CFK y la “disolución” de la SI (ex SIDE): mentime (y seguime espiando) que me gusta

Publicado: enero 27, 2015 de Demian Paredes en 2015, Actualidad, Capitalismo 100%, DDHH, Debates, FFAA, FIT, Frente de Izquierda y de los Trabajadores, Kirchnerismo, Peronismo, Represión K

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La crisis política abierta con la muerte (asesinato, suicidio, “suicidio inducido”, no se sabe) del fiscal Nisman obligó al kirchnerismo a destapar la olla en la que se cocina gran parte de la política argentina, el tráfico de influencias en sus “altas esferas”: las relaciones entre los “servicios de inteligencia” y el Poder Judicial. Y a buscar cómo enfrentar el problema. Lo hizo, como bien se denuncia desde La Izquierda Diario, creando un nuevo aparato de espionaje.

 

Un poco de historia (y de historia reciente)

Como organismo de “inteligencia” del Estado, fue creado en 1946, bajo el gobierno de Perón, atento a “la moda” mundial de la posguerra de crear “servicios” civiles que respondieran al gobierno de turno, en contraposición (o más bien, como “sumatoria”) a los servicios de inteligencia que ya funcionaban (y funcionan) en las policías y FFAA, y que responden al mando de su arma. Desde entonces, ya sea bajo regímenes militares o con gobiernos constitucionales, la SIDE (que en su propia jerga se autotitula La Casa) siempre se mantuvo a flote, y activa, y aprovechó cada oportunidad que tuvo para consolidar y ampliar su poder. En su historial no sólo está el tráfico de influencias, negociados y el condicionamiento a sectores de la casta política (en los tres poderes del Estado), además de las relaciones con otros servicios del mundo (como la CIA y el Mossad), sino el “espionaje interno” –prohibido por la Constitución– a organizaciones juveniles, sociales, políticas, sindicales y culturales. Un poder inmenso, de accionar oculto, secreto e impune.

Durante la última dictadura militar –y aún antes: fueron los responsables ya en el año 1971 del secuestro y torturas a una activista rural del Chaco, una docente–, también como los militares y policías, se hicieron con su parte del “botín de guerra” contra los luchadores sociales, políticos y guerrilleros, adueñándose de sus dineros, bienes y objetos personales, y propiedades: casas que fueron, muchas, nuevas bases de operaciones, “en negro”, al margen del Estado. Todos los gobiernos “democráticos”, desde el ‘83 hasta el presente, convivieron (bien o mal) con los “servicios”. Les dieron ($) y recibieron (“carpetas”: informes, con escuchas y fotos); los usaron y, a su vez, fueron condicionados. Más acá en el tiempo, el ex ministro de Justicia Béliz denunció y reconoció –lo que le valió una denuncia judicial y un exilio de casi una década– que los servicios de inteligencia son, en verdad, “una policía secreta y un Estado paralelo”.

Bajo la década kirchnerista, las relaciones de este “Estado paralelo” con el gobierno nacional siguieron inalterables, desde el 2003. Esto dice el periodista Gerardo Young en su libro –que será reeditadoSIDE. La Argentina secreta (Planeta, 2006), sobre el ahora ex Jefe “operativo” de la SI, Jaime Stiuso:

“No por nada había llegado tan lejos [habiendo comenzado en 1972]. Él sabía qué hacer con la SIDE y cómo caerle en gracia a los visitantes. Primero los llenó de carpetas. Si el Presidente [Néstor Kirchner] se peleaba con los ministros de la Corte Suprema de Justicia, allí aparecían los antecedentes de cada uno de los jueces, con sus redes de amistades e influencias, sus opiniones públicas y privadas. Si el Presidente criticaba a algún banquero, allí aparecía la carpeta del banquero. [Francisco] Larcher [número 2 de la SIDE por orden presidencial, tras Icazuriaga] se envalentonó enseguida. Todos los viernes le pasaba a Jaime la lista de actividades del Presidente para la semana siguiente. Los lunes, encontraba su despacho repleto de papeles e informes reservados” (p. 270).

Young dice:

“El poder de la SIDE no paró de crecer. Siguió controlando a los movimientos piqueteros, monitoreando a la oposición, acumulando carpetas de enemigos y hasta de aliados. La SIDE de Kirchner, como las otras, como la de siempre, también ejercía control sobre el gabinete presidencial. Ya había ocurrido con Béliz. Ahora Jaime empezaba a seguir al ministro del Interior, Aníbal Fernández” (p. 304).

 

Hecha la ley (o decreto-ley), hecha la trampa

Lo que hizo CFK con su decreto (a enviarse al Congreso) coincide con lo que pidieron varios de sus partidarios tras la muerte de Nisman, desde un tímido Scioli (habría que “repensar las estructuras y funcionamientos”), pasando por Horacio González y Eduardo Jozami, funcionarios e intelectuales de Carta Abierta: una reforma. Con la creación de este “nuevo organismo”, la Agencia Federal de Inteligencia (quienes tendrán director y subdirector por medio de un acuerdo con el Poder Ejecutivo y el Legislativo, y donde la órbita de las “escuchas” pasará a la Procuración General de la Nación), quieren hacernos creer que habrá “un nuevo paradigma”. Y sin embargo, esto no se puede creer. ¿En base a qué se pondrá en pie este “nuevo organismo”? Los más de 2.000 agentes de la actual SI, ¿se quedan o se van? Según Young “No estará (Jaime) Stiuso pero hay un montón de agentes formados a la vieja usanza”. Difícil que les cambien la mente y el accionar con la revista de Las Madres, papers y cursos de historia y derechos humanos… Y más difícil que esto lo proponga un gobierno que amparó 12 años a Stiuso y Cía., y a las mafias de la Policía Federal (y su aparato de “inteligencia”) y de la burocracia sindical (también provenientes de la época de la dictadura), además de emplear el Proyecto X y haber votado la “Ley antiterrorista” pedida por Estados Unidos.

El “experto” Ricardo Arslanián, por ejemplo, se alegra con la medida y dice que “Para los espías sin trabajo hay que establecer una ley especial, que contenga indemnizaciones o autorice su retiro”. Más hipócrita o cínico (o las dos cosas a la vez) Aníbal Fernández –¡cuando aún no se sabe la verdad sobre la muerte de Nisman!– asegura que “No existe riesgo con la mano de obra desocupada”(!?). (En realidad, no tienen ni idea los kirchneristas de cómo funcionarán y con quiénes la nueva Agencia: “hay que hacer un trabajo inteligente y ver cómo se resuelve y se abordan los funcionamientos a futuro”.) Alguien debería recordarle que Julio López sigue desaparecido, y gracias al encubrimiento de la SIDE, como recordó Myriam Bregman, quien además denunció al kirchnerismo y al macrismo, ya que ninguno puede presentarse como víctima de los servicios: ambos tienen sus fuerzas de inteligencia (¡Milani!) activas, contra los luchadores y sectores populares.

En definitiva, si “tirar un muerto”, como dijo Zafaroni, “no es nada nuevo”, y si además Nisman fue el primero, “sólo” por el despido de Stiuso (en “una tentativa de golpe de Estado”, según el juez de la Corte Suprema), no podríamos descartar, entonces, que a mediano plazo haya más muertos, una lluvia de muertos (por qué no), donde hasta podamos pagar los platos rotos, en esta guerra en las alturas del Estado y el para-Estado, sectores de la izquierda y los luchadores (remember la bomba que explotó en Plaza de Mayo durante la marcha por el 19 y 20 de diciembre en 2006).

 

Reforma o revolución: movilizarse contra el Estado y sus instituciones

No hay ninguna reforma entonces: se trata, “simplemente”, del cambio de un organismo por otro, con la misma función: que el poder Ejecutivo, que el gobierno de turno, posea su propio aparato de espionaje e intervención en el conjunto de la vida social, económica y política.

Por otra parte, se equivoca el profesor Rolando Astarita, en una mezcla de marxismo y derrotismo, al negarse a levantar la consigna de disolución del aparato de espionaje. ¿Cómo no centrar la denuncia y el llamado a la movilización contra esta pata fundamental del Estado capitalista? Astarita cree que con machacar la denuncia alcanza; pero se trata de intervenir en la coyuntura con una política que enfrente a este sector del aparato estatal, cuando es visto ante miles y miles en su accionar mafioso, y al mismo tiempo superar las ilusiones de reformas gatopardistas que propone el kirchnerismo (tal como escribe Horacio González en la contratapa de Página/12, asegurando que los servicios han sido “por suerte disueltos ahora en un hecho histórico y bajo el anuncio de trazados nuevos que el Parlamento y la sociedad deberán discutir”). Al contrario de lo que piensa Astarita, se trata de movilizar y organizar; no de movilizar… y esperar que alguien haga (o no) lo que queremos.

Como se planteó desde el PTS y el Frente de Izquierda, la agencia de servicios de “inteligencia” es algo irreformable. Y por ello hay que aprovechar cada situación donde se pueda expresar (activamente) el descontento de los trabajadores, la juventud y el pueblo pobre ante estas brutales contradicciones del gobierno. Como respondieron de inmediato tras el anuncio presidencial los diputados del FIT, Christian Castillo y Nicolás del Caño, “es necesario una gran movilización de los trabajadores y el pueblo por la apertura y la desclasificación de todos los archivos de la ex Side y la nómina de todo su personal. Abajo el Proyecto X. Fuera Milani. Basta de patotas de la burocracia sindical. Comisión investigadora independiente para esclarecer el atentado de la AMIA, compuesta por familiares de las víctimas y personalidades de los organismos de derechos humanos.”

El 4 de febrero la CTA de Micheli y otras organizaciones llaman a realizar una marcha, para pedir el esclarecimiento de la muerte de Nisman y “la creación de una comisión investigadora en el marco del Congreso Nacional, la apertura de los archivos de la causa AMIA y que se hagan públicas las pruebas que estaban en poder del fiscal Nisman”. Aun denunciando la “Ley antiterrorista” del kirchnerismo, y los programas de espionaje a las organizaciones populares (como el Proyecto X), se llama a depositar esperanzas “en el marco del Congreso Nacional”… Por todo ello, hay que huir de todo abstencionismo y propagandismo (como el que propone Astarita), levantar una política independiente de las instituciones estatales –como proponemos desde el FIT– y desarrollar una política para en pie un frente único de lucha de todas las organizaciones que estén por el desmantelamiento del aparato estatal, comenzando por su servicio de inteligencia y espionaje.

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