Peronismo histórico y kirchnerismo efímero (hoy el post lo hace Cecilia Feijoo)

Publicado: febrero 13, 2014 de Demian Paredes en 2014, Actualidad, Capitalismo 100%, Cipayismo nac&pop, Debates, Kirchnerismo, Movimiento Obrero, Peronismo, Sciolismo

peronismo-historico-numero-especial-todo-es-historia-54-MLA4647759561_072013-FPor Cecilia Feijoo

Marx discutía hace tiempo con el reformador Proudhon que era imposible separar en una categoría económica, por ejemplo, la división social del trabajo o el monopolio capitalista, el “lado bueno” del “lado malo” para quedarse solo con el “lado bueno”. En la vida real, decía Marx, de lo que trataba era del movimiento, del equilibrio entre “esos lados”. Así por ejemplo el monopolio engendraba su “otro”, la competencia, y viceversa, la competencia capitalista engendraba el monopolio. De lo que se trataba era  de “aniquilar el modo actual de producción” porque solo así se aniquilaría “su unidad, su síntesis, el movimiento, que es el equilibrio real de la competencia y del monopolio”.
Nuestros “progresistas K” hace años que hacen malabares intentando separar o fortalecer el “lado bueno” del capitalismo argentino de su “lado malo”, y como buenos reformadores lo hacían ocultando al pueblo trabajador que, en realidad, están fortalecido y revitalizado el movimiento, la unidad con su otro, el “lado malo”. Han fortalecido a su antagonista y el mito de que el “lado bueno” del capitalismo que versaba en que “la política” (supuestamente de carácter popular) se imponía sobre las corporaciones económicas, se ha venido a pique. Claro que era una imagen de lo más irreal, pero se puede vivir siglos engañado por una “idea” como gustaba despotricar François Furet en 1989.
Los progres K se ofuscan porque caen en la cuenta que los planes sociales y subsidios mediante los cuales pretendieron fortalecer el lado bueno, la “distribución de la riqueza”, la “política soberana” de pagar la Deuda Externa, Aerolíneas, Anses, e YPF, etc. no ha debilitado ese su “otro lado” y vociferan despechados de la necesidad de “grandes reformas” que ataquen la estructura, la “síntesis”. Su “otro” se ríe y muestra los dientes: la única, la verdadera, burguesía nacional, la patronal agraria, y su aliada estratégica desde que el país era un repollo y Rivadavia proclamaba la ley de enfiteusis; el capital extranjero hoy personificado en las trasnacionales agroexportadoras, la gran industria y la banca. Los miembros más “idealistas”, los ”jacobinos” kirchneristas, llaman a conformar una Junta estatal de granos, rememorando al IAPI peronista, proclaman la necesidad de estatizar el comercio exterior, dicen que la “Patria está en peligro” e inclusive se ilusionan con una reforma agraria.
Dejémoslo claro, tanto griterío sirve para que Kicillof, luego de devaluar la moneda y realizar una nueva transferencia de riqueza a las grandes corporaciones, se siente en la mesa de negociación con éstas para garantizarles suculentos beneficios a cambio de unos pocos miles de millones de dólares que le permitan al BCA sostener el pago de la deuda, las cuentas fiscales provinciales y nacionales. Pero como no podía ser menos a la hora de discutir las ilusiones Horacio Verbitsky ha ilustrado a la manada este domingo haciendo palpable las tesiss que Trotsky formuló para los países “atrasados” como el nuestro y que los trotskistas argentinos, como Liborio Justo, plantearon en los años ’30.
Horacio no se va con vueltas y sentencia sobre la reforma agraria: “Las condiciones del agro argentino tampoco permiten una proyección mecánica de aquellos modelos”. Para el periodista aconteció un cambio estructural en el agro que impide soluciones como la reforma agraria. Mientras que “En la primera mitad del siglo pasado, los pequeños arrendatarios resistían la explotación de los grandes propietarios pampeanos. En el actual paradigma sojero en cambio, no median relaciones de explotación entre quienes ceden y quienes toman tierras ya que las economías de escala operan en pequeñas, grandes y medianas superficies … Una propuesta tradicional de reforma agraria unificaría a todos en contra y en todo el país, ya que la soja rompió los límites de la región pampeana. Pero ese agro que adquirió dimensión nacional sigue siendo manejado por los descendientes de la oligarquía pampeana. Peor aún, en esas nuevas regiones sojeras hasta los trabajadores podrían identificarse con los propietarios, ya que ganan más que con los cultivos tradicionales desplazados. Sin hablar del apreciable número de gobernadores, legisladores y sus familiares, del oficialismo y de la oposición, que se dedican a esos cultivos”.
Lo que Horacio no explica es ¿por qué durante la primera mitad del siglo, cuando mediaba relaciones de “explotación” el peronismo histórico no avanzó en una reforma agraria, en la expropiación de esa tierra (que recordemos fue obtenida de manera non sancta aunque muy cristianamente aniquilando a sus poseedores de antaño) y su nacionalización en beneficio de las grandes mayorías populares? Lo que sí deja claro Horacio es que este peronismo efímero que es el kirchnerismo va a continuar con esa tradición que lo hace ser lo que es: una expresión más del peronismo, la contraparte de la oligarquía terrateniente, su reaseguro frente a las masas explotadas. Horacio culpa primero a los trabajadores rurales de la imposibilidad de una reforma agraria genuina para a punto seguido cantar lo que realmente pasa: los partidos del régimen, oficialistas y opositores, son parte o socios de esta oligarquía agraria pampeana que ha deglutido a todo el territorio nacional.
El conservadurismo del kirchnerismo y la confesión de su intelectual “autónomo” son el reconocimiento de que él es una nueva forma (más) del peronismo, una forma efímera como lo fue el cafierismo, el menemismo, el duhaldismo y el noveau massismo. Aunque en las difíciles condiciones económicas actuales se entusiasme con algún tipo de “eternización” o “gesta histórica” –vía el “sciolismo” representando la “filosofía del kirchnerismo”(?), como asegura la inefable Diana Conti– es muy probable que el kirchnerismo quede en el recuerdo, como sus otros exponentes; una figura más de la genealogía “nacional y popular”. Seguramente tendremos otras figuras más de este “equilibrio antagonista” en las elecciones de 2015 (Scioli, Massa, Capitanich, etc.) si no media la intervención de los trabajadores como fuerza histórica y política.

Como planteó León Trotsky la revolución democrática está íntimamente relacionada con la revolución socialista, solo los trabajadores y sus aliados en el pueblo, pueden destruir ese “eterno movimiento”, ese equilibrio móvil mediante el cual el uno, el peronismo en el Estado, y el otro, la oligarquía y el capital extranjero, se han regenerado, con las interrupciones sanguinarias del partido militar, a lo largo de nuestra historia como nación semicolonial. Solo los trabajadores pueden realizar “incursiones despóticas” en la propiedad de la tierra de la oligarquía pampeana y los políticos burgueses. Las condiciones de desgaste del kirchnerismo con su propia base social entre los trabajadores y el pueblo pobre pueden canalizar nuevas experiencias que avancen hacia una posición autónoma de los trabajadores. Allí está nuestra apuesta.

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