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¿Un complot de silencio?

Publicado: febrero 17, 2011 de Demian Paredes en Actualidad, Jubilados, Pensamientos

A continuación va un fragmento de un post (algo más larguito) que está en Artemuros, referido al tema de la vejez o “tercera edad“.

* * *

Digamos la verdad: el estado en que el Estado (¿sos?)tiene a nuestros abuelos habla de la moral de una sociedad y sus estratos dirigentes. Así como dan vergüenza (ajena) las terribles noticias de los niños y niñas muertos por desnutrición en una comunidad de Salta, también es vergonzoso el terrible abandono que soportan nuestros viejos y viejas. Una vida sórdida, en malas condiciones, abandonados en muchísimos casos.

Se me dirá: “Bueno; pero hay ahora toda clase de servicios para los viejos. Yo lo ví en la tele”. “¿Ah… sí? ¿Cuáles?”, pregunto yo. “Y… viajes de vacaciones, centros de descanso y rehabilitación, cenas, ropa, deporte. De todo…”, se me contestaría.

Pues bien: eso no resuelve nada.

Es sólo un “nicho de mercado”: productos que se ofrecen a este sector –llamado “de adultos mayores”- de potenciales consumidores (un sector más bien pequeño, con una mayoría de más bajos ingresos que el del “adulto-joven”, de mayor “dinámica consumista”). Pero el que no tenga el bolsillo para pagarlo –y ya dijimos cuán poco ganan unos cuántos viejos: las tres cuartas partes “la mínima”, que no llega a 1.300 pesos-, nada. Así es: nada: no hay consumo ni felicidad; según la ideología masificada en “sentido común”, durante los últimos 30 años de neoliberalismo o “restauración” conservadora.

(Al respecto vale atender la nota de Liliana Viola, “Relajación temprana”, en el suplemento Las 12, que informa la nueva moda: spa para niñas. Una moda de los países imperialistas como Gran Bretaña, que ya llegó aquí, para los sectores altos y medios, y que es algo así como una contracara de puro presente y juventud a mostrar (buscar) ante el paso del tiempo. Dice: “Adultos y niños entendidos como objetos vulnerables a cada situación pero con el recurso en la manga (y el mango) de adquirir reparadores, paréntesis en la vida real, un ritmo aletargado en contraste con el apuro de estar a la altura del mercado, las circunstancias, y bien pago, por supuesto. […] la palabra ‘relajación’ encubre toda una batería de atención personalizada, contratación de servicios y profesionalización de la belleza. La buena salud, que desde hace un buen rato viene asociada a estatus y a estética, se hace presente con unas vitrinas llenas de botellitas de agua y la oferta de una ‘dieta saludable’ para las que opten por pasarse un día entero acá.” ¡Brutal y sutil imposición del machismo y el patriarcado desde la niñez a favor de la heteronormatividad! and good business…)

Desde un punto de vista objetivo, esto, el crecimiento del sector de los “adultos mayores”, es estructural y mundial: las estadísticas y proyecciones para el año 2015 hablan de más de un 8% de población mayor a los 65 años para los países de la periferia capitalista, y hasta un 20% para los llamados “países desarrollados” (Alemania, Italia, Japón. Estados Unidos tiene hoy un 13% de su población en esta franja etaria). Un científico admitió: “la longevidad global está cambiando la naturaleza social y económica del planeta y presentando retos difíciles”.

No sólo las futuras generaciones (los niños y niñas) son importantes (el futuro), y un índice del estado de la sociedad que tenemos. También las relaciones con las generaciones que nos van dejandoindican mucho de nuestra salud moral. Moral hoy desbordada por la cultura narcisista del ciudadano-individualista-consumidor. La esencia es ahora la apariencia: qué y cómo consumís, determina qué o quién sos.

Hace poco un amigo –con quien tengo largas y peliagudas discusiones- escribía (él ya pasó los 80 años) que a los viejos, en su mayoría, se los tiene arrumbados, olvidados, dejados de lado. Que nadie les presta atención –salvo excepciones en que sí se los escucha, se les presta atención, como ocurre con el mismo Noé-. Y tiene razón. Completamente. Dice que el viejo “como en principio es un sobreviviente que no tiene mucho interés o es una carga o se repite o se enferma o no puede valerse pareciera que no vale la pena establecer ese contrato [prestarle atención] a menos que el anciano sea muy interesante, aunque, a decir verdad, eso es poco frecuente, viejos caducos, aunque no sean desechos sociales, son legión, viejos productivos, mentales, atractivos, son más raros pero los hay, desde luego que los hay”.

Por todo esto vale recordar acá algunas cuestiones que Simone de Beauvoir escribió en La vejez, un libro comenzado en 1967 y publicado en 1970, ahí nomás de la efervescencia juvenil del Mayo Francés –que junto a los 10 millones de trabajadores en huelga fueron parte del último gran ascenso de luchas anticapitalistas y antistalinistas en 1968-’81-.

Allí, en ese trabajo sumamente documentado –que incluye la situación de la “tercera edad” no sólo en Francia sino en los Estados obreros burocratizados-, Beauvoir señala que, “para la sociedad, la vejez parece una especie de secreto vergonzoso del cual es indecente hablar”. Y aclarando que el interés de los explotadores radica en que no haya comunicación entre los trabajadores y los “improductivos”, explica una brutal paradoja que hay –que se suele tener- para con ellos: “Si los viejos manifiestan los mismos deseos, los mismos sentimientos, las mismas reivindicaciones que los jóvenes, causan escándalo; en ellos el amor, los celos parecen odiosos o ridículos, la sexualidad repugnante, la violencia irrisoria. Deben dar el ejemplo de todas las virtudes. Ante todo se les exige serenidad; se afirma que la poseen, lo cual autoriza a desinteresarse de su desventura. La imagen sublimada que se propone de ellos es la del Sabio aureolado de pelo blanco, rico en experiencia y venerable, que domina desde muy arriba la condición humana; si se apartan de ella, caen por debajo: la imagen que se opone a la primera es la del viejo loco que chochea, dice desatinos y es el hazmerreír de los niños. De todas maneras, por su virtud o por su abyección se sitúan fuera de la humanidad. Es posible, pues, negarles sin escrúpulo ese mínimo que se considera necesario para llevar una vida humana”.

Insistiendo en una idea que hago mía: “Que durante los quince o veinte últimos años de su vida un hombre no sea más que un desecho es prueba del fracaso de nuestra civilización”, Beauvoir dice: “la oposición de explotadores y explotados crea dos categorías de ancianos: una extremadamente vasta, la otra reducida a una pequeña minoría. Todo alegato que pretenda referirse a la vejez en general debe ser recusado porque tiende a enmascarar este hiato”.

Un “experto” del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales predice: “Cuando llegue al 2020 gran parte del mundo desarrollado entrará en una era de crisis fiscal, con un estancamiento real a largo plazo en su crecimiento económico y habrá desagradables batallas por reducir los beneficios de las personas de edad avanzada”. ¿No es algo que ya se ha visto, que llegó antes del 2020: los planes de ajuste (fiscal) y desmantelamiento del “Estado de bienestar” en Europa? ¿“Batallas” que estamos viendo los últimos años no sólo en Francia e Italia, sino también en Bélgica, Portugal y Grecia, con los planes de aumento de la edad jubilatoria?

Entonces ¿no es hora que las generaciones más jóvenes, de trabajadores y jóvenes de izquierda, reflexionemos entonces acerca de esta problemática, desde y con todas sus implicancias?

Como recuerda Hazel Rowley en su Sartre y Beauvoir. La historia de una pareja, a pocas semanas de aparecer La vejez, los críticos franceses “destacaron que había vuelto a enfrentarse a un tabú social; una vez más, había roto la conspiración del silencio”.

Deberíamos imitarla.

Y luchar.

Por nosotros.

Y por ellos.