Nota de lectura: Jameson y la dialéctica “con artículo” (post de Cecilia Feijoo)

Publicado: septiembre 11, 2013 de Demian Paredes en 2013, Actualidad, Debates, Historia, Intelectuales, Lecturas, Marxismo

Tapa Valencias-CPor Cecilia Feijoo

Recientemente la editorial Eterna Cadencia ha publicado el libro Valencias de la dialéctica de Fredric Jameson. Intentar reflexionar sencillamente sobre este libro es una tarea inabordable. En esta nota solo podré expresar algunos ejes o nudos temáticos por los que atraviesan las casi 700 páginas del libro, en un recorrido intelectual que llega hasta nuestro presente (esta obra además se complementa con dos anexos, uno sobre Marx, Representar El Capital, ya publicado por FCE, y otro sobre Hegel, aún no publicado en castellano). Jameson nos comparte una exploración cuyo seguimiento, a la vez dificultoso y maravilloso, es quizás la más interesante y compleja defensa del pensamiento dialectico desde una perspectiva marxista del siglo XXI. De aquí que amerite su lectura y su debate.

Esta nota de lectura pretende solo hacer un resumen del acápite inicial del libro, retomando aquellos que nos sugiere una confirmación de cierta compresión de la dialéctica que compartimos, así como de aquellas reflexiones nuevas que nos abren y llevan hacia otros lugares. Veremos poder continuar con los apartados significativos de la obra, así como, luego de atravesar los aportes del autor, abrir la posibilidad de una lectura crítica. Empezaremos entonces por donde comienza el propio autor, su punto de partida que es, en definitive, el resultado, a la manera hegeliana, de su exploración.

El libro comienza atravesando los distintos sentidos de nombrar la dialéctica. El capitulo de hecho se llama Los tres nombres de la dialéctica y supone el número tres como predilección por lo tripartito, porque a su vez está dividido en tres acápites, siendo el primero de ellos: 1. La dialéctica. Hay tres sentidos iniciales que Jameson asocia al nombrar dialéctica y son los sentidos más simples de los que parte el autor:

El primero es el de la dialéctica “con artículo”, algo así como “La” dialéctica” con  mayúscula, aquella que se asocia a la filosofía, al sistema, el método, la fenomenología, y cuyo autores no evitables son Hegel y Marx.

Luego está la dialéctica pero “sin artículo”, bajo la cual Jameson refiere los “momentos dialecticos” de las “filosofías no dialécticas o inclusive antidialecticas” como las de Foucault, Derrida o Deleuze.

Un tercer término es el de la dialéctica como “adjetivo”, la que se utiliza para clarificar momentos de “perplejidad no dialéctica y para cuestionar procesos de pensamientos establecidos (como el principio de no contradicción)”.

El primer acápite esta centrado a desarrollar de manera concentrada esto que rechaza Jameson de esta dialéctica “con artículo”, así como también cuáles son los sentidos asociados a esta nominación que no pueden ser descartados ni transfigurados. De entrada Jameson nos indica que esta dialéctica “con artículo”, tiene múltiples identificaciones, y una de estas es el “materialismo dialectico” como ideología “oficial” de la URSS, cosa que hoy puede estar enterrada pero que tuvo su vitalidad como materialismo vulgar o metafísica materialista a lo largo del siglo XX. Este significado también puede se encontrado para Jameson en cierta pretensión de Engels de “aplicar” la dialéctica a todo, incluido la naturaleza, y de construir un sistema, de modo que el marxismo pareciera una “filosofía”, algo que Marx no hizo ni pretendió hacer.

Pero como hay que criticar la dialéctica “con artículo” Jameson parte de clarificar los sentidos que el propio Hegel da a la dialéctica, y es aquí cuando nos dice que en Hegel este concepto está asociado a dos tendencias: por un lado al pensamiento dialéctico propiamente dicho como se expone en la Fenomenología del espíritu de 1807; por otro, está el sentido que adopta como hegelianismo, corriente que el propio Hegel y sus discípulos se encargaron de construir y que comparte su contenido de ideología, junto a todos los otros “ismos”. Recuperar el sentido productivo de la dialéctica, el primer sentido y rechazar su segunda nominación será el intento que atravesará todo el libro del marxista británico, y esta misma operación será luego aplicada al propio Marx, intentar recuperar su pensamiento dialectico separando todo intento de cosificarlo en un sistema filosófico o una disciplina académica. Para Jameson, de hecho, los variados ataques que proliferaron y proliferan, por causas distintas en Europa y EEUU, contra el pensamiento dialéctico en realidad son ataques al hegelianismo como ideología, y cabe una vez más extender esta lógica a los ataques contra el pensamiento de Marx.

Jameson continua su exposición clarificando el espacio desde donde el pretende hablarnos, y para ello establece una clara distancia -ruptura con lugar del académico, para reivindicar un espacio marxista tendiente a unificar teoría y práctica-. Para Jameson es el deseo irreprimible de asociar todo pensamiento a una “fuente con nombre”, como asociar el pensamiento dialectico con Hegel, el emergente de una fuerte presión del medio académico.  Para despojarse de la “cita consagrada” que es ley en los papers y estudios académicos Jameson se apropia de Bourdieu y su descripción del Homo Academicus para poner en entredicho esta presión y ubicar el lugar desde el cual pretende hablar. Jameson va a reivindicar la constitución de un espacio autónomo en “la teoría como forma de escapar de las cosificaciones de la filosofía así como contra la mercantilización del mercado intelectual” [19]. La teoría para Jameson “debe ser entendida como el intento perpetuo e imposible de descosificar el lenguaje del pensamiento, y de adelantarse a todos los sistemas e ideologías que inevitablemente resultan del establecimiento de una terminología fija” [19]. Esta certeza critica lo lleva a derrumbar la idea del concepto como independiente y autónomo de la historia y la experiencia. Pretende, por el contrario, buscar una teoría que parta de los conceptos como conceptualizaciones de una clase concreta y una acción al interior de la historia de clase. Su marxismo y su dialéctica parten de rechazar el mundo de fijaciones no contaminadas, rechazar la filosofía como disciplina consagrada por la “división del trabajo manual e intelectual” y toda idea de dialéctica como sistema cerrado o fijo. Este rechazo busca su afirmación como una praxis que concibe que el concepto está “siempre abierto”, siempre contaminado por “realidades que le son externas”. Solo desde este espacio puede abrirse a buscar “explorar otras posibilidades: por un lado, la noción de una multiplicidad de dialécticas locales; y por otro una concepción de la ruptura radical que constituye el pensamiento dialectico como tal” [20].

En el siguiente momento, luego de habernos planteado la necesidad de derrumbar toda fijación o cosificación del concepto, y por ello haber rechazado la sistematización doctrinal, Jameson afirma que, sin embargo, esta toma de posición no significa emanciparse de manera a-dialéctica de toda pretensión de sistematicidad del marxismo, ni transportarse a un lugar de disputas meramente textuales o verbales. Tampoco se trata de abandonar los nombres propios como “marxismo” o socialismo para adoptar entonces otras referencias y un lenguaje despojado de “visión del mundo”. Jameson deslegitima las transformaciones de lenguaje que llevan a rendiciones frente a la mercantilización, así como rechaza “trascodificaciones” (como la de dictadura del proletariado en la más aceptable “democracia radical”) que terminan en un lugar muy lejano al que pretendían arribar. Así el autor se siente colocado frente a un dilema que “nos coloca en una contradicción en la cual no utilizar la palabra es fracasar políticamente, mientras que utilizarla es impedir todo éxito por anticipado”. Y frente a esta dicotomía se propone seguir “una tercera opción”: desplegar un lenguaje cuya lógica interna sea precisamente la “supresión del nombre y el mantenimiento de un espacio para la posibilidad”, algo que hará de la lectura de su libro un complejo recorrido a través de afirmaciones y fijaciones que luego serán “derrumbadas”, a la manera de las peripecias del pensamiento dialectico que el propio Hegel hace en su Fenomenología.

Al transitar estas delimitaciones del espacio desde el cual nos habla el autor, Jameson prosigue su exposición. Para él el costado “productivo” de las pretensiones científicas o metafísicas de la “dialéctica” y el “marxismo” residen en el hecho de que no puede omitirse la doctrina sin “transformarla completamente y perder su originalidad y sus implicancias más radicales” [23]. El cambiar ciertos conceptos debe enfrentarse a lo que se pierde y se gana. Recurre como ejemplo de ello a los intentos de independizarse de “la dialéctica”, intentos que para Jameson ponen en juego en realidad la “fe en el sentido común o pensamiento no dialectico”, que el propio Hegel había identificado con el entendimiento (Verstand) y que en el marxismo deviene ese “fenómeno mucho más especializado y limitado llamado cosificación” [24].

Mas tarde, en el siguiente capítulo, Jameson definirá el lugar que este momento no-dialectico para Hegel, el del Verstand, tiene dentro del pensamiento dialectico y el rol central que juega para Jameson en el capitalismo de lal actualidad. Es interesante tal vez remarcar que es aquí donde el autor encuentra en un primer momento la irreprimible existencia de eso que podemos llamar “la materia”, y a pesar de que Hegel muestre un constante desprecio por ella, el pensamiento del entendimiento siempre estará allí para hacer caer en el error a la conciencia. El entendimiento en Hegel es en el dominio del Ser el pensamiento de la cosa, con sus fijaciones y determinaciones. Pero es en la critica a Kant y su distinción entre forma y escencia donde Hegel pone en movimiento el fluir de esas categorías y fijaciones como no meras adherencias externas del pensamiento a la cosa, y avanza en la disolución de esta dualidad entre materia y forma a través de la reflexión y la autoconciencia. “La conciencia de lo otro, de un objeto en general, es, ciertamente, ella misma de manera necesaria una autoconciencia, ser-reflectido en sí, conciencia de sí mismo precisamente en su ser-otro” dice Hegel en su Fenomenología [FE, 271]. Por ello dice Jameson, el Verstand, que es el pensamiento de la cosificación es el villano de la historia para Hegel, y para el autor es necesario apropiarse de este Hegel que es el del Verstand y el de la dialéctica sin superación (sin Afhebung) [113] .

Luego de este paréntesis nos topamos con el desarrollo d el significado que tienen dentro del marxismo ciertas exclusiones. En este punto Jameson retoma la “recapitulación” que hace Engels de las leyes de la dialéctica en Filosofía de la naturaleza (ley de transformación de la cantidad en cualidad y viceversa, de la interpelación de los opuestos y de la negación de la negación) y cuestiona el hecho de haber sido diseñadas para señalar una suerte de aplicabilidad general del hegelianismo a la economía, a la historia y a la política, terrenos en los que se pretende buscar “atisbos de esas mismas regularidades en funcionamiento” [24]. Señala también la pretensión de Engels de dar credenciales “filosóficas” al marxismo, algo que Jameson rechaza desde un inicio. Por ultimo, señala que más allá de cuán práctica haya sido esta sistematización de Engels, sus leyes excluyen de la definición de marxismo cuestiones fundamentales como la de clase social, contradicción, o la distinción entre base /superestructura.

Cuestiona además que el concepto de ley no puede derivarse directamente del propio Hegel, al menos en el tratamiento que hace de ella en la Fenomenología del espíritu (y que es una de sus cuestiones mas “serias”). La ley presupone una noción de mundos internos y externos, de un mundo de apariencias o fenómenos que se corresponde con una esencia interior que los subsume, así una ley “ajusta la contingencia empírica de los hechos a la universalidad abstracta” [25]. Pero este intento en Hegel está sometida a un frenesí interior que tiene que ver con la individualidad y la universalidad, con leyes subjetivas como la “ley del corazón” y las leyes universales como la astucia de la razón. Para Jameson Hegel pareciera demostrar en realidad que “se propone destruir el concepto de ley antes que ofrecer la oportunidad de formular leyes nuevas”. La implicancia de que se pueda proyectar un sistema filosófico de la dialéctica tiene que ver para Jameson con una pretensión distorsionada de una exigencia dialéctica bastante diferente: la de totalidad. Y es en la relación del pensamiento dialéctico con esta idea unificadora la que se confunde, basta decir concluye el autor, que es el capitalismo el que constituye la totalidad y la fuerza unificadora y que por ello la dialéctica no se vuelve históricamente visible hasta el surgimiento del capitalismo. De ello se deriva usos y desventajas de la dialéctica, y que para el autor sería profundamente no dialectico excluir esta descripción (como la de Engels) no dialéctica de la dialéctica de toda explicación verdaderamente dialéctica de la dialéctica”.

Hasta acá las coordenadas fijadas por el autor en el primer acápite del primer capitulo de una obra que intenta, de manera heterodoxa, recuperar y clarificar el sentido del pensamiento dialéctico para el marxismo.

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