Una página de la historia del naciente marxismo, en lucha contra la religión

Publicado: marzo 26, 2013 de Demian Paredes en 2013, Historia, Iglesia/Religión, Lecturas, Marxismo

“[…] En una crítica anónima a las clases de Hegel, publicadas en Leipzig en 1842 con el título ‘Schelling y la revelación’, Engels anunció que los Jóvenes Hegelianos ‘dejarían de considerar el cristianismo’ como un terreno vetado a la investigación crítica. ‘Todos los principios básicos del cristianismo, e incluso lo que hasta ahora se ha llamado religión, han caído bajo la crítica inexorable de la razón’.

El trabajo de base de esa crítica religiosa lo había fijado la reinterpretación de los Evangelios como mitos hecha por David Strauss. Bruno Bauer, teólogo y filósofo que había estudiado con Hegel, llevó la crítica un poco más lejos mediante un análisis detallado del cristianismo como constructor cultural. Conocido como ‘hombre muy decidido que, bajo un exterior frío arde con fuego interior’, Bauer pensaba que la dialéctica sólo podía progresar mediante un proceso de violento ataque intelectual. Había que demostrar las verdades de cada época oponiéndolas a la razón, y ese proceso de ataque racional lo llevó a concluir que, en la edad moderna, el cristianismo era un obstáculo al desarrollo de la libertad consciente. El culto a un Dios exterior, y la sumisión al credo y al dogma, alejaban al hombre de su verdadera esencia. No podía haber conciencia humana o realización de la libertad mientras siguieran en pie las exigencias rituales de la ciega sumisión mística. Invocando la dialéctica, Bauer declaró que esa alienación obstaculizaba la marcha hacia delante de la historia, y que había que trascenderla.

Detrás de esa metafísica exaltada acechaba un desafío político directo a los principios cristianos que habían legitimado a la dinastía de los Hohenzollern y su derecho a gobernar. Una vez considerada baluarte del Estado, la filosofía hegeliana se empleaba ahora para socavar los cimientos político-religiosos de Prusia. No es de extrañar, pues, que Federico Guillermo IV se horrorizara y en marzo de 1842 mandase apartar al subversivo Bruno Bauer de su plaza de la Universidad de Bonn. Con todo haría falta más que eso para moderar el avance de los Jóvenes Hegelianos. La siguiente salva la lanzó La esencia del cristianismo (1841), de Ludwig Feuerbach, que eliminó los últimos restos conservadores del hegelianismo. Como recordó Engels: ‘[el libro de Feuerbach] pulverizó la contradicción de un solo golpe, y lo hizo de una manera muy sencilla, a saber, entronizando el materialismo. […] Nada existe fuera de la naturaleza y el hombre, y los seres más altos que nuestras fantasías religiosas han creado sólo son el reflejo imaginario de nuestra propia esencia. El hechizo se rompió; se hizo explosionar el ‘sistema’ […] Es necesario haber experimentado el efecto liberador de ese libro para hacerse una idea de él. El entusiasmo fue universal: por un momento todos fuimos feuerbachianos’.

También Feuerbach había sido alumno de Hegel, y trabajó con la misma aplicación que Bruno Bauer para aplicar el método dialéctico al cristianismo. Extendiéndose en la noción de alienación de Bauer, argumentó que el avance de la religión debía entenderse como separación gradual del hombre de su yo humano y sensual. Al crear la divinidad cristiana, el hombre había creado una deidad a su imagen y semejanza. Sin embargo, ese Dios objetivado rebosaba de perfección, hasta el punto de que el hombre empezó a rebajarse ante su autoridad espiritual. En consecuencia, se invirtió la relación de poder original: ‘El hombre –éste es el secreto de la religión– proyecta su esencia en la divinidad y luego se convierte en objeto’. Y cuando con más fervor se adoraba el hombre a ese Dios exterior, tanto más se empobrecía él interiormente. Era una relación de suma cero: para que la divinidad prosperase había que degradar al hombre. ‘La religión, por su propia esencia, vacía de sustancia al hombre y la naturaleza y transfiere esa sustancia al fantasma de un Dios místico que, a su vez, luego se digna permitir que el hombre y la naturaleza reciban parte de lo que le sobra’, dijo Engels. ‘Si carece de conciencia y, al mismo tiempo, de fe, el hombre no puede tener sustancia’. En su Contribución a la crítica de la filosofía del Derecho de Hegel (1844), Karl Marx lo expresó de un modo más sucinto: ‘La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón y el espíritu de un estado de cosas carente de espíritu. Es el opio del pueblo’.”

Maquetaci—n 1Tristram Hunt, El gentleman comunista. La vida revolucionaria de Friedrich Engels, Barcelona, Anagrama, 2011 (ed. original 2009), pp. 60-62.

comentarios
  1. teroaliaga dice:

    Muchas gracias por recordar estas reflexiones que nos arman para la critica científica. Uno no deja de ratificar la admiración por estos hombres cuya estatura intelectual, disminuida en razón del tiempo transcurrido, se agigantan cada vez que se los cita, cual ‘zoom inn’ que hiciéramos sobre una imagen. Que escuelita la de Hegel, no? Estas citas tan pertinentes a la agenda de hoy me llenan de alegría y satisfacción. Fijate que es un articulo breve y sin embargo tiene una potencia que supera de un golpe la operación maquillaje. El problema es que da ganas volver a leerlos pero a veces no se puede. En mi caso estoy leyendo Mi Vida. Y esa pluma es tirana, no te permite distraerte. Un abrazo. Antes de irme quiero darte una prueba de que todo lo que escriben se aprovecha para armar políticamente a militantes y amigos que sienten la necesidad cotidiana de dar la lucha ideológica. Cada vez que me preguntan por el papa respondo de manera clara y contundente que no estoy de acuerdo por luchar por la separacion de la Iglesia del Estado y si se trata de alguien muy recalcitrante le replico con la frase anarquista (el de colgar con las tripas) y este reflejo lo obtengo simplemente de leerlos a ustedes. Después de dos frases breves en circunstancias que no dan para discutir largo mi interlocutor no puede llevarse sino una clara idea que no pienso como el. Saludos.

  2. Hugo Echeverre dice:

    Muy bueno, Demián.
    “Nada existe fuera de la naturaleza y el hombre”.
    Un buen inicio para aclarar la finalidad de la religión.
    Abrazo.

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