Breves notas sobre (algunas) luchas históricas en el NOA

Publicado: septiembre 13, 2012 de Demian Paredes en Capitalismo 100%, Debates, Historia, Movimiento Obrero, Pateando el Tablero, Pueblos Originarios, Sindicatos

Posteo (con alguna demora) los apuntes que utilicé en el bloque radial de “Pateando el Tablero”, hace un par de semanas, referidas a las luchas en Tucumán y Jujuy en las décadas de 1960 y 1970.

Y además, va abajo la bibliografía, y acá el link al libro-fotográfico, de reciente aparición, Machos, chinas y osacos, del historiador radicado en Jujuy Marcelo Constant, sobre la explotación en los Ingenios jujeños desde fines del siglo XIX.

1.

Las luchas en los ingenios tucumanos se remontan ya a comienzos del siglo XX, cuando se dieron diversas huelgas (1904, 1907 y 1911), e incluso participación política relacionada con hechos de la vida nacional, como la huelga general realizada en solidaridad con los trabajadores caídos en la “semana trágica”.

Ya llegado el peronismo, éste fomentará la organización de la FOTIA, que se funda en 1944. No obstante esto no impidió que hubiera una gran huelga –de un mes– en 1949, hecha al mismo Perón, en reclamo de un aumento salarial del 30%. Finalmente se dará un 60%.

1970 y 1972, años de los dos Tucumanazos –y aún antes, se menciona marzo de 1969 como el de un “primer Tucumanazo”, previo al Cordobazo de mayo del ‘69–, se despliega la acción de las masas y se forja la unidad obrero-estudiantil; procesos que “acompañan”, o están a tono con la etapa revolucionaria 1969-76, que abre el Cordobazo. Sin embargo, estos dos (o tres) “azos” se fueron preparando con duros combates los lustros previos.

Porque hubo otras grandes luchas en Tucumán, como la gran huelga de 1959, y la ola de ocupación de ingenios que se desarrolló en el marco del plan de lucha de la CGT en 1964. Tanto el FRIP, el PRT y “Palabra Obrera”, serán grupos que confluirán con esta vanguardia obrera –una clase que tenía una fuerte conciencia de “ciudadanía obrera”, desarrollada bajo el peronismo y posterior a la caída de éste, tras el golpe gorila de 1955, en el marco de la “resistencia obrera” a la dictadura fusiladora–. Incluso en 1965 se presentaron candidatos obreros, surgidos de procesos asamblearios de trabajadores azucareros, y donde Leandro Fote y Manuel Carrizo, del PRT, serán electos diputados a la legislatura provincial.

1965 será también un año significativo por la crisis en el rubro azucarero: cancelación de la zafra, no pago de salarios a los trabajadores y cañeros, etc. Camilo González, trabajador golondrina, cae muerto en un “confuso episodio” mientras esperaba cobrar su sueldo atrasado. Ese fin de año la FOTIA convocó a una manifestación a la casa de gobierno, que según los medios movilizó a unas 15.000 personas (de conjunto se desplegó una fuerte lucha con tomas, manifestaciones, operaciones “comando” contra las oficinas centrales de la Compañía Azucarera Tucumana, entre otras).

En junio del ‘66 se da el golpe de Estado que lleva a Onganía como presidente de facto. Los días 8 y 9 de julio va a Tucumán, a actos por el “día de la Independencia”, prometiendo convertir a la provincia en “un moderno polo de desarrollo industrial”. En agosto, el ministro de economía anunciará la intervención, desmantelamiento y cierre de 7 ingenios. En total serán 11 los ingenios cerrados de los 27 que tenía la provincia. Es el llamado “Operativo Tucumán” –con ocupación y militarización de los ingenios–, para “racionalizar”, “modernizar” y diversificar la producción de azúcar. Las cifras hablan de entre 150.000 y más de 200.000 personas que abandonan la provincia, por falta de trabajo. Para 1969 había una desocupación cercana al 15%.

¿Qué relación se puede hacer entre el pasado y el resente? Como señala la editorial de La Verdad Obrera, ““La batalla de Orán” rememora las luchas del norte argentino a fines de los ‘60, cuando las patronales y la dictadura de Onganía se dispusieron a cerrar los ingenios tucumanos. El 12 de enero de 1967 la represión se cobró la vida de Hilda Guerrero de Molina, una de las organizadoras de la olla popular de Bella Vista y del plan de lucha de la Federación Obrera de Trabajadores de la Industria Azucarera. Cuando la asesinaron, la movilización cargó contra las fuerzas represivas, obligándolas a esconderse en el local policial.”

En 1968 continúan las tomas de ingenios –algunas de ellas con rehenes–, e incluso, aunque la iglesia da misa y da cierto aval a la movilización, los trabajadores atacan las casas de los directivos de los ingenios, blanco directo de su odio de clase, de su bronca obrera. El mismo año, tras el fallo del “plan de lucha” de la CGT de 1967, se darán elecciones donde surgirá, en contraposición a la CGT burocrática de Vandor, la CGTA con R. Ongaro.

Sin embargo, de con junto estas acciones no alcanzarán, aunque la lucha siga, para detener el proceso del ataque económico y los de las fuerzas represivas.

Como dato, se pude señalar que, de 36.000 afiliados a la FOTIA en 1966, sólo quedaban 19.000 en 1969.

* Más de conjunto, para remitir al balance que hacemos desde el PTS de las luchas de las décadas de 1960 y 70, hasta el golpe genocida, se recomienda el libro Insurgencia Obrera en la Argentina 1969-1976. Clasismo, Coordinadoras interfabriles y estrategias de la izquierda, de Ruth Werner y Facundo Aguirre (más info sobre el mismo, acá y acá).

 

2.

La lucha en los ingenios jujeños, especialmente en el Ingenio Ledesma, surge en 1972, tras 20 años de ausencia de actividad obrera. La lucha surgirá defendiendo a su futuro dirigente Melitón Vázquez, desde el GOL (Grupo de Obreros de Ledesma), desde un trabajo clandestino o “tapado” realizado los años previos.

En 1973 desarrollan una fuerte lucha, y consiguen lo que les correspondía por derecho: la construcción de unas 5.000 viviendas para los trabajadores, aumentos salariales, efectivización de trabajadores temporales y las 6 hs. por trabajo insalubre.

Sin embargo en 1974 habrá dos detenciones contra los trabajadores: el ex delegado Jorge Weisz y Patrigniani, abogado del sindicato; anticipo de lo que sucederá en 1976 con los “apagones” de Libertador y Calilegua.

Pese a la combatividad, no hubo una política de desarrollo independiente de la clase, de coordinación con otros sectores en la provincia –primó una suerte de “corporativismo provincial” (cuando había toda clase de fenómenos políticos y tendencias actuando en la vanguardia obrera, juvenil y popular)– y, políticamente, se apoyó la candidatura de Luis Arédez (radical, y ex médico del ingenio Ledesma, y posterior a su despido médico del sindicato obrero) como intendente para el Frejuli.

Además de Weisz, que era de la agrupación maoísta Vanguardia Comunista, había cierta influencia del PRT-EC y editaba un boletín de fábrica, El Zafrero. El PST también tenía influencia desde afuera sobre Melitón Vázquez y otros trabajadores. Sin embargo, estas agrupaciones no lograron fortalecer una política alternativa al nacionalismo burgués del peronismo, al GAN y la trampa frentepopulista a nivel nacional de 1973.

 

3.

Cabe agregar, para seguir conociendo y recuperando la historia de la clase trabajadora y otros sectores explotados y oprimidos, alguna referencia al sojuzgamiento y la explotación de los pueblos originarios en el (actual) norte argentino, aprovechando la reciente publicación del libro Machos, chinas y osacos, del historiador Marcelo Constant. Es un pequeño libro editado en Jujuy por Ediciones del Huaico, y es verdaderamente impactante. Es un libro que compila una serie de fotos con la vida en los obrajes, donde podemos ver a los pueblos originarios (hombres y mujeres de todas la edades, y niños y niñas) posando para sus patrones, trabajando y viviendo en condiciones paupérrimas. Son fotos que además permiten ver el contraste entre la vida de “los señores” (sus vestimentas, sus comodidades de vida; sus “modernas” locomotoras para transportar las cosechas…) y las de los originarios (quienes debían caminar todos los días, de madrugada y descalzos, kilómetros y kilómetros para ir a la zafra, para ganar algunas pocas monedas).

La contratapa del libro cita a Robert Lehmann-Nitsch, un etnólogo y biólogo investigador; un estudioso que, al estilo Bialet-Masé, evaluó en 1907:

“El indígena […] proporciona la mano de obra barata y fácil de manejar de que se sirve uno, cuando la necesita, y que en la época cuando no se trabaja, no ocasiona gastos de casa ni de comida; además, el consumo del indio en mercaderías durante la temporada es muy considerable. Aquellas enormes regiones del Chaco, desiertas y calientes, no han de tener para el agricultor e industrial, sea europeo, sea de otra estirpe, más utilidad que la de ofrecerle todo tiempo, sin dificultades, brazos baratos para sus empresas”

Como explicaba Marx, en relación a la expansión del capitalismo desde Europa al resto del mundo, con el fin de dominarlo, “el capital llega así sudando sangre y barro por todos sus poros”. Esto se ve claro en las fotografía de cómo se dominó a los pueblos originarios del actual NOA. Ya en su introducción dice el historiador que “Matacos, Tobas, Chorotes y Chiriguanos, fueron vitales en el período de despegue de la industria azucarera e hicieron poderosos a sus empresarios” (p. 7).

Hablamos de una explotación que, como la de Tucumán, comenzó en el siglo XIX. Allí en el norte, en Jujuy, se desarrollaron tres ingenios, Ledesma, La Mendieta y La Esperanza, explotando mano de obra de los pueblos originarios. Para comienzos del siglo XX, “las primitivas haciendas, en pocas décadas se habían convertido en considerables complejos agroindustriales, productores de azúcar y alcohol, destinados a los crecientes mercados rioplatenses” (p. 13).

La mano de obra provenía de la región llamada Gran Chacho o Chaco Gualamba: una extensa planicie de un millón de kilómetros cuadrados que abarca los actuales países de Bolivia, Paraguay, Brasil y Argentina. Hubo dos campañas militares, en 1884 y 1911, que lograron someter a las poblaciones originarias, para que se transformen en mano de obra para la cosecha de caña de azúcar. Benjamín Victorica, jefe de las campañas militares al Chacho, decía en una carta: “No dudo que estas tribus proporcionarán brazos baratos a la industria azucarera y a los obrajes de madera como lo hacen algunas de ellas en las haciendas de Salta y de Jujuy […]” (p. 21).

Y, aunque esto se disfrazaba de una “educación” y “civilización” que llegaba a tierras donde imperaba el “salvajismo”, la realidad es que este reclutamiento sólo daba por resultado el acrecentamiento de las riquezas de los ingenios… y la pobreza permanente de la mano de obra “libremente contratada”.

*   *   *

 

Así, podemos pensar que hay una correspondencia, una relación de similitud, entre la forzosa “domesticación” de los pueblos originarios, para proveer mano de obra barata –conquistada vía manu militari–, y la represión en las décadas de 1960 y 1970, cuando los trabajadores urbanos y rurales se rebelaron contra la explotación y los planes de “racionalidad” capitalistas, que los dejaban sin trabajo. Hay una continuidad en la búsqueda del mantenimiento de la explotación, que comenzó allá por el siglo XIX, se mantuvo en el XX. Y hoy, nuevamente, estamos presenciando un nuevo momento de rebeldía, con este “despertar obrero” que comentan los compañeros y compañeras del PTS-Jujuy.

 

Fuentes:

Emilio A. Crenzel, El Tucumanazo, I y II, Bs. As., CEAL, 1991

Ernesto González (coordinador), El trotskismo obrero e internacionalista en la Argentina, tomo 4, “El PTR La Verdad, ante el Cordobazo y el clasismo”, Bs. As., Fundación Pluma, 2006

Marcelo Constant, Machos, chinas y osacos. Registros fotográficos del reclutamiento, condiciones de vida y trabajo de los indígenas chaqueños en los ingenios azucareros de Jujuy (1880-1920), S. S. de Jujuy, Ediciones del Huaico, 2012

Miguel López y Gastón Ramírez, El aniversario de “El Apagón” y las ocupaciones de tierras en Ledesma

Miguel López, Cien años de Ledesma, cien años de explotación y barbarie capitalista

“Cristianismo y revolución”, El azúcar en llamas

“Peronismo y socialismo”, Informe sobre la situación política en Tucumán

* También hay que mencionar un par de documentales Diablo, familia y propiedad (ver reseña acá), y Sol de noche (ídem acá), que sirven para conocer más: la explotación, las luchas y las represiones –incluyendo la leyenda de “El familiar”– en el norte argentino.

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