Argentina ‘slum’ (I): urbanización, Estado y monopolios (capitalistas)

Publicado: abril 7, 2013 de Demian Paredes en 2013, Actualidad, Bloguerías K, Capitalismo 100%, Debates, Internacional, Macrismo, Peronismo

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El crimen social consumado con las recientes inundaciones en la CABA, La Plata y zonas del GBA (con más de medio centenar de muertos, y cientos de miles de personas afectadas) mostró “dos países”: una Argentina obrera y popular, la que se movilizó ampliamente, de manera solidaria, para ayudar a los/las afectados/as; y otra: la de la politiquería burguesa-patronal, donde el intendente Bruera (alias “alcalde Diamante”), Macri, Scioli y Alicia Kirchner fueron los principales destinatarios de la bronca popular, expresada con chiflidos, gritos y reclamos.

En este marco, ¿puede creerse algo del discurso de la presidenta CFK del pasado viernes, quien dijo que en esta semana que se inicia se reunirá con el dueño del Shopping Dot a charlar el porqué de su accionar (sin lugar a dudas, criminal), que provoca el inundamiento del Barrio Mitre, para “cambiar” o “mejorar” las cosas?

Mientras los blogueros K y P debaten con “heroicidad antineoliberal” acerca de “cuánto Estado hay”, qué “llegada” tiene, etc. (vean acá al Escriba, a Manolo Barge, al Dotor y a Hache, por ejemplo), la realidad es que ni CFK ni ningún gobierno burgués puede traspasar –so pena de negarse a sí mismo, a su función fundamental– la barrera de la sacrosanta “libertad de empresa”, antisocial “por naturaleza”. Más en general, ningún Estado capitalista puede planificar una sana (o integral) vida urbana: la dinámica de competencia de los “actores económicos” en el mercado (la libertad de comercio), “esencia” del funcionamiento del sistema, apenas si admite (en contadísimos casos –además de sus corrupciones, fraudes permanentes e irrespeto por sus propias “normas” y “reglas”–) alguna reglamentación, control o reforma en pos de las necesidades de las mayorías trabajadoras y populares.

Argentina tiene un desarrollo desigual y combinado donde el “Estado presente” (tan cacareado y alabado por el “reformismo” kirchnerista) dejó, sin embargo, hacer libremente a los privados (sus inversiones y negocios), por fuera de toda coordinación, planificación o consideración social. Ante la masacre social de las inundaciones, la mayoría de los medios y especialistas, sean oficialistas u opositores, dicen que tamaña crisis podría haberse si no evitado, al menos paliado sustancialmente.

Por ejemplo, el diario de De Narváez, El cronista, en un subtítulo denominado “Descontrol urbano”, cita en una nota a Raúl Estrada Oyuela, embajador y experto en temas ambientales. Éste dice que la ciudad de Buenos Aires, a su exposición estructural a las inundaciones “se le suma una planificación urbana que responde al negocio pero no a como está el terreno”. El diario Página12 entrevista hoy a Jaime Sorín, quien dice que tanto la CABA como La Plata “se vieron afectadas a su vez por las consecuencias de “un boom inmobiliario sin ningún control” […]. En la última década, destacó Sorín, se construyeron en la ciudad de Buenos Aires 25 millones de metros cuadrados nuevos, y se mantuvo la misma infraestructura de la década del ’50.” Y en otro reportaje, en este caso al especialista Antonio Brailovsky plantea que la autopista La Plata-Buenos Aires actuó como “dique de contención”, y que además las privatizaciones de los ’90 (donde las empresas de agua dieron el servicio sin proveer de cloacas así podían cobrar por el servicio de agua potable de inmediato, despreocupándose del consiguiente aumento de las napas de agua, provenientes de los deshechos de los consumidores –cuestión que, dice, se mantiene hoy–) jugaron su parte en que el suelo sea cada menos seco, y que no pueda absorber las aguas de las lluvias.

En fin: hay decenas y decenas de cosas no hechas, no previstas, no planificadas, producto de la competencia y el afán de ganancias empresarias, que se combina con los cambios ambientales y la urbanización slum. (Ahí tenemos también la megaminería contaminante en la zona de Cuyo; o las inundaciones en el NOA, por poner dos ejemplos más de la (mala) calidad de vida a que nos condena el capitalismo.)

Como bien señaló Christian Castillo en una columna en Infobae hoy,En estos diez años de crecimiento, la infraestructura del país es igual o peor que en los 90. En la Ciudad de Buenos Aires la urbanización irracional a favor de la rápida ganancia capitalista llevó a la pérdida de espacios verdes. La construcción de megatorres redujo drásticamente las tierras de absorción para lluvias, y para darle mayores beneficios a las empresas se eliminó el pulmón de manzana en esos edificios. Además, la pavimentación y repavimentación sucesivas de las calles, para “reducir costos”, están por encima de la línea establecida para el escurrimiento del agua. La misma problemática es extensiva a la Provincia, con la construcción de barrios cerrados para pocos que provoca desequilibrios explosivos en el resto de las zonas.”

Los crímenes sociales en Argentina (el incendio en el boliche Cromañón, el choque del tren en Once, los muertos por el temporal de “semana santa” el año pasado) son parte de una estructura que es el resultado de tendencias más generales, internacionales, que se dieron las últimas décadas de “neoliberalismo” y restauración conservadora. Para analizar esto podemos usar, como marco general, algunos de los señalamientos que ha hecho el sociólogo y geógrafo marxista Mike Davis.

Davis inscribe lo que llama “urbanización sin urbanidad” (o “nivel cero existencial”) en las contrarreformas del FMI, BM, etc., que se dan desde fines de la década de 1970. Los Estados (que nunca dejaron de existir, le avisamos nuevamente a los K y P), en clave neoliberal, dejaron hacer a gusto y piaccere a los flujos de capital financiero en Asia, África y América Latina, aplicando el tristemente célebre programa económico de ajustes estructurales (para pagar deuda externa), que incluyó la precarización laboral y las privatizaciones de empresas públicas. Y junto a esto, se dio el aumento constante de población urbana en todo el mundo. Dice Davis en un reportaje: “Una estimación conservadora arroja la cifra de mil millones de personas que viven hoy en barriadas pobres y de más de mil millones de personas reducidas a la condición de trabajadores informales que luchan simplemente por sobrevivir. Van desde los vendedores callejeros hasta los trabajadores contratados por horas, pasando por las cuidadoras de niños, las prostitutas o quienes venden sus órganos para transplantes. Esas cifras son asombrosas, y lo serán más cuando nuestros hijos o los hijos de nuestros hijos sean testigos de la explosión final de la población humana. Alrededor de 2050 o 2060 la población humana alcanzará su crecimiento máximo, que probablemente estará entre 10.000 y 10.500 millones de personas.” Y agrega: “lo que se está generando es crecimiento urbano sin industrialización; y aún más chocante: a menudo hay aumento de población, sin que haya crecimiento económico de ningún tipo. Lo que ha ocurrido en los últimos veinte años de historia es que las grandes ciudades industriales del Sur (Johannesburgo, Sao Paulo, Mumbai, Belo Horizonte, Buenos Aires) han sufrido una desindustrialización masiva, con descensos bruscos en las tasas de empleo del 20-40%.”

Nuestro país, aunque tuvo una recuperación económica (un “rebote” de la economía tras la megadevaluación de los salarios en 2003), promovida especialmente por los altos precios de las commodities, y una baja de la tasa de desocupación, mantuvo intacta la estructura legada por el neoliberalismo: empresas de servicios esenciales –salvo alguna que otra excepción– privatizadas; 40% de la población en condiciones de trabajo precario; uso de miles de millones de dólares para pagar a acreedores internacionales (se califiquen o no como “buitres” –todos lo son–). Este es el “capitalismo en serio” del kirchnerismo. Davis dice: “En las ciudades más grandes del Tercer Mundo siempre te encuentras un área en la que algunas de las personas más ricas viven en comunidades protegidas fuera de los suburbios, pero lo que sobre todo te encuentras es a dos tercios de los pobladores de barriadas pobres del mundo apilados en una especie de tierra de nadie urbana”. Numerosas zonas de nuestro país “nac&pop” (countries incluidos) no escapan a esta descripción.

Davis plantea: “uno de los mayores problemas radica en que estamos construyendo ciudades que no tienen cualidades genuinamente urbanas. En particular, las ciudades pobres consumen las áreas naturales y las cuencas hídricas imprescindibles para el funcionamiento de las ciudades como sistemas medioambientales, para su sostenibilidad ecológica, y las consumen tanto por la especulación privada destructiva como simplemente porque la pobreza tiende a ocupar cualquier espacio. En todo el mundo, la pobreza y el desarrollo de la especulación privada urbanizan las cuencas hídricas y los espacios verdes que las ciudades necesitan para tener un funcionamiento ecológico y ser verdaderamente urbanas. Como resultado, las ciudades pobres cada vez son más vulnerables ante los desastres, las pandemias y la catastrófica escasez de recursos”.

Como ya dijimos, en este crimen social entonces se combinó el cambio climático, la explosión demográfica y urbana, y un “Estado presente”… que igual deja hacer (lo que quieran) a los monopolios capitalistas. ¿Qué consecuencias políticas inmediatas trae todo esto en la coyuntura nacional? Lo podemos ir discutiendo en los comentarios, y en los próximos posts…

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