Revolución, democracia… comunistas (fragmento de David Riazanov)

Publicado: octubre 9, 2012 de Demian Paredes en 2012, Historia, Lecturas, Marxismo
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Leemos acerca de Marx y Engels durante las revoluciones de 1848:

Sería erróneo creer que Marx y Engels entraron en el órgano de la democracia [en el periódico Neue Rheinische Zeitung] en calidad de demócratas. Entraron en calidad de comunistas, considerándose la extrema izquierda de la democracia. Nunca cesaron de criticar de la manera más violenta, no sólo los errores del partido liberal alemán, sino los de los demócratas, tanto que desde los primeros meses perdieron todos los accionistas. En el primer artículo publicado en la Neue Rheinische Zeitung, Marx critica duramente a los demócratas. Cuando se supo que el proletariado parisino había sido aplastado durante las Jornadas de julio; que Cavaignac, con el apoyo de todos los partidos burgueses, había provocado la masacre en la que perecieron millares de proletarios, la Neue Rheinische Zeitung, “órgano de la democracia”, publicó un artículo apasionado en el cual se atacó a los verdugos burgueses y a los satélites de la democracia. He aquí un corto pasaje de dicho artículo:

“Los obreros parisinos han sido aplastados por un enemigo superior en fuerza, pero no aniquilados. Han sido derrotados, pero sus enemigos están vencidos. El triunfo efímero de la fuerza brutal ha desvanecido todas las ilusiones de la Revolución de Febrero; ha demostrado la disgregación del antiguo Partido Republicano, la división de la nación francesa en dos partes: la de los poseedores y la de los proletarios. En adelante la República tricolor tendrá sólo un color, el color de los vencidos, el color de la sangre. Se ha transformado en la República roja.

La Revolución de febrero ha sido una revolución magnífica, que contó con la simpatía general porque las contradicciones que surgieron más tarde en ella estaban sólo en estado latente, y la lucha social, que era la base, era únicamente verbal. La Revolución de junio, por el contrario, ha sido repugnante, porque la acción ha reemplazado a la frase, porque la república misma ha descubierto la cabeza del monstruo arrancándole la corona que lo enmascaraba.

El profundo abismo que se abre ante nuestros ojos, ¿ha de desalentarnos a nosotros, demócratas, y hacernos creer que las luchas por las formas de gobierno son ilusorias y no conducen a nada?

Solamente los espíritus débiles, apoltronados, podrían hacerse esta pregunta. Hay que luchar para vencer los conflictos que nacen de las condiciones mismas de la sociedad burguesa; estos no pueden ser razonados. La mejor forma de Estado es aquella en la cual los antagonismos sociales no son apagados ni suprimidos por la fuerza, es decir, artificial y superficialmente. La mejor forma de Estado es aquella en la cual tales antagonismos chocan libremente en la lucha y por la misma encuentran su solución.

Pero, se nos dirá, ¿no tendremos una lágrima, un suspiro, una palabra, para las víctimas del furor popular, para la Guardia Nacional, la Guardia Móvil, la guardia republicana, las tropas de línea?

El Estado se ocupará de las viudas y de los huérfanos, los decretos los elevarán a las nubes, tendrán solemnes funerales e inmortales los proclamará la prensa oficial, desde oriente a occidente la reacción europea glorificará sus nombres.

Pero los plebeyos torturados por el hambre, escarnecidos por la prensa, abandonados por los médicos, tratados de ladrones, de incendiarios y de presidiarios por los ciudadanos “honrados”; sus mujeres y sus hijos reducidos a la más negra miseria; sus representantes escapados de la masacre, desterrados más allá de los mares… Es el privilegio y el derecho de la prensa democrática de tejer alrededor de su frente sombría una corona de laurel”.

Este artículo fue escrito el 28 de junio de 1848.

No puede pertenecer a la pluma de un demócrata: solamente un comunista puede ser su autor y, por su táctica, Marx y Engels no podían engañar a nadie. El periódico dejó de recibir inmediatamente subsidio alguno de la burguesía democrática y se transformó en el verdadero órgano de los obreros de Colonia, en órgano de los obreros alemanes.

David Riazanov (“Quinta conferencia”, 1922),

Marx y Engels, Ediciones IPS, 2012 (acá el índice del libro).

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