviques toman el poder –no sin crisis internas, debates y discusiones– con los soviets –donde conquistaron la mayoría de la dirección en ellos, entre febrero y octubre–, mientras defeccionan los mencheviques conciliadores y los SR. Sólo los “SR de izquierda” se sumarán al gobierno soviético, aunque por poco tiempo.

Años después, Trotsky, fiel a la estrategia revolucionaria (al auténtico leninismo), y discutiendo contra el ultraizquierdismo del estalinismo en Alemania (que impidió el frente único entre obreros comunistas y socialistas, debilitando a la clase obrera ante el ascenso de Hitler al poder), proponía ver el frente único de lucha y sus formas “superiores”, los soviets, como fundamentales… sin hacer ningún fetichismo –al igual que Lenin, quien veía los comités de fábrica como otro organismo de masas que podía jugar un papel revolucionario de ellos– y señalando la necesidad estratégica del accionar de partido allí: “pensar que los soviets pueden ‘por sí mismos’ dirigir la lucha del proletariado por el poder, lleva a propagar un fetichismo grosero del soviet. Todo depende del partido que dirija los soviets. […] los bolcheviques-leninistas [es decir, la oposición trotskista al estalinismo, N.de DP] no niegan al Partido Comunista el derecho a dirigir a los soviets: al contrario, declaran que sólo sobre la base del frente único, sólo a través de las organizaciones de masas podrá el Partido Comunista conquistar una posición dirigente en los futuros soviets y conducir al proletariado a la conquista del poder” (“¿Y ahora? Problemas vitales del proletariado alemán”, en La lucha contra el fascismo en Alemania, CEIP “León Trotsky/Ediciones IPS, 2013, p. 158).

Para finalizar, Borón debería recuperar entonces al verdadero Lenin, y no darnos uno de ciencia-ficción: un Lenin sin partido. (Mayor propuesta-oxímoron no hay.)

Lenin siempre dijo que el proletariado, con organización era todo; y que sin organización, era nada. Si alguna actualidad tiene su legado –ahora que estamos transitando una crisis económica internacional, con el despertar de las masas en varios países–, es el de recuperar esa gran experiencia histórica del saber combinar los organismos de tipo soviético (de agrupamientos, de frente único de lucha, de auto-organización, etc.) con una organización que posea una estrategia y programa intransigentes, junto a tácticas flexibles, para desarrollar la lucha de clases contra la burguesía y sus agentes.