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Novedades editoriales (III)

Publicado: agosto 22, 2014 de Demian Paredes en 2014, Historia, Invitaciones, León Trotsky, Lenin, Marxismo, Rosa Luxemburg

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Marxistas en la Primera Guerra Mundial

V. I. Lenin / Léon Trotsky / Rosa Luxemburg / Karl Liebknecht / Franz Mehring

Edición especial a 100 años de la guerra imperialista

12,5 x 19

320 pp.

ISBN 9789872997564

A 100 años del comienzo de la Primera Guerra Mundial, abundan las publicaciones sobre el tema. Este volumen, sin embargo, abarca una faceta que la gran mayoría esconde. Es un documento de las luchas políticas de los principales exponentes de la izquierda marxista internacional de ese entonces: Vladimir Lenin, León Trotsky, Rosa Luxemburg, Karl Liebknecht y Franz Mehring. La mayoría de los textos que aquí presentamos aparecen en castellano por primera vez; el resto han sido poco difundidos con anterioridad.
En las peores condiciones, sus autores intervinieron activamente en los debates que abrió la guerra en las organizaciones obreras, planteando una política que permitiera ponerle fin rápidamente y utilizar la crisis económica y política creada por ella para despertar a las masas. El objetivo era acelerar la caída de la dominación de la clase capitalista para así poner en práctica el poder de los trabajadores, que, como dijo Rosa Luxemburg, “si se lo mide por su verdadera estatura, está llamado por la historia a derribar el roble milenario de la injusticia social y a mover montañas”.

* Más sobre esta publicación, acá.

Respuesta a un artículo de Atilio Borón

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Al cumplirse un nuevo aniversario del fallecimiento de Lenin, Atilio Borón escribió una breve reflexión. Allí dice que Lenin, durante el gran año revolucionario 1917, al lanzar la consigna “Todo el poder a los soviets” habría puesto “provisoriamente en suspenso –en ese contexto de disolución y quiebra del zarismo y auge revolucionario- el papel rector que durante tanto tiempo le había asignado en sus escritos y en su práctica política al partido.” Y más: dice Borón que, “Para Lenin, el tránsito de Febrero hacia la revolución social requería el protagonismo de los Soviets más que el del partido.”

Asombran estas afirmaciones, aunque se puede comprender la intención política. Al exaltar además de manera populista a las masas rusas movilizadas, despreciando incluso “la luz” que brinda el marxismo (“las tesis marxistas sobre la composición orgánica del capital o la tendencia decreciente de la tasa de ganancia”), Borón intenta con todo esto presentarnos un Lenin “caudillo” (en el peor sentido del término), tratando de emparentarlo con Fidel Castro: ¡alguien que no tiene nada de “leninista” ni “sovietista”! (¿o acaso Castro impulsó alguna vez en la isla organismos democráticos de auto-actividad de las masas?). Borón inventa así un Lenin que, sin ninguna mediación política (sin organización, sin partido), habría logrado movilizar a las masas rusas por medio de “una consigna simple, comprensible y de una extraordinaria efectividad política: “Pan, tierra y paz.””

Con este cuentito izquierdista “happy end” que nos hace Borón se desmerece entonces la gran labor estratégica de Lenin, que fue, justamente, la de haber forjado durante años una organización política, unificada por medio de una teoría, un programa y tácticas flexibles (que buscaban adaptarse a las diferentes situaciones políticas, de avances y retrocesos), para dirigir a las masas hacia la conquista del poder, en lucha contra las tendencias políticas enemigas y vacilantes. Ni más ni menos.

Ya en 1905, durante la primera Revolución Rusa, Lenin había planteado como conclusión fundamental: “¿Soviet de diputados obreros o partido? Yo pienso que no es así como debe plantearse, que la respuesta debe ser forzosamente: soviet de diputados obreros y partido” (“Nuestras tareas y el soviet de diputados obreros”, en León Trotsky y otros autores, 1905, CEIP “León Trotsky”, 2006, p. 442).

Si Borón hubiera prestado más atención en su “homenaje” a Lenin a su real labor de dirigente revolucionario (¡así fuera solo en 1917!), habría podido ver que la consigna “Todo el poder a los soviets” fue parte de un accionar político… de partido, y que la consigna se mantendría (en la propaganda, en la agitación y en la movilización… del partido bolchevique) tanto como fuera efectiva, “operativa”, desde la estrategia: mientras movilizara a las masas hacia la toma del poder. Por ello a mediados de julio de 1917, en su texto “Sobre las consignas”, dice respecto a “Todo el poder a los soviets”: “Esa consigna fue correcta durante un período de nuestra revolución –digamos, desde el 27 de febrero hasta el 4 de julio–, que ahora ha pasado irrevocablemente”. Y sigue: “El viraje del 4 de julio consiste precisamente en un cambio brusco en la situación objetiva. La posición inestable del poder ha cesado; el punto decisivo del poder ha pasado a manos de la contrarrevolución. El desarrollo de los partidos sobre la base de la colaboración de los partidos pequeñoburgueses socialista revolucionario y menchevique con los kadetes contrarrevolucionarios ha creado una situación en la cual ambos partidos pequeñoburgueses se han convertido virtualmente en participantes cómplices de la salvaje represión contrarrevolucionaria”. Y agrega: “La consigna del paso del poder a los soviets podría parecer hoy una burla. Esta consigna, objetivamente, sería un engaño a pueblo, sería infundirle la ilusión de que aún hoy bastaría que los soviets quisieran tomar el poder o plantearan esa decisión para que el poder fuese suyo”.

¿Qué ocurría? Que los soviets, como organismos de las masas insurrectas, movilizadas y en lucha, eran conciliadores con el gobierno provisional. Y esto era así porque los partidos que actuaban en los soviets tenían un programa de “reformas” del régimen político: apoyo “crítico”, exigencias… y luego integración al mismo como ministros; un “etapismo” que los llevaba a aspirar, como máximo, a una república democrático-burguesa para Rusia (es decir, una Rusia capitalista). Era esta una situación inestable, de “equilibrio” del “doble poder” (donde había dos poderes: el del gobierno provisional –que preparaba y lanzaba en esos meses de julio y agosto sus zarpazos reaccionarios–, y el de los soviets, que al decir de Trotsky era en realidad “un semi-poder”). Por ello Lenin propugnaba el reimpulso revolucionario de las masas (luchando el Partido Bolchevique dentro de los soviets por su política). Ellas, las masas, decía en el texto ya citado, “no sólo deben ser dirigidas por el proletariado, sino que también deben volver la espalda a los partidos eserista [socialista-revolucionario] y menchevique, que han traicionado la causa de la revolución.” (las citas de “Sobre las consignas” están tomadas de las Obras selectas de Lenin, Ediciones IPS, 2013, pp. 114, 115 y 116)

¿Acaso esto no es claramente una lucha… de partidos? Lenin plantea en ese texto –¿y a quién sino a su Partido Bolchevique y a las tendencias revolucionarias (como la de Trotsky) que le fueran más afines al calor del proceso revolucionario?)– que “Hay que reorganizar toda la labor de agitación entre el pueblo a fin de hacer ver a los campesinos que es totalmente inútil confiar en obtener la tierra mientras no se derroque el poder de la camarilla militar, mientras no se desenmascare a los partidos eserista y menchevique y se los prive de la confianza del pueblo” (ídem., p. 118). ¿Quién debía entonces “agitar entre el pueblo” para movilizar por “pan, paz y tierra”, para desenmascarar a los SR y mencheviques sino su partido, su organización de dirigentes, cuadros, militantes y simpatizantes? (Y a esto agreguemos que el verdadero “tour de force” que hubo en el bolchevismo no es el de un Lenin que “deja atrás” al partido –como propone Borón–, sino un Lenin que combate dentro de su propio partido por una política correcta, principista, que palpa el estado de ánimo de las masas en el proceso revolucionario y despliega una política de partido independiente de todas las fracciones burguesas y pequeñoburguesas –ese es el combate de las “Tesis de abril” –. Por poner solo un ejemplo: Lenin luchó contra Stalin y Kamenev, quienes desde Pravda adherían en marzo de 1917 al patriotismo ruso y a la política “defensista” del gobierno provisional, siendo cómplices de las matanzas que sufrían los campesinos y obreros rusos en los frentes de la Guerra Mundial.)

Lenin insiste una y otra vez contra hacer un fetichismo de la consigna “Todo del poder a los soviets”: “Los actuales soviets han fracasado, han sufrido una derrota completa por predominar en ellos los partidos eserista y menchevique. En este momento esos soviets son como ovejas conducidas al matadero”; ídem., p. 119), hasta que cambia la situación. Como recuerda Trotsky en su gran Historia de la Revolución Rusa, tras los reaccionarios meses de julio y agosto (el primero, el mes de “la gran calumnia” contra los bolcheviques –donde encierran a cientos en las cárceles–, y luego viene la “kornilovada” –el intento de golpe militar–) los soviets recuperaron vitalidad, pasaron nuevamente a la ofensiva (sumándose al proceso revolucionario masas y masas, con soviets campesinos del interior, que venían rezagados; sumándose también unidades militares rebeldes que venían de los fracasos del frente de guerra y exigían respuestas al gobierno provisional y a los “partidos soviéticos”) y, con ello, la posibilidad de que nuevamente sean un instrumento para la conquista del poder… en lucha política contra los partidos conciliadores.

Trotsky recuerda en la Historia… el “magnífico artículo” de Lenin “Acerca de los compromisos”, donde, dice, “El papel de los soviets, constata [Lenin], ha vuelto a cambiar: a principios de julio eran órganos de lucha contra el proletariado; a fines de agosto se han convertido en órganos de lucha contra la burguesía”. Y explica que el retorno a la consigna de “Todo el poder…”, con la exigencia de que los SR y mencheviques tomen el poder con los soviets –el “compromiso” que los bolcheviques estaban dispuestos a aceptar, para que la revolución aprovechara la única posibilidad que se daba en ese momento preciso de avanzar por la vía pacífica hacia la toma del poder– se debía a que Lenin hacía esto “convencido de que su partido estaba llamado a ponerse al frente del pueblo”.

No vamos a seguir historizando la Revolución Rusa, ya que no es el objetivo del artículo; pero sí vamos a recordar que finalmente la Revolución triunfa en octubre… gracias al accionar de una organización: el Partido Bolchevique (donde Trotsky juega un papel clave en la preparación y ejecución de la insurrección en Petrogrado… y donde hay nuevamente crisis en la dirección del partido, ya que Kamenev y Zinoviev se niegan, en el momento de la toma del poder, a desarrollar esa política). Los bolcheviques toman el poder –no sin crisis internas, debates y discusiones– con los soviets –donde conquistaron la mayoría de la dirección en ellos, entre febrero y octubre–, mientras defeccionan los mencheviques conciliadores y los SR. Sólo los “SR de izquierda” se sumarán al gobierno soviético, aunque por poco tiempo.

Años después, Trotsky, fiel a la estrategia revolucionaria (al auténtico leninismo), y discutiendo contra el ultraizquierdismo del estalinismo en Alemania (que impidió el frente único entre obreros comunistas y socialistas, debilitando a la clase obrera ante el ascenso de Hitler al poder), proponía ver el frente único de lucha y sus formas “superiores”, los soviets, como fundamentales… sin hacer ningún fetichismo –al igual que Lenin, quien veía los comités de fábrica como otro organismo de masas que podía jugar un papel revolucionario de ellos– y señalando la necesidad estratégica del accionar de partido allí: “pensar que los soviets pueden ‘por sí mismos’ dirigir la lucha del proletariado por el poder, lleva a propagar un fetichismo grosero del soviet. Todo depende del partido que dirija los soviets. […] los bolcheviques-leninistas [es decir, la oposición trotskista al estalinismo, N.de DP] no niegan al Partido Comunista el derecho a dirigir a los soviets: al contrario, declaran que sólo sobre la base del frente único, sólo a través de las organizaciones de masas podrá el Partido Comunista conquistar una posición dirigente en los futuros soviets y conducir al proletariado a la conquista del poder” (“¿Y ahora? Problemas vitales del proletariado alemán”, en La lucha contra el fascismo en Alemania, CEIP “León Trotsky/Ediciones IPS, 2013, p. 158).

Para finalizar, Borón debería recuperar entonces al verdadero Lenin, y no darnos uno de ciencia-ficción: un Lenin sin partido. (Mayor propuesta-oxímoron no hay.)

Lenin siempre dijo que el proletariado, con organización era todo; y que sin organización, era nada. Si alguna actualidad tiene su legado –ahora que estamos transitando una crisis económica internacional, con el despertar de las masas en varios países–, es el de recuperar esa gran experiencia histórica del saber combinar los organismos de tipo soviético (de agrupamientos, de frente único de lucha, de auto-organización, etc.) con una organización que posea una estrategia y programa intransigentes, junto a tácticas flexibles, para desarrollar la lucha de clases contra la burguesía y sus agentes.

* Video de RT acerca de la presencia y recuerdo de Lenin en América Latina.

El informe hace mención a las Obras selectas de Lenin, editadas y publicadas recientemente por Ediciones IPS y el CEIP “León Trotsky”; y habla allí nuestro compañero Matías Maiello, del IPS. Dice el informe que “Lenin sigue siendo uno de los personajes más populares y controvertidos de la historia universal no sólo en Rusia, sino también en América Latina. Prueba de ello es el éxito obtenido por una selección de sus obras y discursos recientemente publicada en Argentina. Matías, uno de los artífices de esta publicación, opina que “hay todo un sector de la juventud que está buscando nuevas ideas y por eso llega a la obra de Lenin”.
[…] Asimismo, el argentino asevera que, a su parecer, las ideas de Lenin “cada vez están más de actualidad a medida que se desarrolla la crisis mundial y que empiezan a surgir nuevos fenómenos de la lucha de clases a nivel internacional”.

Luego de la brutal represión realizada por la Policía Metropolitana en el Hospital Borda, donde trabajadores/as de la salud y pacientes resultaron heridos y y detenidos, entrevistamos a Leandro Sorribas, delegado del RUB (Registro Único de beneficiarios, CABA) por la Agrupación Nacional Marrón Clasista y a Alejandrina Barry, hija de desaparecidos y miembro del Centro de Profesionales por los DDHH. Ambos estuvieron presentes en la represión, y luego en la liberación de los detenidos, muchos de ellos heridos. Cómo se votó la creación del Centro Cívico en la legislatura porteña, en un abierto pacto entre los legisladores del PRO y el Frente para la Victoria. Alejandrina Barry además señaló el descaro de algunos funcionarios del gobierno nacional, quienes se manifestaron indignados ante el terrible accionar de la Policía Metropolitana, siendo que la Policía Federal ha actuado de la misma manera en distintas protestas sociales.

Carlos “Titín” Moreira, dirigente nacional del PTS en el Frente de Izquierda y de los Trabajadores, nos habla de la historia del 1ro de Mayo en la Argentina, cómo surgió desde la Segunda Internacional y desde la organización obrera de los primeros anarquistas y socialistas. Qué pasó luego con el peronismo, hasta nuestros días y hace hincapié en la necesidad de retomar las mejores tradiciones de la clase obrera argentina. Concluye su columna, haciendo un llamado a todos/as los/as trabajadores/as combativos, antiburocráticos, quienes se organizan en sus lugares de trabajo, a los jóvenes que sufren la precarización laboral a diario, a las mujeres trabajadoras a participar activamente del locro obrero y popular que organiza el PTS con distintos setcores de trabajadores a las 13 hs. este 1ro de Mayo frente a la sede de la Unión Industrial Argentina, Av. de Mayo 1100 y luego al acto que realizará el Frente de Izquierda y de los Trabajadores a las 15:30 en Plaza de Mayo.
Christian Castillo, dirigente nacional del PTS en el Frente de Izquierda y de los Trabajadores, repudia la brutal represión de la policía metropolitana en el Hospital Borda y denuncia el desguace de la salud pública realizada por el macrismo en pos del negocio inmobiliario, con la colaboración de los legisladores de Frente para la Victoria de la CABA, quienes votaron los proyectos de ley macristas. Además se refiere a la votación de la reforma judicial impulsada por el gobierno e invita a toda la audiencia a participar del acto del Frente de Izquierda y de los Trabajadores este próximo 1ro de Mayo a las 15:30 hs. en Plaza de Mayo y previamente al locro obrero y popular que organiza el PTS con distintos sectores de trabajadores a las 13:30 hs. en la sede de la UIA, Av. de Mayo 110, CABA.
Entrevistamos a Eduardo Grüner, sociólogo y ensayista quien junto con Christian Castillo participó de la charla presentación de las Obras Selectas de Lenin (Ediciones IPS) en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Nos habló sobre la importancia de retomar la obra de Lenin en estos tiempos de crisis capitalista y la muy buena selección de textos realizada por los compiladores del Instituto del Pensamiento Socialista Karl Marx y el Centro de Estudios y Publicaciones León Trotsky.
Entrevistamos a Pablo Silvestri, uno de los nuevos delegados elegidos miembro de la Lista Marrón. Nos cuenta cómo luego de años de organizarse clandestinamente en la fábrica, comenzó a haber un proceso de organización y cambio en la consciencia de los trabajadores de Coca Cola, que les permitió ganar el cuerpo de delegados con el 43% de los votos, sobre dos listas: la Verde ligada al sindicato y la lista 10 que se desprendió de la Verde en los últimos meses.
LUCHA EN LOS TALLERES LATINGRÁFICA
Además, entrevistamos a Nicolás Almarante, trabajador despedido del taller Latingráfica, recientemente reincorporado gracias a la lucha de los trabajadores. Nicolás nos cuenta cómo comenzó el conflicto, cuando él y otros cuatro compañeros fueron despedidos por querer presentarse a elecciones de delegados.
Esta semana falleció esta leyenda y pionero del Rock Nacional. Escuchá este homenaje de Pateando el Tablero, recordando sus comienzos y su carrera.

* Unas 500 personas estuvieron presentes, escuchando a Eduardo Grüner, sociólogo y ensayista; Cecilia Feijoo, integrante del IPS “Karl Marx”, y Christian Castillo, coordinador del Instituto y dirigente nacional del PTS. Las fotos son de Pum Pum Press, blog de foto periodismo.

** Y acá se puede escuchar a Eduardo Grüner en el programa radial Pateando el Tablero, comentando el evento, al día siguiente.

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NOTA PARA LA PRESENTE EDICIÓN

tapas_lenin_final_tomoIPresentamos estas Obras selectas de Lenin en dos tomos: una recopilación de textos y discursos imprescindibles a la hora de conocer y abordar la obra de uno de los más importantes revolucionarios marxistas del siglo XX. Pretendemos con estas Obras selectas, junto al reciente lanzamiento de las Obras escogidas de León Trotsky, hacer llegar al público en general, y a las nuevas generaciones de trabajadores y jóvenes, los textos de los grandes marxistas clásicos.

Lenin lleva aproximadamente dos décadas de estar casi “desaparecido”, fuera de los emprendimientos editoriales, fuera del “mercado” de la palabra escrita, calumniado por biógrafos liberales y conservadores; demonizada su figura como “representación” de la dictadura estalinista y atacada por la “nueva izquierda”… que en sus prácticas políticas nada han traído de “nuevo”. Sin embargo, Lenin también ha tenido, en este nuevo siglo, algunas pocas y nuevas ediciones. En 2001 se realizó en Alemania un simposio en torno a

las relecturas de sus escritos desde nuestra época, que fueron publicados en Lenin reactivado[1]. También se han publicado biografías, como la de Jean-Jacques Marie, o interesantes investigaciones de aspectos de su vida y obra como la de Philip Pomper en El hermano de Lenin[2]. Las presentesObras selectas, junto a las nuevas publicaciones sobre Lenin, muestran el atractivo que aún posee su figura a la hora de pensar una alternativa al sistema capitalista.

Y es que hay –teniendo en cuenta la crisis económica internacional del capitalismo– un potencial regreso de las ideas del revolucionario ruso; fantasma que evidentemente asusta al historiador reaccionario Robert Service, quien se ha tomado muy en serio la tarea de “terminar de asesinar” a los revolucionarios del siglo XX. El peligro para este está en la posibilidad de que “se pueda volver a invocar su memoria” “en las muchas partes del mundo en que el capitalismo provoca graves problemas sociales. Lenin no está del todo muerto, al menos aún no”[3].

La presente selección de escritos de Lenin pretende entonces aportar al surgimiento de un genuino interés en su obra, partiendo de la actualidad que tiene la herencia leninista allí donde (re)surge la necesidad de orientar y potenciar la acción de los explotados hacia el combate contra el orden político y social capitalista.

Queremos ofrecer una recopilación de textos que, a contrapelo de toda falsificación estalinista, de toda propaganda amansada y toda resignación frente al presente político, permita al lector responderse la pregunta con la cual comienza nuestro primer tomo: “¿A qué herencia renunciamos?”. ¿Debemos renunciar a lo mejor de la experiencia que expresó Lenin, por la cual se apostó, se luchó y se padeció? ¿Acaso la derrota que provocó que la revolución y el Estado basado en los sóviets de trabajadores, campesinos y el pueblo que surgió de ella, del cual Lenin fue uno de sus artífices, se transformara en su contrario, en un Estado “totalitario” dirigido por una casta burocrática, justifica esta renuncia? Adelantando nuestra respuesta, con Lenin decimos que no solo “no renunciamos a esta herencia”, sino que también “refutamos los recelos” de muchos de aquellos que han renunciado a la misma. También decimos con Lenin que no guardamos “la herencia como los archiveros conservan los viejos documentos”, sino que lo hacemos porque hoy es vital para el análisis crítico del capitalismo, la lucha de clases y el programa y la organización necesaria para la lucha de los trabajadores y los explotados.

En las últimas décadas, de reacción liberal y restauración conservadora, se atacó uno de los aportes más significativos de Lenin como político marxista. Con él surgió y se desarrolló una nueva concepción (que el lector podrá apreciar a lo largo de los presentes tomos) de la práctica política: la necesidad de una organización, de un partido capaz de conservar las energías y potenciar la lucha de los explotados y los oprimidos; de potenciarla “según todas las reglas del arte” por parte de “personas cuya profesión sea la actividad revolucionaria”[4]. Y esa profesión a la que apostamos junto con Lenin, la revolucionaria, es hoy la más combatida, denigrada y malentendida, no sin ocultas e interesadas razones. Al hacerlo artífice del régimen de partido único y de la dictadura totalitaria, deporte preferido de académicos liberales, conservadores y también de radicales libertarios, autonomistas y “posmarxistas”, se evita abordar verdaderamente al sujeto Lenin, sus combates, y el significado real de su herencia para el marxismo.

Como decía Trotsky frente a este tipo de posiciones: “El error de este razonamiento comienza con la identificación tácita del bolchevismo, de la Revolución de Octubre y de la Unión Soviética. El proceso histórico, que consiste en la lucha de fuerzas hostiles, es reemplazado por la evolución abstracta del bolchevismo. Sin embargo, el bolchevismo es solamente una corriente política. Aunque estrechamente ligado a la clase obrera, no se identifica con ella. En la URSS, además de la clase obrera existen más de cien millones de campesinos de diversas nacionalidades; una herencia de opresión, de miseria y de ignorancia. El Estado creado por los bolcheviques refleja no solamente el pensamiento y la voluntad de los bolcheviques, sino también el nivel cultural del país, la composición social de la población, la influencia del pasado bárbaro y del imperialismo mundial no menos bárbaro. Representar el proceso de la degeneración del Estado soviético como la evolución del bolchevismo puro, es ignorar la realidad social, pues considera uno solo de sus elementos aislándolo de una manera puramente lógica. Basta con llamar a este error elemental por su verdadero nombre, para que no quede nada de él”. Y luego agregaba: “Evidentemente el estalinismo ha ‘surgido’ del bolchevismo; pero no surgió de una manera lógica, sino dialéctica; no como su afirmación revolucionaria, sino como su negación termidoriana. Que no es una misma cosa”[5].

Más allá de este tipo de críticas es claro que su presencia como político revolucionario del siglo XX no puede ser ignorada. El escritor austriaco Stefan Zweig, en su libro llamado, nada menos, Momentos estelares de la humanidad, relata la vuelta de Lenin a Rusia luego de la revolución de febrero de 1917. Exiliado en Zúrich después de 1905, Lenin retorna junto a otros militantes a su país. Escribió Zweig: “El tren se puso en movimiento hacia Gottmadingen, la estación fronteriza alemana. Eran las tres y diez. Y el mundo cambió brutalmente de horario. Millones de obuses destructores habían sido arrojados en el curso de la guerra mundial. Los ingenieros continuaban inventando las armas más pesadas, las más poderosas y las más devastadoras. Pero ningún obús fue más devastador y más decisivo que este tren, con su cargamento de revolucionarios, los más peligrosos y más decididos del siglo, este tren, que de la frontera suiza se lanzaba entonces a través de toda Alemania hacia Petrogrado y se preparaba para hacer explotar el orden de los tiempos”. En Rusia se entrelazaban el hambre, la miseria y la desesperación de la guerra con las esperanzas eléctricas de la revolución. Una vez en la estación Finlandia, “los reflectores instalados en las fachadas de las casas y en el castillo se concentran sobre él, y desde aquel coche blindado dirige su primer discurso al pueblo. Bulle animadamente el gentío por las calles. Ha comenzado el ‘ciclo de diez días que conmovieron el mundo’. El proyectil ha dado en el blanco, ha destruido un imperio y cambiado la faz del mundo”.

* * *

La revolución socialista y Lenin junto con ella pasaron por los momentos más gloriosos y seductores, así como por los más terroríficos y violentos. Según el historiador Arno Mayer estas son las “dos caras contrapuestas” de una revolución. Y toda revolución social abre una dinámica propia que es relativamente “autónoma” y condicionada[6]. Trotsky, en el exilio mexicano, analizando esta dinámica abierta, poco antes de ser asesinado por un militante estalinista, escribió: “A pesar de las medidas de represión a las que fue necesario recurrir bajo la presión de circunstancias extraordinarias, la Revolución de Octubre impuso un cambio radical en las relaciones sociales en favor de los intereses de las masas trabajadoras. En cambio, la contrarrevolución estalinista dio inicio a conmociones sociales que van en el sentido de transformar el orden social soviético en beneficio de una minoría privilegiada de burócratas termidorianos”[7]. Lo que quedaba de ese Estado gobernado por una “minoría privilegiada de burócratas” se derrumbó estrepitosamente, desacreditado frente a las masas, luego de 1989, en Rusia. Pero “el carácter de los levantamientos de 1989-91 y sus consecuencias sólo puede comprenderse como el último acto de un largo proceso de revoluciones políticas derrotadas que sacudieron los países de Europa del Este, combinado con retrocesos importantes de la clase obrera occidental ante el avance de la ofensiva neoliberal”[8]. Primero fueron los combates de la Oposición de Izquierda, dirigida por Trotsky (y muchos de los mejores militantes comunistas), que culminaron con su expulsión y exilio en 1928; luego las grandes y represivas conmociones del “Gran Terror” estalinista de los años 30; luego vinieron los levantamientos de obreros y campesinos de Berlín, Hungría, Polonia, Checoslovaquia (sólo por nombrar algunos), que plantearon el antagonismo existente entre esa “minoría privilegiada” y las masas obreras y campesinas. Sólo la derrota de los mismos, junto con el agotamiento económico y el cerco capitalista (lo que demuestra lo

utópicamente reaccionario que fue y es plantear el “socialismo en un solo país”), preparó “el último acto” que fue 1989-91: la implosión de la burocracia, en medio de movilizaciones de masas, sin perspectiva revolucionaria.

En síntesis: el aplastamiento de los procesos de “revolución política” por parte de burocracias estalinistas nacionales, en sus diferentes variantes, estuvo en la base de este enorme retroceso de la revolución y dejó planteada la enorme actualidad de los últimos combates de Lenin contra la burocratización del Partido Bolchevique y la continuidad de esta batalla por parte de Trotsky, que lo llevó, en 1938, a fundar la IV Internacional.

La recopilación que presentamos en estos tomos intenta aportar a esta tarea de retomar la herencia del marxismo revolucionario.

* * *

Los textos reunidos atraviesan el largo camino trazado entre “dos revoluciones”: la de 1905, con sus “Jornadas revolucionarias”, hasta la de 1917, con sus “Tres crisis”. Además, recopilan las huellas de la lucha por forjar esa organización de hombres y mujeres “expertos en las artes de la política revolucionaria” en “¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro movimiento”. El lector podrá descubrir en estos textos la definición de cuál es la alianza de fuerzas que permitiría a Rusia derribar la autocracia; según Lenin, la alianza de los obreros con los campesinos –y no con la burguesía liberal, como proponían los mencheviques–, así como la fundamentación de los métodos insurreccionales frente a las tendencias “pacifistas” en el debate plasmado en “Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática”. Podrá sumergirse también en los duros y francos debates de tendencias y fracciones entre los emigrados luego de la derrota de la revolución de 1905, momento de retroceso y reacción, cuando el zarismo desbarata palmo a palmo las “libertades” que se había visto obligado a otorgar frente a las masas insurrectas. Podrá leer los debates que Lenin lleva adelante contra aquellos que proponían la liquidación del trabajo ilegal del Partido, debate reflejado en “Algunas fuentes de la actual discrepancia ideológica”. O leer las discusiones que Lenin realiza contra la fracción izquierdista en “La fracción de los partidarios del otzovismo y de la construcción de Dios”.

A través de los textos que componen el primer tomo el lector verá desarrollarse la pelea de Lenin por forjar una nueva internacional revolucionaria: la III Internacional. Podrá analizar el cambio en la situación política de las masas, el nuevo ascenso de luchas obreras que se va desarrollando con ímpetu, analizado por Lenin en “El desarrollo de las huelgas y las manifestaciones callejeras”. Podrá ver los giros bruscos que produjo la Primera Guerra Mundial y la ubicación del marxismo frente a la misma en “La bancarrota de la II Internacional”.

Verá los interrogantes que abre la guerra cuando Lenin debate con el programa de Rosa Luxemburg, encarcelada en Alemania por su oposición a la guerra, en “El programa militar de la revolución proletaria” y propone “a la guerra como a la guerra”: a la guerra entre los “bandidos imperialistas”, la guerra civil del proletariado y las masas contra la burguesía. Podrá leer el aún controversial ensayo con el cual Lenin buscó dar una respuesta a los cambios que se estaban produciendo en el capitalismo del siglo XX en “El imperialismo, etapa superior del capitalismo”, con el que sentó las bases para la explicación de la nueva época de crisis, guerras y revoluciones que, con sus diferentes etapas, llega hasta nuestros días.

En los textos que dan inicio al segundo tomo el lector podrá adentrarse en el ambiente de energías liberadas, de impaciencias, posibilidades y peligros que abrió la revolución de febrero de 1917. Leer el combate de los “diez días que conmovieron al mundo” a partir de las “Tesis de abril”, cuando Lenin combate las posiciones sostenidas por los llamados “viejos bolcheviques” confluyendo, de hecho, con las tesis de la revolución permanente sobre la mecánica de la revolución que Trotsky había formulado a partir de las lecciones de la Revolución rusa de 1905[9]. Podrá seguir el curso de las crisis, avances y reflujos del calendario revolucionario a través de su intervención en el “I Congreso de los Sóviets de diputados obreros y soldados”, pasando por las “Tres crisis” y observando “El comienzo del bonapartismo”. Podrá “retirarse” y seguir a Lenin, ahora nuevamente en la clandestinidad, y leer sus tesis sobre una nueva organización estatal transitoria, sin Ejército permanente y sin burocracia, en la que hasta una cocinera pueda ser responsable de la administración del nuevo Estado, así como su gran anticipación de las contradicciones a las que se tendría que enfrentar el partido revolucionario al tomar el poder del Estado durante la transición, en “El Estado y la revolución”.

El lector podrá preguntarse entonces junto con Lenin: “¿Podrán los bolcheviques mantenerse en el poder?”. El instante de peligro que significó esta decisión, derrocar al Estado de la burguesía, puede apreciarse leyendo su llamado urgido contra la mayoría de sus compañeros del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique), cuando sólo era apoyado por militantes como Trotsky y Sverdlov y las masas que protagonizaban el “auge revolucionario del pueblo”. En esos momentos les decía: “La historia ofrece pocos momentos como estos para los revolucionarios”, “es ahora o nunca”. Podrá el lector entonces adentrarse y sumergirse luego en la plenaria de aquella tensa madrugada que cambió la “historia universal”, cuando se votó “El decreto sobre la paz”, “El decreto sobre la tierra” y la “Resolución sobre la creación de un Gobierno obrero y campesino”.

El lector podrá sentir el empuje y las esperanzas puestas en la extensión de la revolución internacional y de esa “nueva” democracia de los trabajadores que estaba surgiendo frente a la catástrofe económica y la guerra en sus “Tesis sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado”. Podrá observar cómo Lenin, al inicio de la guerra civil rusa, no teme hacerles llegar una “Carta a los obreros norteamericanos” para decirles que es necesario “aplastar la resistencia de los capitalistas” y “recurrir a la violencia”, pero a la violencia de los explotados y oprimidos y no de esa “minoría” de capitalistas que se basa en ella y sólo la recusa si la utilizan “los de abajo”. También el lector tendrá la posibilidad de sopesar la importancia que Lenin dio a los problemas de la revolución internacional leyendo “El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”, donde debate dura pero fraternalmente con sus compañeros de la III Internacional la necesidad de no “repetir mal” las lecciones del bolchevismo, de buscar y descubrir las particularidades de la lucha de clases de cada nación y aprender de las formas a través de las cuales el partido y la revolución avanzan.

Podrá evaluar el lector en los textos seleccionados los avances del nuevo Estado y de la sociedad de transición, el análisis de la situación, en cada momento, de las fuerzas en pugna. Podrá entonces seguir los textos que muestran nuevas encrucijadas, cuando la derrotar militar del antiguo régimen se ha conquistado pero persisten las dificultades de un Estado obrero en condiciones de aislamiento, rodeado de “enemigos” para nada “imaginarios”, con un atraso cultural heredado de siglos de absolutismo y con una devastación económica por la guerra externa e interna. Podrá analizar entonces los “giros” en la situación y la “retirada estratégica” que Lenin propone en la “Nueva Política

Económica” (NEP), cuando plantea la necesidad de que el Estado de los trabajadores refuerce su alianza con los campesinos e introduzca elementos de “capitalismo de Estado”. Hacia finales del segundo tomo encontrará entonces los textos en los cuales Lenin ya entrevé el peligro en esa “podredumbre” que es “nuestra burocracia, tanto de los sóviets como del Partido en el nuevo Estado”, como afirmó en “Mejor poco, pero mejor”. Finalmente, tendrá la chance de ahondar en el último de sus combates leyendo su “Testamento”, escrito en 1922 y ocultado por la dirección oficial… ¡hasta 1956!

Cuando las manifestaciones del décimo aniversario de la revolución (1927) se desplegaron por las calles de la URSS, el eco de sus últimas palabras fue recogido por los militantes de la Oposición de Izquierda: “Remover/desplazar a Stalin”.

* * *

Sobre el origen de los textos

La presente edición se realizó a partir de una selección de las Obras Completas editadas desde la URSS y publicadas en nuestro país por la Editorial Cartago. La primera edición –como señala Jean-Jacques Marie en su biografía sobre Lenin– fue un conjunto de treinta y cinco volúmenes, que en la época de Jruschov se elevaron a cincuenta y cinco (ya que se reintegraron artículos y fragmentos ocultados); por ello utilizamos esa segunda edición “jruschoviana”.

Debido a la manipulación constante de que se ha hecho de los trabajos de Lenin según conveniencias políticas, por parte del stalinismo, en los presentes volúmenes hemos optado por despojar a los textos de la enorme cantidad citas de los editores, dejando solamente las del propio Lenin, y agregando nosotros las indispensables.

Cada tomo tiene índices que podrán ayudar al lector: uno de conceptos, organizaciones y abreviaciones; otro de publicaciones. En el Tomo dos encontrará además un índice de pequeñas biografías y una línea de tiempo con dos entradas: una se refiere a la vida de Lenin y al accionar del Partido Bolchevique; la otra indica los acontecimientos históricos más importantes en el mundo y en Rusia.

Al final del segundo tomo hay también un listado bibliográfico que da cuenta de los materiales utilizados como referencia para estas Obras selectas y que sirven a modo de “guía de lectura sugerida” para profundizar en torno a Lenin.

* * *

 

La presente edición estuvo a cargo de un equipo conformado por Cecilia Feijoo, Valeria Foglia, Demian Paredes y Julio Patricio Rovelli.

Estos tomos no podrían haberse publicado sin la colaboración de Gabriel Piro, Sabrina Chirico, Valeria Rios, Analía Cabral y Lucía Feijoo.


[1] Lenin reactivado, Budgen, Kouvelakis, Zizek (eds.), Madrid, Akal 2010.

[2] Lenin, Jean Jacques Marie, Madrid, POSI, 2011; El hermano de Lenin, Philip Pomper, Barcelona, Ariel, 2010.

[3] Lenin. Una biografía, Robert Service, Barcelona, Siglo XXI, 2001.

[4] Ver “¿Qué hacer…” en el Tomo uno de la presente edición.

[5] “Bolchevismo y estalinismo. Sobre la cuestión de las raíces teóricas e históricas de la IV Internacional” (1937), León Trotsky, Escritos 1929-1940 (versión digital), enhttp://ceipleontrotsky.org/

[6] Les Furies, 1789-1917. Violence, Vengance, Terreur, Arno J. Mayer, París, Fayard, 2002.

[7] Stalin, León Trotsky, México D.F. Juan Pablos Editor, 1973.

[8] Ver “La actualidad del análisis de Trotsky frente a las nuevas (y viejas) controversias sobre la transición al socialismo”, Claudia Cinatti, Bs. As., revista Estrategia Internacional N.° 22, 2005.

[9] Ver al respecto La teoría de la revolución permanente (compilación), León Trotsky, Bs. As., Ediciones IPS/CEIP “León Trotsky”, 2011.

***

 

Índices

Tomo uno (1898-1916)

 

Nota para la presente edición

 

Breve índice de conceptos

 

Índice de periódicos y publicaciones

 

¿A qué herencia renunciamos?

 

Sobre las huelgas

 

¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro movimiento

Prefacio

I. Dogmatismo y “libertad de crítica”

II. La espontaneidad de las masas y la conciencia

de la socialdemocracia

III. Política sindicalista y política socialdemócrata

IV. Los métodos artesanales de trabajo de los economistas

y la organización de los revolucionarios

V. Plan para un periódico político destinado a toda Rusia

VI. Conclusión

Anexo: Intento de fusionar Iskra con Rabocheye Dielo

 

Jornadas revolucionarias

 

Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática

Prólogo

I. Una cuestión política urgente

II. ¿Qué nos brinda la resolución del III Congreso del POSDR

sobre el Gobierno provisional revolucionario?

III. ¿Qué es la “victoria decisiva de la revolución

sobre el zarismo”?

IV. La república y la abolición de la monarquía

V. ¿Cómo “impulsar la revolución hacia adelante”?

VI. ¿Desde dónde amenaza al proletariado el peligro

de verse con las manos atadas en la lucha contra

la burguesía inconsecuente?

VII. La táctica de “eliminar a los conservadores del Gobierno”

VIII. La tendencia de Osvobozhdenie y la de la nueva Iskra

IX. ¿Qué significa ser el partido de la oposición extrema durante la revolución?

X. Las “comunas revolucionarias” y la dictadura democrática revolucionaria del proletariado y del campesinado

XI. Breve comparación de algunas resoluciones del III Congreso del POSDR y de la Conferencia

XII. ¿Disminuirá el alcance de la revolución democrática si la burguesía le da la espalda?

XIII. Conclusión. ¿Nos atreveremos a vencer?

Epílogo: Otra vez la tendencia de Osvobozhdenie, otra vez la tendencia de la nueva lskra

 

Huelga política y lucha callejera en Moscú

 

Sobre la reorganización del Partido

 

La organización del Partido y la literatura partidaria

 

Nuestras tareas y el Sóviet de Diputados Obreros. Carta a la redacción

 

Enseñanzas de la insurrección en Moscú

 

Prólogo a la recopilación En doce años

 

Marxismo y revisionismo

 

La fracción de los partidarios del otzovismo y de la construcción de Dios

 

Algunas fuentes de la actual discordancia ideológica

 

El sentido histórico de la lucha interna del Partido en Rusia

 

Desarrollo de las huelgas revolucionarias y de las manifestaciones callejeras

 

Comunicado y resoluciones de la reunión de Cracovia del Comité Central del POSDR con funcionarios del Partido

 

La bancarrota de la II Internacional

 

Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo

 

El programa militar de la revolución proletaria

 

El imperialismo, etapa superior del capitalismo (Ensayo popular)

Prólogo a la edición rusa

Prólogo a las ediciones francesa y alemana

I. La concentración de la producción y los monopolios

II. Los bancos y su nuevo papel

III. El capital financiero y la oligarquía financiera

IV. La exportación de capitales

V. El reparto del mundo entre asociaciones de capitalistas

VI. El reparto del mundo entre grandes potencias

VII El imperialismo como etapa particular del capitalismo

VIII. El parasitismo y la descomposición del capitalismo

IX. Crítica del imperialismo

X. Ubicación histórica del imperialismo

 

Tomo dos (1917-1923)

 

tapas_lenin_final_tomoIIBreve índice de conceptos

 

Índice de periódicos y publicaciones

 

Las tareas del proletariado en la actual revolución (Tesis de abril)

 

Cartas sobre táctica

 

El doble poder

 

Las tareas del proletariado en nuestra revolución (Proyecto de plataforma del partido proletario)

 

La guerra y la revolución (Conferencia pronunciada el 14 (27) de mayo de1917)

 

I Congreso de los Sóviets de Diputados Obreros y Soldados de toda Rusia

 

¡Todo el poder a los sóviets!

 

Tres crisis

 

¿Dónde está el poder y dónde la contrarrevolución?

 

Sobre las consignas

 

El comienzo del bonapartismo

 

El Estado y la revolución. La teoría marxista del Estado y las tareas del proletariado en la revolución

Prólogo a la primera edición

Prólogo a la segunda edición

I. La sociedad de clases y el Estado

II. La experiencia de 1848-1851

III. La experiencia de la Comuna de París (1871). El análisis de Marx

IV. Continuación. Aclaraciones complementarias de Engels

V. Las bases económicas de la extinción del Estado

VI. La vulgarización del marxismo por los oportunistas

VII. La experiencia de la revolución rusa de 1905 y 1917

 

Acerca de los compromisos

 

Proyecto de resolución sobre la situación política actual

 

Los bolcheviques deben tomar el poder (Carta al Comité Central y a los comités del POSDR(b) de Petrogrado y de Moscú)

 

El marxismo y la insurrección (Carta al Comité Central del POSDR(b))

 

La catástrofe que nos amenaza y cómo luchar contra ella

 

¿Podrán los bolcheviques mantenerse en el poder?

 

II Congreso de los Sóviets de Diputados Obreros, Soldados y Campesinos de toda Rusia

I. A los obreros, a los soldados y a los campesinos

II. Informe sobre la paz

III. Palabras finales luego del debate del informe sobre la paz

IV. Informe sobre la tierra

V. Resolución sobre la creación de un Gobierno obrero

y campesino

 

Proyecto de decreto sobre el control obrero

 

Carta a los obreros norteamericanos

 

La revolución proletaria y el renegado Kautsky

Prólogo

Cómo Kautsky convirtió a Marx en un vulgar liberal

Democracia burguesa y democracia proletaria

¿Puede haber igualdad entre el explotado y el explotador?

Defender que los sóviets no se conviertan en organizaciones del Estado

La Asamblea Constituyente y la república soviética

La Constitución soviética

¿Qué es el internacionalismo?

Subordinación a la burguesía con el pretexto de un “análisis económico”

Anexo I. Tesis sobre la Asamblea Constituyente

Anexo II. El nuevo libro de Vandervelde sobre el Estado

 

I Congreso de la Internacional Comunista

Discurso en la inauguración del Congreso

Tesis sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado

Discurso de Lenin sobre sus tesis

Resolución relativa a las tesis sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado

 

La III Internacional y su lugar en la historia

 

Economía y política en la época de la dictadura del proletariado

 

El “izquierdismo”, enfermedad infantil del comunismo

I. ¿En qué sentido podemos hablar de la importancia

internacional de la revolución rusa?

II. Una condición esencial del éxito de los bolcheviques

III. Etapas principales en la historia del bolchevismo

IV. ¿En la lucha contra qué enemigos dentro del movimiento

obrero creció, se fortaleció y se templó el bolchevismo?

V. El comunismo “de izquierda” en Alemania.

Los dirigentes, el partido, la clase, las masas

VI. ¿Deben trabajar los revolucionarios en

sindicatos reaccionarios?

VII. ¿Debemos participar en los parlamentos burgueses?

VIII. ¿Ningún compromiso?

IX. El “comunismo de izquierda” en Inglaterra

X. Algunas conclusiones

Apéndice:

I. La división de los comunistas alemanes

II. Los comunistas y los independientes en Alemania

III. Turati y Cía. en Italia

IV. Conclusiones erróneas de premisas correctas

V. Carta de Wijnkoop

 

Discurso de clausura del X Congreso del Partido Comunista ruso

 

III Congreso de la Internacional Comunista

Informe sobre la táctica de la Internacional Comunista

Informe sobre la táctica del Partido Comunista de Rusia

 

La Nueva Política Económica y las tareas de las comisiones de educación política. Informe en el II Congreso ruso de Comisiones de Educación Política

 

Carta al Congreso (“Testamento” de Lenin)

 

Cómo debemos reorganizar la Inspección Obrera y Campesina (Recomendación al XII Congreso del Partido)

 

Mejor poco, pero mejor

 

Nuestra revolución (A propósito de la notas de N. Sujanov)

 

Breve cronología de la vida de Lenin

 

Breve índice biográfico

 

Bibliografía de consulta

Leemos hoy en Infobae:

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En el marco de la 39ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires que comenzará este jueves, Eduardo Grüner (sociólogo y ensayista) y Christian Castillo (sociólogo y dirigente del Partido de los Trabajadores Socialistas) presentarán las Obras selectas de Lenin.

El evento se llevará a cabo el viernes 26 de abril a las 20.30 horas en el Pabellón Rojo del predio ferial de Palermo y están invitados todos los estudiantes, trabajadores, intelectuales, artistas y periodistas que quieran conocer las ideas del teórico y politico marxista que revolucionó la historia del siglo XX.

Se trata de una obra de 1.200 páginas en dos tomos, publicadas por el CEIP “León Trotsky” y Ediciones IPS.

Los textos de Lenin que se compilan atraviesan la historia de las tumultuosas décadas del siglo XX en Europa y el mundo: de la Revolución rusa de 1905 a la Primera Guerra Mundial, de la Revolución de Febrero de 1917 al primer Estado de los trabajadores. Permiten apreciar años de pensamiento, debates, teorizaciones y el accionar político de Lenin.

La decisiva intervención de Lenin en 1917 generó un giro en la historia mundial. Apoyado en un nuevo poder que agrupaba a los trabajadores y campesinos, puso fin a la sangrienta guerra, entregó la tierra a los campesinos, aprobó el control obrero de la producción y nacionalizó la industria y el transporte, entre otras medidas.

En los escritos de Lenin están las huellas de esa transformación social y política que sacudió las estructuras del siglo XX.

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El hombre que revolucionó el Siglo XX

Publicado: abril 19, 2013 de Demian Paredes en 2013, Actualidad, Debates, Historia, Lenin, Marxismo

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La Verdad Obrera entrevistó a Cecilia Feijoo y Demian Paredes, integrantes de la comisión responsable de esta nueva publicación de Ediciones IPS y el CEIP “León Trotsky”.

¿Cómo surgió la idea de volver a editar una recopilación de textos de Lenin?

Demian Paredes: Desde el equipo de camaradas que venimos militando en el terreno de la lucha ideológica y en la edición de libros nos pareció que hay una serie de textos clásicos que en otra época eran de fácil acceso para la militancia pero que ahora se encuentran casi “desaparecidos” de las librerías comerciales, y también de las librerías de los partidos de izquierda. Un caso es Lenin, quien es una referencia indiscutida para aquellos que luchamos por la revolución social pero que las nuevas generaciones conocen más por los usos del lenguaje político y por los odios que aún genera en la prensa conservadora, liberal o progresista, así como en las aulas universitarias, más que por una lectura sistemática de su obra.

Cecilia Feijoo: Estamos presentando solo una “pequeña” selección… de casi 1.200 páginas, de un hombre que se llamaba a sí mismo publicista y que a través de su rol como dirigente marxista en los acontecimientos que dieron origen al primer Estado de los trabajadores concentró una experiencia fundamental. Veíamos que con la militancia heredamos parte de un lenguaje político sustancial, que llevó a los marxistas europeos años, décadas de debates y experiencias con el “movimiento revolucionario real”, y que utilizamos muchas veces sin conocer su génesis y lugar histórico. Esto muestra para nosotros que el leninismo no es una “lengua muerta”, que tiene vitalidad para la práctica y las coordenadas de una política revolucionaria, y por ello nos parecía que había que ofrecer una recopilación de sus principales textos.

¿Cómo organizaron el material a publicar y qué los llevó a incluir determinadas obras y otras no?

DP: Fue una tarea difícil y la fuimos definiendo tomando el criterio de dar cuenta de genealogías y contextos históricos para combatir el discurso que hoy la prensa burguesa y los historiadores reaccionarios (del tipo de Robert Service) se encargan de difundir. Por ejemplo: que Lenin era “un dictador” o que “no valoraba” el papel de los trabajadores en la lucha revolucionaria. Respecto a esto último algunos sectores autonomistas y populistas afirman que en el ¿Qué hacer? Lenin sobrevalora el papel del partido como guía revolucionario, dejando de lado la experiencia de los trabajadores; en definitiva, que no tiene confianza en ellos. Estas cosas se han dicho una y otra vez, pero basta leer el texto para darse cuenta de que Lenin está discutiendo con aquellos socialdemócratas que dicen que los trabajadores tienen un “gran valor” sólo en la lucha económica, sindical. Lenin debate contra ellos planteando que es necesario que los trabajadores participen de la lucha política y que sólo lo podrán hacer desde el punto de vista de sus intereses de clase a través de la lucha por un partido revolucionario. Además este era un momento particular de la socialdemocracia rusa, que estaba dispersa y desorganizada; de ahí que Lenin inste a que los obreros e intelectuales se transformen en “políticos profesionales” capaces de conocer “las artes” de la política marxista. Su interés no era subordinar la lucha de los trabajadores al partido sino potenciarla, y para ello era necesaria una organización.

CF: Optamos por editar en el tomo uno las discusiones de Lenin previas a la revolución de 1917, siguiendo el curso de los debates de la socialdemocracia y del surgimiento del bolchevismo. Sabemos que es más popular leer los momentos triunfales de 1917, cuando la esperanza de la superación de la sociedad capitalista se entreabrió para millones, pero nos pareció que la etapa previa, cuando Lenin planteó “tareas preparatorias”, era de vital importancia, ya que nuestra situación se parece en varios aspectos a aquella de preparación, a los prerrequisitos que necesitamos conquistar en la lucha por un partido revolucionario. Un poco volviendo a lo que planteábamos, aparecen en este tomo definiciones como las de “jornadas revolucionarias” o “ascenso de huelgas”; definiciones que nosotros como corriente hemos utilizado (por ejemplo la primera) para referirnos a la serie de “actos” que compusieron las jornadas de diciembre de 2001 en Argentina.

Entonces el objetivo de los tomos es restituir ciertas verdades que expresa la obra de Lenin frente a las deformaciones y acusaciones, y por otro mostrar la vitalidad que mantiene su legado. Desde este punto de vista ¿qué quieren destacar del tomo dos de las Obras selectas?

CF: Bueno, hay dos expresiones que definen este tomo que son revolución proletaria y dictadura del proletariado. Aparecen una y otra vez en los textos de Lenin, que van de su llegada a Rusia en abril de 1917 hasta su muerte en 1924. Este es sin duda su período más polémico porque no sólo impulsa al Partido Bolchevique, y a través de él a las masas obreras, a tomar el poder en sus manos en alianza con los campesinos, sino que avanza en una serie de medidas que van a dar origen al primer Estado de los trabajadores de la historia del siglo XX. Obviamente la burguesía no le perdona a Lenin haber proclamado la paz y haber puesto fin a la Primera Guerra Mundial, no mediante acuerdos diplomáticos secretos, sino mediante proclamas y decretos en Rusia donde se expropiaba a los terratenientes, repartiendo la tierra los campesinos; decretando la expropiación de las fábricas a la burguesía; así como expropiando al capital financiero internacional al declarar la deuda pública del Estado ruso anulada. Que los ricos y sus representantes lo odien, y vean en él un hombre que atacó la “libertad”, es decir su libertad de enriquecerse a costa del pueblo, habla –por supuesto– bien de Lenin. Leyendo sus textos uno percibe las tensiones de ese momento en el que los trabajadores –que hoy solo tienen el lugar subordinado de “productores” de mercancías o de simple masa de maniobra de la política burguesa– están en el poder y deben reorganizar la economía y la sociedad en función de sus intereses. Son momentos muy difíciles y también de muchas esperanzas de esos trabajadores que, impulsados por los bolcheviques, dijeron “sí, nuestro lugar es éste”. Y esa determinación fue apoyada por los trabajadores de muchos países…

DP: Estos ataques a la “libertad” de la burguesía no solo generaron odio sino también el rechazo de muchos “marxistas”, como Kautsky, que acusaron al bolchevismo de estar “saltando etapas”, que Rusia no estaba “madura” para el socialismo, etc. El destino que luego tuvo el Estado obrero que Lenin impulsó, cuando se estaba produciendo la reacción contra la revolución y en la cumbre de la nueva sociedad se alojaba esa casta burocrática, que había expropiado el poder a los trabajadores, influyó mucho en esta visión. Los textos de este tomo muestran a un Lenin que hace esfuerzos prodigiosos para pelear por conservar el carácter revolucionario del régimen bolchevique, viendo el peligro de todos aquellos gestos que los viejos revolucionarios tomaban de la burocracia estatal en ascenso: como cuando siguiendo el precepto de Marx de que “un pueblo que oprime a otro no puede ser libre” se pelea con Stalin a propósito del problema de las nacionalidades; o cuando combate la arrogancia, arbitrariedad y prepotencia de los militantes que trabajan en los organismos soviéticos. Todo esto en momentos de dificultades internas, cuando el régimen del “comunismo de guerra” estaba agotado y se generaba una serie de protestas campesinas, y cuando el aislamiento del la revolución era acentuado y las secuelas de la guerra civil rusa aún se sentían en la economía y en el Estado. Todas cuestiones que Lenin abordó en el Discurso de clausura del X Congreso del Partido Comunista bolchevique y en La nueva política económica.

¿Quieren agregar algún comentario más?

CF: Sí. Que este libro fue hecho por un equipo que incluyó a Julio Patricio Rovelli, a cargo de la producción editorial, y a Valeria Foglia, quien trabajó codo a codo con nosotros, y diversas colaboraciones de la Juventud del PTS.

Desde el IPS y el CEIP, con la dirección del partido, hemos definido la necesidad de dar impulso a equipos amplios de camaradas que puedan tomar en sus manos esta tarea de producir y difundir las ideas revolucionarias (se puede ver la nota de Andrea D’Atri y Matías Maiello en La Verdad Obrera 511). Este es sólo un primer libro de esta nueva política que nos hemos propuesto, y esperamos que un mayor número de camaradas tome el proyecto en sus manos.

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* Hagan como recomiendan en el blog (afincado en La Docta) “Apuntes de frontera”, y léanse -al menos- un capítulo de la Historia de la Revolución Rusa, de Trotsky.

** La foto: Lenin y Trotsky, en un discurso durante 1917.