Olvidando a Marcuse: Nike, el peronismo y sus “conquistas sociales”, y el realismo del marxismo (para Manolo Barge)

Publicado: mayo 10, 2013 de Demian Paredes en 2013, Actualidad, Bloguerías K, Capitalismo 100%, Debates, Marxismo, Peronismo

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A modo de rta. a este post.

“Las cosas andan tan rematadamente mal que, incluso una proposición tan modesta como que todo el mundo en el planeta tenga agua y comida suficientes, parece una provocación. Es imaginable plantear un movimiento revolucionario a partir de ideales utópicos descabellados, pero alterar la vida de la gente de forma tan espectacular, pretendiendo únicamente que el suministro de verdura fresca esté garantizado, resulta extrañamente ridículo. Solo un extremista se opondría a algo así, al igual que solo un extremista puede suscribir un sistema capitalista global que, según se cuenta, pagó a Michael Jordan por anunciar las zapatillas deportivas de Nike más dinero del que empleó en todo el complejo industrial del sureste asiático que las fabricaba. Los revolucionarios son por lo tanto personas modestas y realistas, que reconocen que arreglar cosas como esas requeriría una transformación integral. Quienes se plantean lo contrario no son más que utópicos desocupados, aunque su denominación sea la de liberales y pragmáticos. Una de mis estudiantes me comunicó humildemente en cierta ocasión que ella ‘no era revolucionaria’. En vez de empezar con Hegel, me pasó por la cabeza preguntarle si había leído el periódico últimamente.

Así pues, los revolucionarios no son ni optimistas ni pesimistas, sino realistas. De hecho, una de las razones por la que escasean tanto se debe a que el realismo es un credo extraordinariamente difícil de llevar a la práctica, y esto es exactamente lo que los avispados pragmáticos no llegan a apreciar. La base de toda acción moral y política radica en ver la situación como realmente es, algo verdaderamente difícil y agotador. Puesto que normalmente la verdad no es, en términos políticos, excesivamente agradable, ser realista significa llevar una existencia fría, desangelada, siempre ojo avisor y con la escopeta cargada, atenta al menor destello de fantasía o sentimentalismo. Esa es la única manera de vivir, aunque de ninguna manera se pueda llamar vida a eso, lo cual hace que la política radical acabe siendo un asunto lleno de contradicciones. […]”

el-portero-memorias-9788483065914Terry Eagleton, El portero. Memorias, Barcelona, Debate, 2004 (ed. original 2001), pp. 95-96.

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