Pastillitas del 20N (hoy el post lo hace Paula Varela)

Publicado: noviembre 22, 2012 de Demian Paredes en 2012, Actualidad, Bloguerías K, Burocracia sindical, Debates, FIT, Frente de Izquierda y de los Trabajadores, Movimiento Obrero, Peronismo, Sindicalismo de base, Sindicato ceramista de Neuquén, Sindicatos

En esa hermosa ruptura de la rutina que son las huelgas, algunas cosas se escuchan más nítidas, otras piden a gritos que las definamos nosotros. Veamos.

Patroncita de estancia

Una ya venía oliendo ese tufo de patroncita de estancia gorila que sonríe a la sirvienta, siempre y cuando, como dice Barge, “no muerda la mano de quien le da de comer”. Ayer sintió un rasguño de tarascón y puso las cosas en claro: los únicos piquetes aceptables son los del hambre. Por arriba del umbral del hambre, todo es extorsión (y traición). Y por si faltaba nitidez en el programa, mandó la amenaza: “no jodan con el trabajo”. O sea, amenazó con echar a la sirvienta a la calle si sigue con “tantas pretensiones”. Si se cruza la furia de patroncita de estancia con los datos estadísticos sobre el empleo, se tiene una visión bastante clara del contenido concreto del “nunca menos” de aquí en más. Desde el año pasado, y siguiendo las cifras de la oficialista CIFRA, se observa un leve crecimiento del desempleo y todo indica que la tendencia es a profundizarse. No es un dato menor en absoluto. El kirchnerismo debió buena parte de su adhesión en sectores populares a la contraposición abrupta (y material) entre el 22.5% de tasa de desempleo de 2002 y el poco menos del 10% al que había llegado en 2005. Esos más de diez puntitos, que pasados a materia son alrededor de 4 millones de puestos de trabajo, ha sido siempre el pilar central del “programa real” del kirchnerismo para los trabajadores en Argentina: que trabajen. Y que, por supuesto, agradezcan a sus patrones por poder hacerlo. El “nunca menos”  se despojó de ambigüedades y quedó reducido a la piel y los huesos: “laburen y no jodan”. Una digresión: escuchando ayer el discurso de Cristina no pude dejar de acordarme del célebre Don Carlos. Siempre me revolvió las tripas la primera escena del primer episodio. Era el patroncito con sus RRHH (seguramente formados en la cátedra que tiene Tomada en Relaciones del Trabajo de la UBA) discutiendo lo que parecía ser la “lista negra” de los despedidos. Finalmente no era la “lista negra” sino “la celeste y blanca” del pase a trabajo registrado (lista que evidentemente Tomada no enseña a confeccionar porque el trabajo en negro sigue en los niveles del infierno neoliberal). Lo que me revolvía las tripas es que la publicidad, con la excusa de marcar un contraste, lo que hacía en realidad, era recordar permanentemente a los trabajadores que siempre puede haber “listas negras” de desempleo. En últimas, era un intento de actualizar el mecanismo de disciplinamiento del desempleo masivo en pleno crecimiento del empleo. Pues bien, el protagonista de ese discurso amenazante ya no es Don Carlos sino Doña Cristina, con una diferencia, la promesa ya no es ni siquiera el blanqueo sino algún “paquetito” con pan dulce y sidra navideños, como la quita del impuesto al salario sobre el medio aguinaldo de fin de año. La patroncita no está muy generosa que digamos.

Confirmado: existe la disidencia por izquierda

En debate con algunos que se obnubilan fácil con las cacerolas, nosotros veníamos hablando de la existencia de una disidencia por izquierda cuya expresión era molecular pero perceptible a través de nuestra inserción en el movimiento obrero. Ayer se combinaron las moléculas y la disidencia por izquierda paralizó el país. Primera conclusión, mal que les pese a lo que va quedando de los fundamentalistas K, ayer se terminó la amenaza de la oposición de derecha destituyente para cerrar filas a favor del gobierno. Como dice Octavio acá, no se puede acusar de golpistas a los laburantes que paran sin quedar demasiado pegado a Cavallo (quien tenga ese estómago, que dios lo proteja). Segunda conclusión, si bien ambas disidencias se manifiestan, por ahora, como “disidencia social” (y no política), el paro de ayer dejó al descubierto la diferencia sustancial entre el impacto (y la fuerza) social que tiene uno y otro sector. Las dos postales del obelisco que publica hoy La Nación (el obelisco repleto de clase media y el obelisco vaciado por el paro laburante) tiene por objetivo equiparar esas fuerzas sociales. Pero lo cierto es que no lo son y se nota. La manifestación de la clase media plena y alta respeta la normalidad de la rutina burguesa y sale a la calle al final de la jornada laboral, para llenar de bullicio la nochecita de una primavera que va calentándose a alta velocidad. La de la clase obrera, astilla la normalidad de la rutina burguesa y hace aparecer el peligro de su ruptura. He ahí su fuerza social. He ahí el odio de Doña Cristina. Luego de tantos litros de tinta sobre la pérdida de esta capacidad de la clase trabajadora, el silencio de las calles porteñas fue un cachetazo al sentido común académico aún imperante. Una nota de color. Mientras en las calles la ciudad se vestía de paro general, en las aulas de la academia del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA se llevaba adelante una jornada de debate y discusión, entre cuyos temas estaba “la morfología de la acción colectiva después de 2001”. Por razones obvias no pude estar presente. Espero que algo de la calle haya saltado los muros de la universidad para sacar lo que es una tercera conclusión de la jornada de ayer (y debería ser una autocrítica de la academia): lejos de la fragmentación entre formas de organización y métodos de lucha de los sectores de trabajadores ocupados y desocupados (fragmentación impulsada por los sectores dominantes, garantizada por las direcciones sindicales y territoriales, y argumentada por el mainstream académico), el paro de ayer mostró la potencia de la combinación entre ocupados y desocupados. La combinación restituye parte de la fuerza social que se debilita por la hiper fragmentación que dejó el neoliberalismo, básicamente expresada en tres grandes divisiones: ocupados/desocupados, registrados/no registrados, sindicalizados/no sindicalizados. Ahora bien, esa combinación no es espontánea. Es el producto de una voluntad política o no es nada. Hablemos de política entonces.

 

Moyanos catch all

A no engañarse, disidencia por izquierda no es igual a política por izquierda. Y que Hugo haya sido el protagonista central de esta demostración de fuerza social de los trabajadores no significa que potenciar esta fuerza social sea su estrategia. Todo lo contrario. Como dice un peronista de ley, lo que está en juego, no es potenciar sino más bien contener (en función de eso se discutirán, en todo caso, las listas del año que viene y éstas son la plataforma de las de 2015 porque, como es evidente, el kirchnerismo tal como lo conocimos, está en su ocaso). Y en esta de contener, el moyanismo está jugando una lógica “catch all”. Como le pusimos en otro post, está jugando la lógica “facundo-hugo”. Cada uno se dirige a un sector distinto, para convencer que juntos constituyen un excelente combo de contención de la clase trabajadora. Hugo, claramente, a sus colegas de la burocracia sindical y, a través de ellos, al centro y derecha peronista. Si logra dirigir ahí, se consolida como ficha clave de cualquier armado del PJ para 2013/2015. Y ayer fue una primera victoria de esa batalla. Como dicen varios analistas, uno de los saldos de la jornada fue que Moyano mata a Caló (al menos por ahora), y Micheli (con Moyano) mata a Yasky que ayer comenzó a escribir (junto con Pianelli) su despedida de los 15 segundos de gloria que esperaban por abrazar al gobierno nacional. La mesa de la conferencia de prensa en “la histórica casa de los trabajadores”, fue la foto que le dio una primera victoria a Moyano en esa puja entre burócratas. Eso no fue en absoluto sorprendente, en la medida en que esa apuesta ya viene perfilándose en el último año. Lo que puede haber sorprendido más es que Facundo salió claramente a hablarle a la centro izquierda kirchnerista e incluso más, a sectores que están a la izquierda del kirchnerismo. Algo de eso había habido en el Luna Park, pero ayer fue casi excesivo. Durante el día y en respuesta a las goriladas de Abal Medina, Facundo llegó a reivindicar, incluso al “militante político Mariano Ferreira”. Por la noche, en P+P- llevó a cuatro exponentes de la juventud sindical e hizo eje en la precarización del empleo, los no sindicalizados, los jóvenes en negro, y disparó directo contra las leyes de la sintonía fina kirchnerista. Claro que, cuando los periodistas, insistían en la pregunta acerca de qué partido y qué candidato expresaba ese “programa” la respuesta se diluía en un “no es momento de hablar de elecciones” (a diferencia de la derecha peronista que, en boca de Samid, tiró la fórmula Scioli-Maza). Este discurso de izquierda en boca de Facundo implica, al menos, tres cosas. La primera, que si bien la disidencia por izquierda no tiene todavía programa político, sí tiene programa social y éste es: contra la precarización, a favor del aumento de salario al 75% de los trabajadores que no tributan impuesto al salario, por el blanqueo, por la asignación familiar y, también, por el derecho a organizarse sindicalmente. La segunda, que ni Hugo ni ninguno de los burócratas con olor a rancio que estuvieron en la foto de la CGT puede encarnar de forma mínimamente creíble ese discurso. Dicho en otros términos, que el desprestigio de esos burócratas combinado con la renovación generacional en los lugares de trabajo, obliga a buscar nuevas caras que puedan encarnar un discurso más de izquierda con algo de verosimilitud. Facundo es el mejor exponente de esas “nuevas caras”. La tercera, que la izquierda existe en el movimiento obrero y que dirige sectores que ayer se destacaron por parar o movilizarse en contra de sus direcciones sindicales oficialistas que llamaron a no parar. El peronismo no puede dejarle a la izquierda la nueva generación de trabajadores fogueada de 2003 a esta parte, servida en bandeja. Facundo sale a disputar ese sector que no es otro que el sindicalismo de base que ayer se mostró “vivito y coleando”.

No te peinés..

Estos tres elementos: una disidencia por izquierda que tiene programa social (aunque no expresión política), un desprestigio de la burocracia que vuelve inverosímil que ese programa lo encabece incluso Hugo, y la existencia material de la izquierda en el movimiento obrero que obliga al peronismo a salir a competir con nuevas caras que adoptan el discurso de la izquierda; sumado a un elemento central que todavía no brilla pero se ve, la crisis internacional y el agotamiento del “modelo K”, es lo que vuelve la actual ruptura de sectores de masas con el gobierno nacional, en potencial ruptura con el peronismo. Y por ende, vuelve los “movimientos” de la izquierda especialmente delicados. Vayamos al grano. La presencia de Sobrero en la mesa de la crema de la burocracia sindical, no aclara, oscurece. Porque impide (o para ser más justos, obstaculiza) la diferenciación entre confluir en la acción y confluir en el proyecto político. Nadie puede dudar que el proyecto político de todos los que estaban en el palco de la CGT es la reconstrucción del PJ en el proceso de disgregación del kirchnerismo. Para algunos, como dijo Samid ayer en TN, esa reconstrucción tiene nombre y apellido: Scioli-Massa. Para otros está todavía configurándose. La movida de izquierdizar a Facundo es la movida de tratar de llevar base de centro-izquierda e incluso de alguna izquierda a esa reconstrucción del PJ. Peinarse para esa foto, no va. Mucho menos aún si no se está dispuesto a diferenciarse claramente cuando te pasan el micrófono. Lejos de marcar un polo opositor a la burocracia (incluso en la “propia casa de los trabajadores”), Sobrero terminó siendo reprendido por Moyano quien le recordó que existen los señaleros y que éstos mostraron gran capacidad de fuego en el ferrocarril. En lenguaje de barrio, si estás en terreno enemigo, o te jugás a birlarle la base para volcarla a favor tuyo, o van a tratar de birlarte la tuya en favor de ellos. Moyano, que evidentemente tiene barrio, vio la cuña y le pasó el micrófono al líder de señaleros. Una lección de la que hay que aprender. El tema allí es de qué formas mostrar ese polo opositor y con qué proyecto propio. Parcialmente, ese proyecto diferenciado se mostró durante la propia jornada de huelga en la realización de cortes y acciones diferenciadas por parte de la izquierda y en las intervenciones de los dirigentes que estaban en ellos. Quizás el más claro fue el corte de la Pana a la altura de Kraft, territorio que ya tiene el sello de la izquierda clasista encabezada por Hermosilla. Eso es un buen principio, pero los ritmos de la disidencia por izquierda parecen indicar que no alcanza. Si efectivamente, la comprobación de una disidencia por izquierda en sectores de masas abre la posibilidad a una ruptura con el peronismo, el polo opositor clasista tiene que ser más claro y más contundente. ¿No es la hora, entonces, de preparar una Asamblea Nacional de Trabajadores antiburocráticos, que reúna comisiones internas, cuerpos de delegados, pero también organizaciones territoriales disidentes, y discutir allí un programa social y político que presente una alternativa política por izquierda? ¿No marcaría una diferencia para miles de trabajadores y trabajadoras que ayer pararon, poder ver, casi en cadena nacional, la conferencia de prensa de la izquierda clasista que presente un proyecto político para esa fuerza social que vació la capital? Para esa foto, sí vale la pena peinarse.

comentarios
  1. tomas dice:

    No hubiese estado bien convocar a la tarde a plaza de mayo el FIT y la izquierda para mostrar en disputa con el moyanismo el balance de paro.. y ser mas en concreto un polo de referencia alternativo que clarificaba el Frente unico en la accion y el NO frente politico?

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