Hecho en Bangladesh: El terror del capitalismo

Publicado: abril 28, 2013 de Demian Paredes en 2013, Actualidad, Capitalismo 100%, Internacional, Juventud, Movimiento Obrero, Mujer

Leemos hoy este artículo en Rebelión:

La lista de “accidentes” es larga y dolorosa. En abril de 2005, colapsó una fábrica de prendas de vestir en Savar, matando a 75 trabajadores. En febrero de 2006, otra fábrica colapsó en Dhaka, matando a 18. En junio de 2010, un edificio colapsó en Dhaka matando a 25. Son las “fábricas” de la globalización del Siglo XXI, refugios miserablemente construidos para un proceso de producción orientado a largos días de trabajo, máquinas de pésima calidad y trabajadores cuyas vidas están sometidas a los imperativos de la producción puntual. Escribiendo sobre el régimen de la manufactura en Inglaterra durante el Siglo XIX, Karl Marx señaló: “Pero en su ciega e incontrolable pasión, esa hambre de hombre lobo por mano de obra sobrante, el capital sobrepasa no solo la moral, sin incluso los límites máximos simplemente físicos del día de trabajo. Usurpa el tiempo para el crecimiento, desarrollo y mantención saludable del cuerpo. Roba el tiempo requerido para el consumo de aire fresco y luz del sol… Todo lo que le interesa es simple y solamente el máximo de poder laboral que puede ser mantenido durante un día de trabajo. Logra este fin reduciendo la duración de la vida de un trabajador, como un agricultor codicioso aumenta la producción del suelo reduciendo su fertilidad” (El Capital, capítulo 10).

Estas fábricas bangladesíes forman parte de un paisaje de globalización copiado en las fábricas a lo largo de la frontera entre EE.UU. y México, en Haití, en Sri Lanka y en otros sitios que abrieron sus puertas al hábil uso de la industria de la prendas de vestir del nuevo orden manufacturero y comercial de los años 90. Países sometidos que no tenían ni la voluntad patriótica de luchar por sus ciudadanos y ninguna preocupación por el debilitamiento a largo plazo de su orden social se apresuraron a acoger la producción de prendas de vestir. Los grandes productores de prendas de vestir ya no querían invertir en fábricas, se volvieron hacia subcontratistas ofreciéndoles márgenes muy limitados de beneficio, obligándolos así a manejar sus fábricas como prisiones laborales. El régimen de subcontratación permitió que esas firmas negaran toda culpabilidad por lo que hacían los verdaderos propietarios de esas pequeñas fábricas, lo que les permitía gozar de los beneficios de los productos baratos sin que sus conciencias fueran perturbadas por el sudor y la sangre de los trabajadores. También permitió que los consumidores del mundo atlántico compraran grandes cantidades de mercaderías, a menudo mediante un consumo financiado con deudas, sin preocuparse de los métodos de producción. Un estallido ocasional de sentimiento liberal se volvió contra una u otra compañía, pero no hubo un aprecio general de la manera en que el tipo Wal-Mart de cadena minorista hacía que resultara normal el tipo de prácticas de negocios que ocasionaba esta o aquella campaña.

Los trabajadores bangladesíes no han sido tan sumisos como los consumidores del mundo atlántico. Recién en junio de 2012, miles de trabajadores de la Zona Industrial Ashulia, en las afueras de Dhaka, se manifestaron por salarios más elevados y mejores condiciones laborales. Durante muchos días, estos trabajadores cerraron 300 fábricas, bloqueando la carretera Dhaka-Tangali en Narasinghapur. Los trabajadores ganan entre 3.000 taka (35 dólares) y 5.500 taka (70 dólares) mensuales; pedían un aumento de entre 1.500 taka (19 dólares) y 2.000 taka (25 dólares) al mes. El gobierno envió 3.000 policías para restablecer la normalidad y la primera ministra hizo promesas anodinas de que consideraría el asunto. Se estableció un comité de tres miembros, pero no hubo ningún resultado sustancial.

Consciente de la futilidad de negociaciar con un gobierno subordinado a la lógica de la cadena comercial, Dhaka estalló en violencia a medida que llegaban más y más noticias del Edificio Rana. Los trabajadores han cerrado el área industrial alrededor de Dhaka, bloqueando calles y destrozando coches. La insensibilidad de la Asociación de Fabricantes de Prendas de Vestir de Bangladesh (BGMEA) aumentó la cólera de los trabajadores. Después de las protestas de junio el jefe de BHMEA, Shafiul Islam Mohiuddin, acusó a los trabajadores de estar involucrados en “alguna conspiración”. Argumentó que “no existe lógica alguna para aumentar los salarios de los trabajadores”. Esta vez, el nuevo presidente de la BGMEA, Atiqul Islam, sugirió que el problema no era la muerte de los trabajadores o las malas condiciones en las que trabajan sino “la interrupción de la producción debido a la agitación y las hartals [huelgas]”. Esas huelgas, dijo, son “solo otro fuerte golpe al sector de las prendas de vestir”. No es sorprendente que los que salieron a las calles tengan tan poca confianza en los subcontratistas y en el gobierno.

Completo acá.

* Y acá Made in Bangladesh. Las trabajadoras detrás de la “Marca España”, nota de Josefina Martínez, de la organización española Clase contra Clase, acerca del incendio ocurrido a comienzos de 2013.

** Y acá Bangladesh: obrer@s muert@s, patrones (y primeras marcas) ricos, post sobre el presente incendio publicado en este mismo blog.

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