Lock-outs de azul, saqueos, Estado, “cadenas de mandos”…. y estructura socio-económica neoliberal

Publicado: diciembre 9, 2013 de Demian Paredes en 2013, Actualidad, Burocracia sindical, Capitalismo 100%, Debates, FFAA, Juventud, Kirchnerismo, Movimiento Obrero, Peronismo, Sciolismo

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El gobierno, con el corazón en la boca, acusa –como siempre que hay algún quilombo, alguna bronca obrera y popular (como cuando se han quemado los trenes por el pésimo funcionamiento del transporte público)– que hay “pactos desestabilizadores”, “complots”, etc. Y por supuesto que acá hay (como han venido analizando compañeros y compañeras en los “blogs troskos” de todo el país: acá, acá, acá, acá y acá, entre otros posts) más elementos que debe sumar todo análisis de la coyuntura a la bronca popular: se viene dando, desde hace casi una semana, una serie de lock outs policiales, en varias provincias del país, donde, rota la cadena de mando, los reclamantes, autoacuartelados, familiares, etc. aprietan a los gobernantes (al “poder político”) para aumentar los ingresos (ojo: en blanco) del personal policial.

Las negociaciones van y vienen: algunos gobernantes tratan con los reclamantes (con la corporación de azul) abiertamente; otros, como Urribarri, se hacen los duros y los llaman sediciosos; otros, como Scioli, negocian y “ceden imponiendo”, tratando de mantener (alguna) autoridad (cosa que habrá que ver cuánto resultado da: eso sí: está claro que el gobernador de la Pcia. está dispuesto a ponerles a las canas un básico de 8.500 pesos –Urribarri también–… mientras los docentes ¡cobran menos de la mitad!). La cuestión es que la policía sigue “de paro” y ya hay blogs kirchnerista que se dan por derrotados en la pulseada: dice uno

Las Policías, apelando a la ilegalidad, justo ellas, demostraron su fuerza: se acuartelan, liberan ciudades o zonas, seguramente promueven los saqueos. Y entonces lo fundamental: sin ellos no hay solución. Pedirles grandeza o solidaridad es de romántico o estúpido. La Gendarmería puede ser paliativo, pero no más. La relación entre las FFSS locales y el crimen no es un invento, y huelgan las palabras.

¿Cuánto entregarán los gobernadores? ¿Y el gobierno nacional? ¿Habrá mañana “fiesta por los 30 años de democracia” (otro tema que debaten los blogs oficialistas), con la (su) policía acuartelada, con saqueos (e intentos) y muertos?

Desde ya que está fuera de discusión para quien postea que haya “un reclamo salarial legítimo” (como dicen el MST e Izquierda Socialista, entre otros): la Policía no es una institución “de trabajadores”, sino una banda armada que detenta, vía el poder político estatal y gubernamental, el monopolio de la violencia. Su “sindicalización” –que en alguna medida ya existe: ver acá y acá– no cambia nada (o, a lo sumo, le da una mayor “institucionalidad” propia). Su autonomía relativa –que incluye la regimentación de los grandes crímenes: robos, piratas del asfalto, redes de trata, narcotráfico y un largo etcétera– les permite hacer esto (el “paro”, la promoción de saqueos –como en Córdoba–, el apriete a los gobernantes); y más: permite –vía la suma del accionar de punteros y mafiosos de todo pelaje– los saqueos a comercios, sean de grandes cadenas y/o de locales y negocios de la clase media. No apoyamos los reclamos de los aparatos represivos.

Pero hay algo más para sumar a los análisis.

Como lo han admitido, por poner dos ejemplos, Verbitsky (“Estos estremecimientos se originan en los conurbanos de las provincias fundamentales del modelo productivo implantado desde mediados de la década de 1990, con la tremenda polarización clasista y el desplazamiento de poblaciones, cuyos efectos sólo fueron atenuados por los avances reparadores de la última década”) y el peronista kirchnerista (o el kirchnerista peronista, lo mismo da) Eduardo Jozami, se mantiene la estructura neoliberal en el país, donde el “subsuelo de la patria”, ante una “oportunidad” como esta, de que no haya policías (o haya menos) se subleva, y actúa desesperadamente, saqueando comercios, demostrando que no hay ninguna “década ganada” y sí miseria y hambre en los alrededores de las grandes (y medianas y chicas) ciudades del país, mientras los sojeros, los (preocupados) industriales y los banqueros se la han llevado en pala, como nunca.

Ante esto, la burocracia sindical se llama a silencio, y es cómplice de que, en esta crisis de gobierno, la clase trabajadora no pueda intervenir como actor político independiente en la escena nacional. Una política clasista debería partir de denunciar la existencia de grandes bolsones de desocupación, precariedad y miseria, y proponer, fomentar, la organización en los barrios de delegados, para marchar y exigir, organizadamente, a las grandes cadenas (internacionales) de supermercados mercaderías para paliar de inmediato la situación.

Más allá de cómo terminen las negociaciones entre las policías y los gobiernos (provinciales y nacional), esto (la unidad de los trabajadores ocupados, subocupados, precarizados y desocupados, con la juventud plebeya de los barrios) podría ser el comienzo de una política de alianza obrera y popular, para que la crisis (el enfriamiento de la economía) no la pague el pueblo trabajador y sí los capitalistas. Una tarea (un programa y perspectiva políticos) que, allende las coyunturas, se torna estratégica.

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