La izquierda, el parlamentarismo y la cuestión del poder gubernamental (hoy el post lo hace Cecilia Feijoo)

Publicado: noviembre 27, 2013 de Demian Paredes en 2013, Actualidad, Debates, FIT, Frente de Izquierda y de los Trabajadores, Historia, Kirchnerismo, Marxismo, Movimiento Obrero, Peronismo, Rosa Luxemburg

Por Cecilia Feijoo

sisifo

 “En la sociedad burguesa a la socialdemocracia le corresponde por su misma esencia el papel de un partido de oposición; no puede transformarse en partido gobernante más que sobre las ruinas del Estado burgués”

Rosa Luxemburg

El nombramiento de Axel Kicillof como Ministro de Economía de la Argentina por un lado y el crecimiento electoral de la izquierda que ha permitido la obtención de cargos parlamentarios, ha reavivado la cuestión de la actitud de los socialistas frente al poder del estado burgués.

El primer debate en la actualidad no es relevante en sentido estratégico porque el “flamante” Ministro de Economía ni es marxista ni socialista. La importancia de este debate aparece como crítica a la ideología que expresa en sí esta representación. A ciertos sectores de la burguesía argentina y de la derecha política la designación de Kicillof parece un concesión exagerada, más allá de que el “flamante” Ministro haya dado con creces pruebas de defensa del capitalismo y de la explotación como su núcleo económico central. La nueva estrella “progre” del gobierno K no expresa ningún cuestionamiento al capital (ninguna clase de “salida por izquierda”(!?), como se llega a ilusionar la intelectual de Carta Abierta María Pía López) sino más bien un gesto de “equilibro” de un gobierno que se ha venido inclinando hacia el centro del espectro político. Que Kicillof  “sospeche” que las empresas han incrementado sus beneficios, y que a pesar de ello estén aprovechando “subsidios estatales” para acrecentar sus arcas no obedece a un supuesto marxismo sino a la puja entre las distintas alas de la burguesía y el Estado que usufructúan el dinero del fisco, dinero que proviene de los impuestos a los sectores populares (el IVA principalmente, el impuesto al salario…).

El colmo de toda está confusiones es la algarabía de los “progres” K que se ilusionan con posibilidad de algún tipo de socialismo “nacional”, algo como mínimo cuestionable si se parte del padrinazgo del acuerdo Chevron-YPF. Para contrarrestar tantas falsedades del relato K algunos han traído a colación el debate que Rosa Luxemburg cruzó con los reformistas de la Segunda Internacional y en particular contra la postura adoptada por el Partido Socialista Francés a finales del siglo XIX. Era una situación completamente distinta a esta, sin embargo algunas de sus conclusiones marcaron un camino práctico para el socialismo revolucionario de la época que conservan su actualidad.

La República Francesa surgida del aplastamiento de la comuna de París estaba pasando por una profunda crisis de legitimidad. Los casos de corrupción por un lado y un creciente envalentonamiento de la derecha antisemita (asunto Deyfus) llevó al gobierno de “concentración republicana” a la dimisión. Fue en la conformación de un nuevo Gobierno, el de Wladeck-Rousseau, que el Partido Socialista Francés, encabezado por Jean Jaurès, decidió “participar” proveyendo un Ministro de Comercio socialista, Millerand. Junto al “flamante” Ministro socialista se incorporó al nuevo gobierno el Marqués de Gallifet, conocido por su bravura en la represión de la Comuna de París y por sus gestos “de profunda civilización occidental” en la ocupación francesa a Argelia y México, entre muchos otros datos de su curriculum reaccionario. Era un gobierno de “equilibro” que intentó hacer frente a una crisis de legitimidad de la República. Luego esta experiencia se repitió en las crisis gubernamentales de la primera guerra mundial, y fue zanjando la brecha que separó a socialistas “oficiales” y comunistas a partir de 1917.

Su parecido puede ser distante pero podemos rastrear los ecos de la analogía. Jaurès afirmó que las reformas económicas introducidas por el nuevo Ministro de Comercio eran “los gérmenes del socialismo que plantados en el suelo del capitalismo, traerían maravillosos frutos” (cosas por el estilo está publicando extasiada P12 por estos días), a lo que Rosa Luxemburg contestó:

“La protección simultanea de los intereses de los trabajadores y de los empresarios a través de concesiones ilusorias para los primeros y materiales para los segundos, encuentra su expresión más tangible en la elaboración de medidas simultaneas destinadas al bienestar de los trabajadores en los papeles, y a la defensa del capital detrás del acero real de las bayonetas”

Detrás de las “ilusiones” y “beneficios” que traería para los trabajadores “en los papeles” se esconde la defensa del capital, y la forma estatal que esta reviste, el monopolio de la represión “legítima”. Lo que Kicillof viene a defender no son las mediadas “progres” y “nacionales” con las que se ilusiona la centro-izquierda K, sino el fortalecimiento del gobierno burgués y el sostenimiento de los negocios capitalistas.

Sísifo, el parlamentarismo y la cuestión del “poder político”

Pero releyendo este debate, y a Rosa Luxemburg, se filtra en realidad otra discusión que sí tiene un carácter estratégico para los revolucionarios que hemos obtenidos puestos en los parlamentos nacionales, provinciales y locales. En un significativo texto llamado “Cuestiones de táctica” Rosa Luxemburg vuelve sobre los problemas planteados por la experiencia francesa, y avanza en distinguir el papel que un socialista puede ejercer desde un puesto parlamentario de la participación en un cargo de “poder gubernamental”. Este debate es importante porque nuestros aliados en el FIT, el PO, viene haciendo publicismo, y más desde el triunfo de Salta, en la posibilidad de que la izquierda sea una “alternativa de poder en 2015”. Acá deliberadamente se puede confundir el crecimiento parlamentario y electoral de la izquierda con la posibilidad de ser una “alternativa de poder” abriendo sutiles desplazamientos que no podemos dejar de marcar… quizás porque se olvida decir que la izquierda “no puede transformarse en partido gobernante más que sobre las ruinas del Estado burgués”… y ese “arruinarse” del Estado capitalista solo puede ser producto de la acción violenta de la clase obrera y sus aliados populares. Mientras tanto la izquierda revolucionaria “le corresponde por su misma esencia el papel de un partido de oposición”.

Por esto, y varias cosas más, es muy interesante volver sobre el debate de Rosa Luxemburg contra el reformismo. En primer lugar Rosa responde a aquellos que objetan: “¡Acaso los socialistas solo podremos oponernos siempre! ¡Nuestra labor nunca será positiva!”. Pero Rosa responde que no es así, los socialistas deben llevar adelante un trabajo práctico a favor de la obtención de reformas. Su atención no está puesta en el pliego de demandas de los socialdemócratas, que indica algunas pueden ser tomadas en “abstracto” –que es lo mismo que prometidas pero nunca llevada adelante- por sectores republicanos o demócratas burgueses, sino en el cómo se conquistas esas demandas (de hecho muchas de las demandas del FIT son elementales como el salario igual a la canasta familiar o la liquidación del trabajo en negro). En segundo lugar Rosa Luxemburg plantea que es eso, el cómo, lo que diferencia radicalmente las posibilidades que otorga para los socialistas una posición parlamentaria de una posición gubernamental en el estado democrático burgués. La cita es larga, pero la reproducimos porque deja una reflexión significativa:

“Cierto, el programa de la socialdemocracia contiene reivindicaciones que podrían –abstractamente hablando- ser aceptadas por un gobierno o por un parlamento burgués. Se podría imaginar así a primera vista que un socialista puede, en un gobierno tanto como en un parlamento, servir a la causa del proletariado esforzándose en arrancar en su favor todo esto que es posible obtener en el terreno de las reformas sociales. Pero, acá entonces, aparece un hecho que la política oportunista olvida siempre, el hecho que, en la lucha que lleva adelante la socialdemocracia, no es el qué, sino el cómo lo que importa. Mientras que los representantes socialdemócratas buscaran realizar en el cuerpo legislativo reformas sociales, ellos tienen la plena posibilidad de su oposición simultanea a la legislación y al gobierno burgués en su conjunto – esto que adopta su expresión manifiesta en el rechazo al presupuesto, por ejemplo- dando igualmente a su lucha por reformas burguesas un carácter socialista y principalmente, el carácter de una lucha proletaria. Por el contrario, un socialdemócrata que buscase introducir las mismas reformas sociales en tanto que miembro del gobierno, es decir sosteniendo al mismo tiempo al estado burgués, reduce de hecho el socialismo a un democratísimo burgués o a una política obrero burguesa. Así, mientras que el progreso de los socialdemócratas en la representaciones populares conduce a un reforzamiento de la lucha de clases, su penetración en los gobiernos no puede aportar mas que corrupción y confusión en las filas de la socialdemocracia. Los representantes de la clase obrera no pueden, sin renegar de su razón de ser, entrar en un gobierno burgués mas que en un solo caso: para destruirlo y transformarlo en un gobierno de la clase obrera como dirigente del poder”.

La ecuación parlamentaria para los socialistas revolucionarios es compleja: ni abstencionismo ni ilusiones parlamentaristas (la posibilidad de acceder al “poder político” por una simple mayoría parlamentaria o por un crecimiento electoral). Si Rosa Luxemburg utilizó la metáfora del trabajo sindical socialdemócrata como un trabajo de Sísifo – aquel Rey griego que fue castigado a cargar una roca en una montaña para nunca llegar a la cima, y que la roca cayera una y otra vez, y debiendo Sísifo recomenzar la cuesta arriba-, al trabajo parlamentario le cabe la misma representación. Por sí solos, el trabajo parlamentario y sindical, nunca pueden alcanzar la cima. Como decía Lenin, solo la participación de los socialdemócratas en todas las formas de lucha (legal, ilegal, abierta y larvada, sindical y política, pacifica y violenta) para orientarla hacia la destrucción del orden burgués puede alcanzar esa cima que es la estrategia del socialismo: la destrucción del Estado burgués y el gobierno de los trabajadores.

(Este debate es relatado en el capítulo IV, “Hacia el poder político”, del nuevo libro publicado por el IPS, Paul Frölich. Rosa Luxemburg. Vida y Obra -otro fragmento, referido a la Revolución Alemana de 1918, acá-.)

comentarios
  1. Udi dice:

    No sé quién es, mi estimado DP, la autora de la nota, pero su lapsus del último párrafo, cuando – didácticamente, debe ser docente – nos refiere a los trabajos de Sísifo, es revelador. Charle con ella, de onda, como amigo, y explíquele la diferencia entre “sima” y “cima”.
    ¡Tres veces en un párrafo !
    Ya sé, ya sé, la ortografía no es lo esencial, pero…¡ “sima” y “cima” !
    Salute, DP, por lo demás, no vamos a entrar en las discusiones de siempre, ya dejaron de divertirme tanto, y – usted sabe como es esto – lo primordial para este servidor es divertirse, típico de diletante pequebú, dirían en vuestros partidos.
    Bueno, si eso los deja felices.

    • DP dice:

      Udi: no sabía que la RAE tenía nuevo miembro… en fin.
      Ud. no querrá entrar en las “discusiones de siempre”, pero la verdad, más que aburrimiento debería darle verguenza el defender a un gobierno tan cipayo, tan pagador serial… ahora a la Repsol.
      Saludos,

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