Tensiones en la “contrarrevolución” egipcia. Guerra civil y revolución (post de Cecilia Feijoo)

Publicado: agosto 19, 2013 de Demian Paredes en 2013, Actualidad, Internacional, Medio Oriente

Tilly

Por Cecilia Feijoo

Las noticias sobre una posible liberación de Mubarak puede acelerar la crisis en ese país, aún no está claro si es un “rumor” esparcido por los Hermanos Musulmanes para desacreditar al nuevo gobierno provisional cívico-militar, o una operación de los mubarakistas amparados en el nuevo gobierno tutelado de efectivamente liberara a su jefe. Probablemente sean las dos cosas .
Revolución y contrarrevolución se han entrelazado en Egipto en menos de un mes y medio. Es un tiempo corto y expresa la agudización de la situación revolucionaria abierta por el acontecimiento Tahrir en 2011. El 30-3 de junio/julio de este año se sucedieron las manifestaciones mas masivas de trabajadores y pobres urbanos y rurales en la historia de este país. Mientras las multitudes estaban en las calles clamando por la dimisión de Morsi (primer presidente electo por una elecciones “democráticamente” supervisadas por el ejército, EEUU y la UE), un sector de los convocantes a las mismas, Tamarod!, junto a sectores de la oposición liberal y el comandante en jefe del ejército al-Sisi, realizaron un golpe palaciego. Rápidamente pusieron en pie un gobierno provisional que incluía tres fuerzas: un ala de la “democracia revolucionaria” naserista expresada por Tamarod!, que aportó tres ministro, entre ellos el ministro de trabajo antiguo líder de uno de los sindicatos independientes de Egipto, la burguesía liberal, que ocupaba la vicepresidencia con Al Baradei, y last but not less, el Ejército que retenía el poder militar y colocaba en la presidencia a un acolito suyo, el presidente del Constitucional. Este nuevo gobierno puso bajo arresto al presidente depuesto, Moamed Morsi. Esa noche las masas festejaban en las calles la caída del Morsi que no había resuelto, ni intentado resolver, ninguna de sus demandas sociales y laborales, de democracia en la industria y la organización de empresa, en el terreno de la cultura y derechos de las mujeres trabajadores y oprimidas –las mujeres participaron masivamente en las manifestaciones de julio-.
En nuevo gobierno provisional, que se había encumbrado así en el poder a espaldas de las multitudes y sin su participación, debían ahora consolidarlo, terminar de derrotar a los Hermanos Musulmanes y liquidar toda oposición al nuevo gobierno. Se lanzó rápidamente a la guerra civil y las dos sectores contrarrevolucionarios de la revolución egipcia se enfrentaron: el Ejército y la Hermandad Musulmana. El ejército optó por acelerar el proceso del enfrentamiento a la revolución desencadenando una guerra civil contra los Hermanos Musulmanes (aún a costa de alejarse de EEUU y apoyarse en Arabia Saudita para sostener el complejo económico-militar), y amparándose en la misma para reprimir y sujetar a las masas que se habían manifestado hace tan solo mes y medio.
Los Hermanos Musulmanes, ricos islamistas moderados que se apoyan en las barriadas populares de Egipto, lanzaron la resistencia contra el golpe de la “contrarrevolución”: primero con marchas pacificas y acampes, luego ante el desalojo por parte del ejército de sus plantones, apelaron a la resistencia activa y el enfrentamiento con los coptos, luego la oleada represiva los colocó en una posición más defensiva aún y se volcaron a la toma y ocupación de sus mezquitas como refugios defensivos y a ataques sorpresivos a fuerzas militares en los márgenes. En esta última semana la cifra de muertos es superior a la de los últimos años, desde el levantamiento de 2011, pero las movilizaciones en apoyo a los Hermanos Musulmanes no son masivas y se reducen a un activo.
Y en esta tensión que atraviesa la contrarrevolución uno puede preguntarse por qué las masas, esos millones que se movilizaron hace menos de un mes y medio, miran expectantes los acontecimientos desde fuera. La oleada de huelgas y acciones de protesta que había caracterizado los últimos meses del gobierno de Morsi y que habían anticipado las grandes movilizaciones que lo destituyeron no ha concluido porque los problemas estructurales, el hambre, la desocupación, la precariedad laboral, que le dan origen no han sido resueltos. De hecho, como dice Jaques Chastaing, la apatía de los egipcios a salir en ayuda del ejercito en su lucha contra los Hermanos Musulmanes tal vez está demostrando que las preocupaciones del pueblo “están en otro lado”. Hasta ahora el estado de sitio declarado por los militares con la excusa de enfrentar a los Hermanos Musulmanes ha servido para prohibir la continuidad de estas huelgas y manifestaciones de los trabajadores como cuentan aquí:
Tras la sangrienta represión desatada contra los Hermanos musulmanes se esconde los ataques contra las verdaderas fuerzas revolucionarias de Egipto: los trabajadores, los sectores populares y los jóvenes de izquierda que se ha mantenido independientes del gobierno de Morsi y del gobierno cívico-militar surgido del golpe de julio. El final sigue abierto, el gobierno cada vez menos cívico y más militar se desgasta frente a la represión sanguinaria que ha desatado contra los Hermanos Musulmanes, mientras éstos mismo están retrocediendo, ambas fuerzas impiden que el conflicto de clase más profundo se exprese abiertamente, el que enfrenta a las masas obreras y populares con la burguesía, el ejercito que controla una parte importante del aparato productivo y los estados imperialistas. Y como ya lo ilustró en este breve esquema Charles Tilly la distancia que entrelaza y a la vez separa la guerra civil de la revolución social es significativa, fenómenos concomitantes pero únicamente la revolución social divide completamente la comunidad política e implica una transferencia completa del poder a una nueva clase social.
comentarios
  1. Patrice L dice:

    Que la direcci{on de la HM sea contrarrevolucionaria y oscurantista, no transforma a la base de la HM en contrarrevolucionaria como tampoco hace contrarrevolucionaria a las fuerzas progresistas laicas sus direcciones golpistas. Y ahi radica el problema del analisis, la afirmación de Trotsky en el Programa de Transición sobre la crisis de dirección se corrobora con toda su potencia en el Egipto actual. El frente de fuerzas revolucionarias que habia derribado a Mubarack fue dividido por la política de sus direcciones. La unidad revolucionaria de laicos y musulmanes dificilmente pueda reconstruirse a menos que nuevas cirscunstancias dramaticas permitan avizorar al Ejercito como el enemigo común, mientras tanto las masas se dividen irreconciliablemente entre dos facciones con objetivos reaccionarios, salvo que una de ellas, expresa la oposición popular a la dictadura militar -los musulmanes- y la otra fracción dirigente y las masas que le siguen son empujadas al apoyo a los militares. Mientras tanto la guerra civil es la política del golpismo contrarrevolucionario y mientras fracasen los HM en sus tentativas de resistencia más peso tomaran las direcciones islamistas fascistoides tipo Al Quaeda. Va a ser imposible superar la trampa de esta guerra civil si las fuerzas laicas de izquierda no logran establecer un puente común de lucha contra la dictadura con las masas musulmanas. Y si los musulmanes son derrotados van a ser las proximas victimas de la represión.

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