Murió Videla, pero la represión y la impunidad del Estado capitalista continúan

Publicado: mayo 17, 2013 de Demian Paredes en 2013, Actualidad, DDHH, Debates, FFAA, Historia

videla

El personaje-símbolo de la última y feroz dictadura militar, Jorge Rafael Videla, murió. Falleció de muerte natural, tal como otros torturadores genocidas (Massera).

Indultado por Menem a mediados de los ’90, y condenado a cadena perpetua, en su última aparición pública, en la causa por el Plan Cóndor (el plan de “articulación represiva” de las dictaduras del cono sur), lanzó una vez más su “relato” reaccionario de que habría sido un luchador “contra la subversión” (en realidad se dedicó a masacrar a una generación de luchadores obreros, juveniles y populares que, con diferentes estrategias, combatieron contra dictaduras previas, contra la explotación y el imperialismo), y se negó a declarar.

Ahora que falleció (aunque con tantos años de impunidad es raro que nadie hubiera “actuado” para acelerar el “proceso natural” –una película, de mal final, planteó la idea–) hay festejos, e incluso muchos kirchneristas se vanaglorian de la condena a los represores que hubo los últimos años, y que son… ¡apenas 407!

Es decir: hubo más de 500 campos de concentración y exterminio entre 1976 y 1982, donde cientos y miles de milicos, curas, policías, jueces, burócratas sindicales y funcionarios (en su mayoría del PJ y la UCR), además de industriales (que pusieron a disposición partes de sus centros de explotación como instalaciones para detención y torturas), protagonizaron un verdadero genocidio de clase. Y son todos ellos, la mayoría, quienes se mantienen impunes, gracias a los mecanismos de esta democracia de clase, para ricos, y a todos los gobiernos capitalistas, desde Alfonsín a CFK. ¿Se puede hablar entonces, como pretende el “relato K”, de “justicia”?

Y si a esto sumamos las represiones que “terceriza” el Estado (las patotas de la burocracia sindical –como la que asesinó a Mariano Ferreyra–, las bandas parapoliciales y paramilitares –como las que reprimen y asesinan a los Qom en Formosa–), y a sus mecanismos de espionaje funcionando a pleno (los “proyectos X” de Gendarmería y las policías; y la Secretaría de Inteligencia –por más que JP Feinmann nos hable maravillas del “chango” Icazuriaga–), podemos –y desde ya lo hacemos (no como otros)– alegrarnos por la muerte, tardía pero justa, de este represor asesino, al mismo tiempo que señalamos cómo el actual gobierno nacional permite la impunidad ante las desapariciones (sí: leyó bien: desapariciones) de Luciano Arruga y Jorge Julio López.

Por todo ello, la lucha contra la represión del Estado capitalista y sus aliados continúa.

comentarios
  1. Fede dice:

    Muy buena nota. 100% de acuerdo.

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