El día de Lear (hoy el post lo hace Paula Varela)

Publicado: diciembre 13, 2012 de Demian Paredes en 2012, Actualidad, Movimiento Obrero, Sindicalismo de base

King_Lear_el_rey_lear_-_shakespeare_-_alfredo_castro_-_nicanor_parra_-_menvielle_-_santiago_de_chile-Rey Lear: ¿Hay aquí alguien que me reconozca? ¿Es este Lear? ¿Anda Lear así? ¿Dónde están sus ojos? O se han debilitado sus sentidos o se ha aletargado su discernimiento… ¿Estoy despierto? ¿No es así? ¿Quién puede decirme quién soy?

-Bufón: La sombra de Lear

William Shakespeare, El Rey Lear

 

En esta jerga política que se pobló de números con letras, hay un día que no ha tenido el suficiente reconocimiento y, sin embargo, condensó una buena foto de la política en Argentina: el 6D. Lo podríamos llamar, el día de Lear. En lo que todo el mundo sabe, porque el mazazo de la prórroga de la cautelar a Clarín (que como bien analiza Rosso aquí, no se revierte con un fallo judicial y menos aún con un recital) complicó aún más la sucesión del bonapartismo cristinista, profundizó las traiciones palaciegas y la dejó a Cristina (y su séquito) como al rey Lear: hecha una sombra de sí misma. Pero esa es sólo una parte del cuadro. Falta otra, mucho menos conocida, pero en absoluto menos importante: el mismísimo día en que la derrota del 7D poblaba la cadena nacional, en una pequeña comarca del conurbano norte más de tres centenas de obreros cantaban: “ya lo veo, ya lo veo, acá en Lear el que manda es el obrero”. Hay lears y lears, la discusión es qué hacer cuando la debacle de uno se combina con el ascenso del otro.

Fuerza que no se organiza, fuerza que se pierde

El video de la asamblea en Lear muestra algo que el paro del 20N no mostró con total claridad (aunque permitió que se “intuya”): el “picado fino” de la disidencia de izquierda de la que todos tomaron nota con el paro general. Gran virtud de la tecnología digital portátil, nos abre la puerta de lo que la dictadura patronal oculta al interior de las fábricas. Y ese “picado fino” tiene varias características. La primera, que el significado concreto del “nunca menos” no lo decide Abal Medina en su escritorio ministerial, ni La Cámpora en la máquina registradora de Fruta para Todos, ni siquiera Moyano en “la casa de los trabajadores”, sino que es el resultado de la experiencia política de los trabajadores con el gobierno, con la burocracia y con la izquierda. Los carteles, cánticos e increpaciones de los obreros de Lear en la asamblea le dieron un contenido concreto al “nunca menos”: defensa de la organización de base elegida democráticamente por los trabajadores en la fábrica (a quien la burocracia quiso destituir por haber adherido al paro) y pase a planta permanente de los contratados. Fíjense una cosa: ninguno de estos dos significados fue jamás el programa del “nunca menos” kirchnerista. El kirchnerismo no impulsó nunca la organización democrática en el lugar de trabajo, y menos aún el pase a planta de los contratados/tercerizados.  Por el contrario, ese es el programa de la izquierda que está en el movimiento obrero. Buen pequeño ejemplo de que los programas no vienen “desde afuera” a través de volantes agitados en la puerta de la fábrica. Se construyen “desde adentro”, para lo cual la democracia obrera, no es opcional, es indispensable. En el engolado lenguaje del gurú del kircherismo, el bueno de Laclau, podríamos decir que hoy el “nunca menos” es un significante vacío… Lo que es lo mismo que decir dos cosas: a) que el kirchnerismo perdió, junto con su peso hegemónico, el don de la palabra creíble (si no, pregúntenle a Sabatella); b) que es justamente por eso que ahora es determinante la pelea (a muerte) por dotar de contenido histórico ese “nunca menos”. La segunda característica es que, por insólito que les parezca a los que no frecuentan el “club de amigos de la dialéctica”, es el propio “nunca menos” el que enfrenta a estos obreros con el gobierno nacional y con su burocracia oficialista. Aquí una cuestión interesante que se sale del video: la calidad de los cuadros que tiene la burocracia. Sería completamente ingenuo suponer que el conjunto de la burocracia sindical tiene cuadros tan malos como los que se ven en el escenario de Lear, incluido el Secretario Adjunto del SMATA, Manrique, que parece un muñeco de torta. Sin embargo, sería sobrevaluar completamente a la burocracia sindical no tener en cuenta que buena parte deesta burocracia que esta nueva generación obrera enfrenta, fue forjada en los escritorios de la década del noventa o en los pasillos ministeriales de 2000, y no en las asambleas obreras o la lucha callejera de los ’70. Lo que quiero señalar, es que las derrotas de la clase obrera durante el neoliberalismo no sólo forjó una generación con poca experiencia sindical, política, de lucha directa, etc; forjó también una generación de burócratas con poca cintura para bailar. Lo tercero y último que el video muestra es que se puede ganar, al menos un primer round. Para aquellos a quienes los cortes en Panamericana con carteles de “no somos moyanistas” no les dijo nada, este video les presenta una nueva oportunidad de liquidar su escepticismo y poner manos a la obra.

Pero el video también muestra una cosa que sería estúpido ningunear: que, mientras la disidencia es masiva, su organización en clave antiburocrática es aún molecular y corre el riesgo de quedar encorsetada en los muros de la fábrica si no hay política en contrario. Y fuerza que no se organiza, fuerza que se pierde. La disputa política hoy está ahí, en la organización de esa disidencia. La iniciativa de una Asamblea Nacional de Trabajadores que levante “sindicatos sin burócratas y partido sin patrones”, no es una política administrativa “para reunir lo que hay”. Es una política para potenciar la organización antiburocrática de la disidencia de izquierda al nivel que esta disidencia tiene.

Contra la expropiación

Es en este contexto inmediato en que se da el 19D. Pero el 19D tiene otro contexto, más mediado, pero existente: las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001 y el intento de su expropiación. La discusión sobre participar o no del 19D tiene que estar puesta en relación a ambos contextos, el inmediato y el mediato. Si nos abstenemos del contexto inmediato, sería una discusión completamente despolitizada y en ese sentido, ritual, folclórica, de museo. ¿Qué sentido tiene discutir una “gran marcha” en reivindicación del 19 y 20 de diciembre de 2001 por fuera del contexto inmediato de comienzo de ruptura de sectores de masas con el gobierno nacional? ¿Qué sentido tiene separar el 19 del 20 si el pasado es una fuerza creativa sólo cuando es “recuerdo del futuro”? ¿Para qué reivindicar jornadas revolucionarias si esas mismas jornadas no tienen nada que decirle a los miles de jóvenes obreros, como los de Lear, que están rompiendo con el gobierno de Cristina y con sus burocracias afines? Si nos abstenemos del contexto mediato, sería una discusión cortoplacista y, en ese sentido, oportunista. ¿Qué sentido tiene participar del 19D si no es para decirles a los miles de jóvenes obreros, como los de Lear, que en el sindicalismo combativo y de izquierda vive la rebeldía de los jóvenes del 19 y 20 de diciembre? ¿Qué sentido tiene sino es para demarcarnos con nuestras banderas, nuestro método y el orgullo de nuestros mártires, de los Moyano (ayer con Cristina y hoy con la oposición) que son los expropiadores del 19 y 20 de diciembre, que son su negación? ¿Qué sentido tiene si luego salimos en la foto con los expropiadores?

Muchos de los jóvenes que forman hoy el nuevo movimiento obrero, tenían en 2001 menos de 15 años. Invitarlos a que se apropien de ese pasado de rebeldía y de lucha, es invitarlos a que lo superenPorque el 19 y 20 de diciembre no fue sometido a una expropiación parcial por genialidad del kirchnerismo sino también por su propia debilidad: sin la clase obrera ocupada no hay Argentinazo (por más vistosos que queden los “azos” en las tapas de los periódicos). Exponer esta debilidad a la generación obrera que puede superarla no es opcional, es obligatorio para los revolucionarios. Hay tres motivos principales por los que esa clase obrera ocupada no salió el 19 y 20 de diciembre: el disciplinamiento que jugaba la desocupación masiva que para 2002 alcanzaba el 25% montada sobre las derrotas de los ’90; el papel del “bueno de Moyano” que subido al caballo del MTA levantó todo paro y toda movilización y metió al movimiento obrero organizado en el corralito del corporativismo; y la debilidad de la izquierda en el movimiento obrero ocupado que se combinó con una suerte de corporativismo del desocupado que quitaba filo al heroico movimiento piquetero en Argentina. Sobre esta debilidad del 19 y 20 se monta el kirchnerismo para su expropiación parcial.

Hoy, 11 años después, esa clase obrera ocupada está fortalecida objetivamente por el crecimiento económico y del empleo, y fortalecida subjetivamente por la recomposición gremial, la politización y la presencia de la izquierda en el movimiento obrero. El mejor homenaje, la mejor apropiación de las jornadas revolucionarias de 2001, es que el 19 de diciembre de este año, sea el puntapié inicial del nucleamiento de todas las comisiones internas y cuerpos de delegados antiburocráticos y combativos, para potenciar la ruptura de la clase obrera con los expropiadores del 2001, obturar su capitalización por la oposición burguesa, y debatir de qué forma organizamos una alternativa política de los trabajadores en Argentina.

PD: Avanti Morocha

Volviendo a ver el video de Lear descubrí algo que es digno de destacarse. Si ustedes miran el costado derecho de su pantalla, hay una mujer, operaria, metro cincuenta, que levanta un cartel celeste con alguna de las consignas que coreaban los obreros. Única mujer en un palco de hombres y burócratas. Única operaria de delantal entre aquellos que ya no lo usan. Agitando sin cesar su cartel. Mirando sin correr nunca su mirada, a sus compañeros. Su cuerpo parece atado (¿por un mandato?) a los obreros que debajo del palco echan a la burocracia y defienden su organización. Los burócratas se bajan y ella queda allí, sola, mirando a su gente, como encarnación de la perseverancia. Luego de haberme hastiado de los discursos pseudo-feministas de la presidenta, de haberme empalagado con los carteles callejeros multiplicando su estampa emperipollada sobre el fondo albiceleste, es una emoción y un orgullo ver a esta morocha de otra clase… y vaya si avanza.

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