Habrá “ofensiva desestabilizadora”, y/o “complots” varios, pero…

Publicado: diciembre 24, 2012 de Demian Paredes en 2012, Actualidad, Bloguerías K, Capitalismo 100%, Debates, Represión K

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… pero todos, periodistas oficialistas, políticos y blogueros K y P admiten que hay una pobreza “realmente existente” en el país, tras los saqueos que hubo los últimos días en diversas ciudades. (Una nota del diario de los Mitre habla de 300 comercios saqueados en 40 ciudades del país.)

Desde ya, todos los recalcitrantes kirchneristas y cristinistas dicen al unísono (repiten hasta el hartazgo –como Yasky hoy): “no son las mismas condiciones las de este 2012 que las de 2001-2001: nos quieren hacer creer que estamos mal, pero en realidad vamos bien…”, etc. Pero, ¿y si estamos bien… pero vamos mal? Como ejemplos de ese “optimismo irreductible K” están Artemio López citando a Télam, o Washington Uranga en Página12… que sin embargo reconoce hoy que, “aquellos sectores sociales más marginados y atendidos por el auxilio del Estado han perdido terreno, porque sus ingresos son ahora menores en términos relativos y, como resultado del estancamiento de los subsidios, en relación al costo de vida. No hay hambre como en el 2001, pero la brecha que persiste entre quienes más acumulan y quienes menos tienen sigue siendo enorme en la Argentina”. A lo que agrega: “y esto es en sí mismo un motivo de irritación y, quizá, de violencia. Entonces, si la publicidad alimenta permanentemente el consumo de electrodomésticos de alto precio y si hay un importante sector de la población que puede acceder a esos y otros bienes de consumo que aportan confort, ¿por qué yo no?”.

Por su parte, el gurka Aliverti (que además es capaz de pedir más esfuerzo y dedicación a la Inteligencia del Estado) admite con tranquilidad: “va de suyo que hay bolsones no resueltos de pobreza estructural”. Y el blog de Abel, que ya había pedido en otro post represión del Estado –eso sí: de manera “profesional”–, propone ver que, “La mano de obra de los saqueos, organizada o que se prende para la ocasión, no puede irse de vacaciones, y sin duda eso contribuye a su bronca”, a diferencia de sectores de la clase media (y de trabajadores en blanco en algunas grandes empresas e industrias, agrego yo), sea oficialista, sea opositora, que sí se puede ir de vacaciones una quincena.

Entonces, más allá de la maniobra del gobierno nacional de macartear con Berni, para tratar de mantener un “clima de armonía” (Mariotto dixit) o de “gran momento” (Abal Medina dixit), al culpar a los burócratas sindicales opositores, a la izquierda y al “indigenismo duro”(?) por los saqueos (e incluso por los conflictos habidos los últimos meses), lo cierto es que en la Argentina kirchnerista hay, tras 10 años de crecimiento económico récord para las patronales y banqueros, altos porcentajes de desocupación y de trabajo en negro y precario –incluyendo a un grupo de 1 millón de jóvenes en el GBA que “ni ni” (ni trabajan ni estudian). Esa fue la base que hubo para que, más allá de “complots” y “maniobras”, emergiera –como ya ocurriera en Parque Indoamericano, o en Libertador, en Jujuy– sectores del “subsuelo de la patria”, quienes no han recibido nada –o muy poco– de las mieles de los planes de asistencialismo del kirchnerismo. Y ante ello, todos los políticos y funcionarios de derecha, centro y “progres” (oficialistas y opositores), respondieron con epítetos clasistas (“roban plasmas: no tienen hambre”) y policiales, prometiendo mano dura y cárcel (llegó a haber unos 500 detenidos en total por los hechos de los días recientes). Como bien señala el post de Fernando Rosso, “en esto coincidieron cristinistas, sciolistas, binneristas, macristas; todos militando en el “partido del orden” y pegando con un solo puño: el del brazo armado de su estado.” Macartismo, represión y envío de tropas son las respuestas del kirchnerismo al reclamo popular.

Es claro que no estamos en una situación como la de 2001-2002. Allí, el emergente de una “crisis orgánica” se fue gestando desde mediados de los años ‘90, producto de la entrega del país a los planes del neoliberalismo (con las privatizaciones, el “achique del Estado”, y la hiperdesocupación para millones). Pero allí, el fin de ciclo económico no coincidió con el político: Menem logró pasarle la papa caliente de la ya insostenible “convertibilidad” del “1 a 1” a los radicales y frepasistas, y ellos debieron lidiar con ese fin de ciclo económico, que aceleró el fin de (su breve) ciclo político en el país, tras las acciones de masas de diciembre de 2001 (previos paros nacionales de la CGT de Moyano al gobierno de De la Rúa incluidos) y “el que se vayan todos”.

Hoy en cambio, hay un fin de ciclo político, el del kirchnerismo-cristinismo, y quedan abiertas las opciones (y operaciones políticas), por alguna sucesión burguesa en 2015 –previo paso por las parlamentarias del 2013–, mientras el fin de ciclo económico (el de la posconvertibilidad –que incluyó la devaluación brutal del salario obrero por parte de los gobiernos peronistas; lo que permitió que la burguesía “se la lleve en pala”) en la Argentina se mantiene (aunque no sin complicaciones) aún.

En cualquier caso, la preocupación de todos los políticos del régimen –administración estatal incluida– es cómo soportar los (obligados, por la crisis económica internacional y el enlentecimiento económico) planes de la llamada “sintonía fina”, de achiques de gastos, etc. (como dice una nota, hay un “ajuste que se impone desde el poder central, pero intentando derivar los costos de manera exclusiva al nivel de las provincias y los municipios. Una cara son los aumentos de impuestos y tasas locales; otra, más dramática, los recortes en planes sociales y las demoras o virtual parálisis de obras públicas”), sin que emerjan nuevas acciones directas de los pobres y oprimidos –y ni hablar de acciones contundentes que, aunque dirigidas por la burocracia sindical, muestren el poder obrero en paros y cortes, como ocurrió el pasado 20N–, en momentos donde las mediaciones y representaciones tradicionales (políticos, burócratas de los sindicatos, etc.) están desgastadas, fragmentadas y enfrentadas, y realineándose en vistas al próximo año electoral.

En síntesis, tendremos un año donde, además de elecciones, veremos nuevas acciones de los trabajadores, la juventud y los sectores populares ante el persistente declive (o enlentecimiento) económico.

Hablamos de un lugar desde donde la izquierda revolucionaria debe intervenir, desplegando un programa político en pos de la unidad obrera y popular (de ocupados y desocupados, de nativos e inmigrantes, de estatales y privados, de “en blanco” y “en negro”, etc.), para enfrentar los planes de los capitalistas y sus políticos.

*   *   *

* A modo de aviso: seguramente, este será el último post del año en El diablo… Habrá, las próximas semanas, algún que otro posteo en mi blog personal, Artemuros; pero, salvo casos obligados, El diablo… regresará a los ruedos blogueros la segunda quincena de enero.

Por lo pronto, pueden seguir todos los blogs de la “troskósfera” (incluyendo los últimos y buenos posts  de camaradas de todo el país analizando la coyuntura) acá.

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