Linchamientos, Estado y lucha de clases: tres cuestiones

Publicado: abril 6, 2014 de Demian Paredes en 2014, Actualidad, Capitalismo 100%, Debates, FFAA, Juventud, Kirchnerismo, Movimiento Obrero, Peronismo, Represión K, Sciolismo, Sindicalismo de base, Sindicatos

Leviathan1.

A lo que se escribió en este blog, en el post “Los linchamientos y sus usos (propagandísticos-políticos)”, hay que sumar, ahora, en la coyuntura, la nueva medida del gobernador de la PBA, Scioli, y su decreto de la “Emergencia en seguridad pública”. Entre las veinte (reaccionarias) medidas del gobernador, dice hoy el periodista RaúlKollman, “tal vez las más trascendente es a la que no se le dio tanta exposición: al declararse la Emergencia de Seguridad por un año, se faculta al Ejecutivo para que haga compras de patrulleros, armas y chalecos antibala, y se construyan alcaidías y unidades penitenciarias sin demasiados trámites.” ¿Acaso un invento bien peronista, un bonapartismo securitario?

Tomando lo que dicen “ojos críticos”, Kollman apunta que, para Scioli, sería “una movida especialmente mediática de instalación del miedo.” Y sigue: “El gobierno provincial entregó un listado de lo que implica la Emergencia, aunque el texto omite –según los críticos– algunos aspectos fundamentales. Entre ellos el control de la fuerza policial –más que vinculada con el delito– y al que parece dársele carta blanca. Uno de los puntos más críticos en esa relación policías-delito son los desarmaderos: en los 22 puntos dados a conocer ayer, no se menciona la cuestión.” (Por su parte, para el periodista “K crítico” (ponele), HoracioVerbitsky, “esto no pasa de ser una actitud efectista que con alta probabilidad agravará las cosas.”)

Como bien denunció Christian Castillo, diputado provincial del PTS/FIT, “Los anuncios de Scioli continúan la política de ‘mano dura’ para criminalizar la pobreza y dar más poder a la policía que organiza el ‘gran delito’: el narcotráfico, los desarmaderos y la trata de personas, como quedó claro con la destitución de las cúpulas policiales de Córdoba y Santa Fé por su complicidad con los narcos. Scioli pretende utilizar el debate abierto a partir de los linchamientos fascistizantes para fortalecer el aparato represivo del estado”.

Mayor gatillo fácil, más jóvenes y pobres en las flamantes cárceles de Scioli: ese será el resultado del nuevo decreto.

2.

Haciendo una interesante crítica, a tono con las medidas que estamos discutiendo de “presencia (fortalecimiento) del Estado”, se puede leer el siguiente pasaje de un artículo publicado en Le Monde Diplomatique (de marzo) del filósofo Giorgio Agamben –siguiendo al Foucault de Estado, territorio, población–, respecto a “la videovigilancia de las calles de nuestras ciudades” (¡camaritas para todos y todas!, una de las actuales políticas macristas, massistas, sciolistas y berni-kirchneristas respecto a la tan mentada “seguridad”). Dice Agamben: “Este dispositivo tuvo el mismo destino que las huellas digitales: concebido para las prisiones, fue progresivamente tendido a los lugares públicos. Ahora bien, un espacio vigilado por video ya no es un ágora, ya no tiene ningún carácter público; es una zona gris entre lo público y lo privado, la cárcel y el foro. […] se trata de gobernar la vida biológica de los individuos (salud, fecundidad, sexualidad, etc.) y ya no solamente de ejercer una soberanía sobre un territorio. Este desplazamiento de la noción de vida biológica hacia el centro de lo político explica la preeminencia de la identidad física sobre la identidad política.

Pero no debe olvidarse que la asimilación de la identidad social con la identidad corporal empezó con la preocupación de identificar a los criminales reincidentes y a los individuos peligrosos. No es por lo tanto para nada sorprendente que los ciudadanos, tratados como criminales, terminen aceptando como algo que va de suyo que la relación normal que el Estado mantiene con ellos sea la de sospecha, el fichaje y el control. El axioma tácito, que cabe correr el riesgo de enunciar aquí, es: ‘Todo ciudadano –en tanto que un ser vivo– es un terrorista potencial’. Pero ¿qué son un Estado, una sociedad regidos por semejante axioma? ¿Pueden todavía ser definidos como democráticos, o incluso como políticos?”.

Es así cómo el capitalismo aprovecha la histeria social-colectiva (que impulsan los medios hacia la casta política, y viceversa) para que el aparato estatal –el aparato de dominación clasista– quede habilitado a tomar –según la fórmula consagrada– “medidas de excepción”, justificadas –por ejemplo– ante el “ataque cruel y salvaje de una delincuencia de características violentas sin precedentes”, como lo dijo ayer Scioli…

 

Entonces, ¿más Estado (tal como piden las y los kirchneristas)? Ahí está el elogio a Scioli y su plan de “presencia estatal” por parte de la oposición derechista; a María Eugenial Vidal, del Pro (“Las medidas tomadas están bien para la urgencia”), a Francisco DeNarváez, del peronismo “no K” (“el gobernador tomó una decisión correcta”), y a Massa, del FR (“Nos genera satisfacción que el gobernador, como responsable de la seguridad en la provincia, haya reconocido la gravedad de la situación. Mayor compromiso nos genera ver que muchas de las medidas planteadas son las propuestas que eligió la gente cuando votó al Frente Renovador”). Así Scioli, “el heredero” más firme para suceder a CFK tras las presidenciales de 2015, recibe el beneplácito del derechismo político argentino… Ahí está el destino del “modelo nac&pop” de los K, en coincidencia con el ascenso de Berni y de Milani en el Ejército… Y si algún bloguero o cartaabiertista nos quiere recordar que, sin embargo, “la sucesión presidencial está en disputa”, tendremos que recordar (y ellos conformarse –como lo han hecho todos estos años–) con los grandes estadistas(?) que dicen ambicionar participar de las PASO previas a octubre del año que viene, como Aníbal Fernández, Urribarri o Randazzo. Ministros que –como ya señalamos en el post anterior–, adoptando el lenguaje de la corpo mediática, fustigaron (muchísimo) el paro del #10A convocado (tardíamente, como hemos dicho, y sin ninguna perspectiva seria de lucha) por dos fracciones de las tres de la CGT, y por una de las dos CTA, diciendo que la medida de lucha obrera tendría como “único objetivo” “joder a la gente” (ver acá y acá, por ejemplo)… Lo que nos lleva a otra cuestión que trataremos en el siguiente ítem.

3.

Si el “clasismo” de los sectores medios (e, incluso, de sectores asalariados urbanos) contra los pobres y jóvenes (sean éstos delincuentes o no) se expresó fascistoidemente en las persecuciones y corridas, golpes y linchamientos –difundidos ad nauseam por los medios “de comunicación” estas últimas semanas–, ahora esta tendencia se expresó nuevamente: contra un joven maquinista de un tren de la Línea Sarmiento. Hace dos días, en el ramal Tigre-Retiro, se incendió una formación antes de llegar a Retiro, chispazos por “desperfectos técnicos”, etc. (lo de siempre: otra confirmación de la falsedad de la “revolución ferroviaria” que prometió Randazzo) La cuestión es que los pasajeros apedrearon la cabina del tren y al maquinista, y este está en riesgo de perder el ojo.

El sindicato La Fraternidad, en un comunicado, “Adelantó que no descarta la realización de un paro para rechazar el ataque, y apuntó contra el ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo: Caminos anunció que lo denunciarán por “alentar” a la violencia a los pasajeros a través de sus declaraciones a los medios.”

Así, estos hechos (el clima de paranoia fascistizante que promovieron los medios, los linchamientos y persecuciones; los estallidos de bronca popular como el de los pasajeros contra el motorman; el decreto “de emergencia” de Scioli –más policías, equipamientos y cárceles–, y, por supuesto las declaraciones de los ministros kirchneristas –lo que incluye a la misma CFK, quien el 1 de marzo, en su discurso en el Congreso, convocó a que haya una “ley antipiquetes”–) actúan como una “contratendencia”, son fenómenos reaccionarios, contra el paro del #10A, y contra la posibilidad de que se abra una situación con mayores niveles de lucha de clases (la gran e histórica huelga docente fue todo un anticipo, junto a este paro nacional que viene, del período que se puede abrir ante la crisis económica y el fin del ciclo político del kirchnerismo). “¡No me linchen, que hoy no paro!”, de seguro le gustaría oír decir al kirchnerismo (y a toda la casta política y económica burguesa) a muchos/as trabajadores/as por los medios, el próximo #10A…

(Y habrá que ver también qué dice –y cómo nos difernciamos claramente los luchadores y la izquierda de– la burocracia sindical sobre todo este tema, ya que convocó intermitentemente a este paro incluyendo una consigna “contra la inseguridad”, tomando como referencia los asaltos a colectiveros que se sucedieron los últimos meses y que llevó a un paro a la UTA…)

 

Como plantea la declaración del Encuentro Sindical Combativo que se reunió en Atlanta hace pocas semanas, el paro del 10 debe ser impulsado desde las bases, como un paro activo (con asambleas en todos los lugares de trabajo, para discutir un plan de lucha para evitar así el efecto de “descompresión” que pretenden las burocracias de la CGT y CTA, al no pretender darle alguna clase de continuidad más o menos seria), con el objetivo de combatir la inflación que carcome el salario, y los planes del gobierno nacional, de devaluación y tarifazos. Sea con amenazas antipiquetes legales-estatales de funcionarios y políticos, o de “ciudadanos”-“vecinos”, el sindicalismo combativo (y la izquierda) tomará la jornada del 10 como el comienzo de una lucha que debe continuar, contra las direcciones burocráticas de los sindicatos, que están (todas) alineadas con uno u otro proyecto político patronal.Para “enfrentar la pérdida salarial y el ajuste realizado por el Gobierno”.

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