Los saldos del conflicto Evo-COB y el espectro de Barrientos (hoy el post lo hace Cecilia Feijoo)

Publicado: mayo 23, 2013 de Demian Paredes en 2013, Actualidad, Debates, Internacional

3356964797_96aea10a25_b f_2012-01-08_59Por Cecilia Feijoo

Durante toda la década de los ‘90 la ideología autonomista, ya aggiornada y emancipada del lenguaje de guerra civil de los ‘70, se extendió a lo largo Latinoamérica con su combo de antiestatismo, antipolítica, reivindicación de los movimientos sociales y de la necesidad de una “autonomía subjetiva” de los explotados y oprimidos frente al capital. En la siguiente década, que comenzó con la Argentina de 2001 y siguió en 2003 con el combativo levantamiento boliviano, pudimos ver el pasaje del autonomismo de la resistencia a la integración estatal. Toni ya no venía a dar charlas para los asambleístas sublevados y las fábricas ocupadas sino para los enriquecidos ministros kirchneristas, y Alvaro García Linera llegaba a vicepresidente de Bolivia. La ideología autonomista cubrió así el pasaje del “poder constituyente” de las masas y su lucha al “poder instituido”, aquel que en sus antiguas teorizaciones expropiaba esta potentia para ponerla al servicio del potere real del capital.
Nadie puede negar que para salvarse a sí mismo el Estado republicano, oligárquico y neoliberal boliviano tuvo que ceder algo de su poder luego del levantamiento de 2003 y la llegada de Evo a la presidencia significó una ampliación de los derechos democráticos de un sector de las masas populares que hasta ese entonces estaban excluidas de la representación democrática burguesa. La máxima “cualquier ciudadano puede ejercer la función pública”, máxima que levantó la burguesía para separar la sociedad civil de la sociedad política –rompiendo así el estado estamental absolutista- y poder acceder a su propio hegemonía no regia en Bolivia a principio del siglo XXI. La historia tiene sus idas y vueltas, y la historia social y política sus propias temporalidades. Sería ingenuo sin embargo creer que esta ampliación de los derechos democráticos del estado burgués representa simplemente una conquista, porque en cada una de estas concesiones hay un encadenamiento con ese propio Estado, algo que quedó demostrado en el conflicto entre Evo y la COB. El Estado no es un campo en disputa y la reforma no tiene un poder mágico y autónomo independiente de la revolución, como dice Rosa Luxemburg.
Un gobierno “democrático y revolucionario” no hubiese actuado como lo hizo Evo frente a un reclamo de los explotados: llamó a la policía a resguardar el orden, clamó contra los “privilegios” de un sector que desde la “acumulación originaria” deja su vida en los socavones, acusó a los huelguistas de ser agentes norteamericanos, apátridas, “aristocracia obrera” (cuando los mismos mineros respondieron diciendo cuál es la realidad de sus salarios y la situación de Huanuni), “infiltrados por el trotskismo“, persiguió a dirigentes de la huelga, la declaró ilegal, llamó a descontar los días no trabajados, levantó los canales de dialogo unilateralmente, etc. Un gobierno “democrático y revolucionario”, un gobierno de los trabajadores y campesinos, hubiera escuchado los reclamos obreros, abierto mesas de discusión y dialogo, así como evaluado posibles y reales soluciones a la demanda justa de los trabajadores. Al no hacerlo demostró que no es ni “democrático”, en el sentido de obrero y popular, ni menos aún revolucionario. Una fuerza revolucionaria hubiera escuchado a los obreros y atacado a los propietarios de la tierra, de la industria y de las grandes comercializadoras para obtener de allí, de los verdaderos “privilegiados”, los fondos necesarios para una renta universal digna para obreros y campesinos.
Una fractura está en curso -o, como dijo el ex dirigente de la COB Lucio Gonzáles, hay una “insurgencia del mundo del trabajo” contra el gobierno que sólo benefició los últimos años a los sectores campesinos, y donde toda la legislación “neoliberal” de los ’80 y ’90 para las pensiones y jubilaciones mineras se mantuvieron, como bien denuncia Javo Ferreira de la LOR-CI en este análisis-. La clave es hasta dónde las fuerzas en pugna están dispuestas a desarrollar esta fractura. La maniobra de retrasar 30 días la negociación con la COB muestra la debilidad del gobierno y el peligro al que se enfrenta, el resultado de este conflicto posee un enorme valor simbólico y muestra un horizonte de expectativa enorme. El resultado de este enfrentamiento puede costarle la vida al evismo, al menos al evismo tal cual lo conocimos hasta hoy, otro evismo se abrirá paso, su configuración real saldrá de este resultado. Si derrotase a la COB tendría que recostarse cada vez más en la derecha boliviana, que lo acepta pero lo odia profundamente porque ve en él al campesino e indígena que viene a reclamarle “su” tierra. Si la COB saliese de este transe con una conquista parcial, apoyada en la huelga y en la lucha callejera, sería el preanuncio de nuevos combates cada vez que el evismo muestre que en última instancia no va a atacar los fundamentos del estado oligárquico y neoliberal, al ejército y a las multinacionales que viven de la Bolivia extractiva. El entuerto y las fuerza cruzadas esta colocado en este punto sensible.
 No es que la burguesía boliviana y su Estado no estén acostumbrado a esta serie de peripecias. Con el gobierno del MNR tuvieron que hacer las concesiones suficientes –nacionalización de las minas, reparto restringido de las tierras, entre otras- para dividir la alianza entre la clase obrera y los campesinos indígenas surgida del levantamiento del 52, luego vino el golpe del vicepresidente de Paz Estensoro, el Genera de origen campesino Barrientos (“el asesino del Che”), quien se apoyó en un sector del campesinado para derrotar a los “privilegiados” mineros que estaban armados desde la revolución. El espectro de barrientizacion de Evo no es un buena noticia para alguien que se apoya en la figura mítica del Che pero que en su pulseada contra los obreros sacó a flor de piel todos los prejuicios que los esclavistas le inculcaron a los campesinos durante siglos para separarlos de los obreros, desde que son privilegiados, egoístas, apátridas, que se quedan con el dinero del erario público, que la minas nacionalizadas no son rentables –ojo que se cuidaron de decir que no dan perdidas ni ganancias, un suma cero digamos-, que van a crear una nueva COB, etc., etc, etc…
Si el conflicto saliese con un triunfo parcial para los obreros y el avance en la constitución de un partido político propio de los trabajadores, estaríamos entrando a una nueva etapa en la evolución de estos enfrentamientos de clase que puede impulsar a los obreros a ganarse a sus hermanos campesinos indígenas, a los más oprimidos, para su causa, enfrentando así de manera revolucionaria la fractura que el evismo inició al enfrentar en las calles la demanda de los obreros.
comentarios
  1. Emiliano Marin dice:

    Excelente artículo Cecilia, todavía recordamos tu charla sobre revolución Boliviana en el ISFDyT n 28 de 25 de Mayo. Un abrazo

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