Argentina ‘slum’ (II): crímenes sociales, hegemonía burguesa y “espíritu de escisión”

Publicado: mayo 5, 2013 de Demian Paredes en 2013, Actualidad, Bloguerías K, Capitalismo 100%, Debates, FIT, Frente de Izquierda y de los Trabajadores, Juventud, Macrismo, Movimiento Obrero, Peronismo, Sindicalismo de base, Sindicato ceramista de Neuquén, Sindicatos

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Decía en un primer post referido al tema (Argentina ‘slum’ (I): urbanización, Estado y monopolios (capitalistas)) que habría (hay) que analizar las consecuencias políticas del crimen social que produjo la falta de planificación –intrínseca al funcionamiento “anárquico” del sistema capitalista–, en relación a las intensas lluvias del mes pasado, que dejó decenas de muertes, especialmente obreras y populares, y destrozos materiales, en la ciudad de La Plata, la CABA y el GBA.

Pasado ya un mes de aquellos hechos, quedó a las claras que hubo un fuerte golpe a la hegemonía burguesa, a la de los partidos del sistema: junto a la amplia solidaridad obrera, juvenil y popular, se expresó cierto nivel de conciencia política, de repudio a la (ir)responsabilidad de los políticos patronales, tal como ocurrió ante los crímenes sociales del boliche Cromañón y ante el choque del tren de Once.

Uno de los hechos que marcaron esta tendencia fue el de la marcha de repudio a la primera sesión del concejo deliberante de La Plata, la primera sesión luego de la inundación. Allí, algunos cientos de vecinos y organizaciones ingresaron al recinto protestando contra el intendente Bruera (actual bête noire del peronismo kirchnerista) y el resto de los concejales (se gritó “que se vayan todos”); movimiento que –enfrentamiento a trompadas incluido– llevó a que un bloguero P escribiera que “Si el futuro político luego de la tragedia era una incógnita, la movilización gestada ante sus consecuencias  lo hace más impredecible” (preocupación que mantiene otro bloguero P hasta el día de hoy…).

Por otra parte, algunas notas de medios opositores al gobierno nacional hablaron de los temores e “hipótesis” de diversos intendentes y políticos del conurbano: algunos habrían dicho que, junto a la presión de los sectores populares a los intendentes del GBA, hasta se podría regresar a una tónica similar a la de la crisis del 2001: a un “estado asambleario”, con el surgimiento de “indignados” (¿vuelve el “que se vayan todos”?)… lo que no es (o sería) poca cosa. (Por su parte, una maniobra del macrismo consistiría en unificar la elección capitalina con las nacionales de octubre, con la intención de que pase el tiempo y se olviden las inundaciones de la CABA.) Y otra nota, señalando “El impacto de la tragedia por las inundaciones en la ciudad de Buenos Aires, el área metropolitana y La Plata caerá en toda la dirigencia política por igual”, anunciaba “el fin” del “efecto Francisco”…

(Y a todo esto podemos sumar también la experiencia que hizo un sector activo de la juventud estudiantil, especialmente universitaria, con las diversas organizaciones: cómo mientras se esperaba que los centros dirigidos por la izquierda “pusieran todo” ante las inundaciones, había organizaciones como Marea Popular… ¡juntando firmas para presentarse a elecciones! (ver acá, acá y acá algunos posts sobre lo que pasaba en Sociales sede MT) Más allá de la alegría de la decana de la Facultad de Periodismo de La Plata, Florencia Santout, por los miles de jóvenes y organizaciones activos y solidarios, la verdad es que las organizaciones no son todo lo mismo. Incluso la decana platense reivindicó, como buena abanderada de los intentos de “reconciliación kirchnerista” del pueblo con sus verdugos, “La presencia del ejército, que con sus jóvenes soldados se mezclaron con los militantes”…)

De este proceso pos inundación, hay un importante organismo que surgió en La Plata: la “Unión de asambleas barriales”. Este organismo, del que participamos –y que fue parte de la  gran marcha de 10.000 personas que, a un mes del crimen social, estuvo en las calles–, reclama la verdad sobre el número de muertos; el juicio y castigo a los responsables políticos (a nivel municipal, provincial y nacional); subsidios y resarcimiento por todos los bienes perdidos, entre otras medidas; la derogación del actual “código de ordenamiento urbano”; saber la verdad sobre lo ocurrido en la refinería de YPF, y el repudio a todo amedrentamiento y violencia a los integrantes de las asambleas, entre otras demandas, pudiendo desarrollar así una alianza obrera y popular, unificando los reclamos y luchando contra los capitalistas y contra su poder político.

Ahora bien, aún con este fenómeno, ¿podemos hablar de, como decía Gramsci, la aparición de un “espíritu de escisión”, es decir, de la separación de “dirigidos” de “dirigentes”, de la construcción de un “nosotros” tendiente a producir una “conquista de la conciencia de la propia personalidad histórica”?

Me parece que (todavía) no.

Aunque hay elementos de las últimas coyunturas que van hacia allí (siendo el principal hecho el parazo nacional del 20N, donde pese a Moyano hay un sector de la clase trabajadora opositora o al menos descontenta con el gobierno nacional), todavía la economía del país, pese la inflación, no entra en su recurrente “fase catastrófica”, y hay todavía conformismo en amplias masas, producto (nada menos que) de 10 años de bonanza económica kirchnerista (donde el desempleo –producto del “rebote” en la economía, tras la megadevaluación del salario– bajó; donde hubo –siguiendo el kirchnerismo la política de Duhalde y el FMI pos 2001– asistencialismo masivo para los sectores más pobres y vulnerables). Aunque hay una creciente oposición de las clases medias (por derecha: 18A) al gobierno nacional, la clase trabajadora aún no ha logrado desarrollar su propia dirección y política de clase, hegemónica –en los grandes sindicatos está la podrida burocracia sindical–, para ser una clara referencia a nivel de masas, conquistando aliados.

Desde el PTS, en esa tarea nos empeñamos (pueden ver acá y acá los análisis y discusiones de los “blogs troskos” sobre el fin de ciclo menemista y los contornos que puede llegar a tener el fin de ciclo kirchnerista; y acá un post sobre la situación económica), y, ante un gobierno en decadencia, las tareas de la izquierda revolucionaria pasan entonces por la conquista de posiciones estratégicas, manteniendo las existentes y extendiéndolas. Junto a las posiciones que el PTS ha conquistado en el movimiento obrero, en un sector del “sindicalismo de izquierda” –con el reciente avance de los compañeros en Coca Cola– y en la “superestructura política” –con la utilización para la agitación y movilización clasista, para desarrollar la lucha de clases, que hace Raúl Godoy desde la banca neuquina del FIT–, tenemos, en lo inmediato, que intervenir en las elecciones nacionales de octubre. Como decía Lenin –en uno de sus grandes trabajos: El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo–, toda organización que se pretenda revolucionaria debe pasar por diversas pruebas en situaciones no revolucionarias, incluida la de tener “parlamentarios” y darle al accionar éstos un carácter de clase y revolucionario. (Para Lenin, la posibilidad de tener parlamentarios adaptados a la política y régimen burgués es un peligro tan real y posible como el de hacer eso mismo desde un cargo sindical.) La agitación, la propaganda y la organización que nos demos, desde del accionar del Frente de Izquierda, ante la lucha política que se nos impone en octubre, debe asumir ese sentido clasista y revolucionario.

Junto a las elecciones, procesos y fenómenos de lucha obrera, juvenil y popular, seguramente no faltarán.

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