Tesis 1: La ilusión estatalista (o no todo lo que otorga el Estado son derechos)

Publicado: septiembre 11, 2012 de Demian Paredes en 2012, Actualidad, Burocracia sindical, Debates, Movimiento Obrero, Peronismo

* Otro post de la compañera Paula Varela.

En la presentación a estas Tesis me pregunté qué bases materiales tiene la Juventud Sindical de Facundo-Hugo, para usar los sindicatos y presentarse ante las masas como “oposición de izquierda” al gobierno kirchnerista.

Hoy ya nadie pone en duda que el nuevo protagonismo de los sindicatos en Argentina fue, en parte, impulsado por el propio gobierno K a través de “políticas de Estado” acordadas con las cúpulas sindicales (con Moyano a la cabeza). Los clásicos indicadores que se usan para mostrar esto (y que provee el mismo Ministerio de Trabajo), son el aumento de la cantidad de Convenios Colectivos de Trabajo firmados (CCT) y la cantidad de trabajadores que engloban; el aumento de la sindicalización en términos absolutos; y el aumento de la conflictividad laboralEsto ha llevado a muchos a confundir esta política de Estado de fortalecimiento de los sindicatos, con una política de Estado de otorgamiento de derechos laborales. Algunos hablan de “nuevo modelo de las relaciones laborales”, a otros a hablar del “retorno de un gigante” o cosas por el estilo (en referencia al libro de JC Torre) y a otros se preguntan si la tesis de Levitsky sobre el PJ fue refutada por la realidad kirchnerista.

Sin duda, estos tres indicadores muestran un cambio de política estatal respecto de los sindicatos. Sin embargo, permítasenos una tesis para molestar: el fortalecimiento de los sindicatos “por arriba” no implica un fortalecimiento de los derechos de los trabajadores, por el contrario, se observa una profundización de la disociación entre los beneficios otorgados a los sindicatos (y su conducción) y los derechos otorgados a los trabajadores. Vale agrega a esta tesis que, mal que pese a algunos, esta disociación entre beneficios a los sindicatos y pérdida de derechos a los trabajadores fue uno de los puntales de la política neoliberal hacia los sindicatos.

Tomemos el caso, estratégico (en sentido womackiano y en sentido de Durán Barba 2015), de camioneros. Varios de los datos están tomados de un muy recomendable trabajo de Enzo Benes y Belén Fernández Milmanda que fue presentado en el último Congreso de la ISA en Buenos Aires.

El sindicato de camioneros fue fortalecido desde el gobierno kirchnerista a través de cuatro políticas.

1) Los subsidios al sector patronal (Transporte Automotor de Carga). En general se discuten los subsidios a los empresarios como una política de salvataje estatal a nuestra queridísima “burguesía nacional” (y extranjera también). Sin embargo, en este caso, es también una política de fortalecimiento de sindicato de camioneros (FNTC). Veamos. Estos subsidios, que entre 2005 y 2007 aumentaron un 360%, tienen una particularidad: el REFOP (régimen de profesionalización del transporte de cargas). Desde 2003 en adelante (no hace falta indicar la importancia de la fecha), el REFOP opera reintegrándoles a las empresas cuyos trabajadores estén encuadrados en camioneros los aportes realizados al sistema de seguridad social. O sea, el gobierno les daba dinero a los empresarios que encuadraban sus trabajadores en Camioneros. Esto implica un doble fortalecimiento del gremio. Por un lado, porque es una presión directa a las patronales para que encuadren sus trabajadores en camioneros. Por otro, porque el reintegro de dinero equivale a alrededor de un 20% del costo laboral, motivo por el cual, las patronales de transporte de cargas que tengan sus trabajadores en camioneros, tienen más margen para aumentar salario sin perder un solo centavo de ganancias (incluso ganando plata), lo que hace que los trabajadores encuadrados en camioneros puedan tener mejores salarios y ese rédito lo coseche Moyano.

Primera conclusión parcial: a) para Manolo Barge que se entusiasmó con la idea de un sindicato policlasista (quizás dejando que se le escape la ilusión de una etapa superior de la conciliación de clases), una mala noticia: la “onda” que las patronales del transporte tienen con el gremio camionero, lejos de basarse en la encarnación del ideario peronista se basa en cosas más mundanas: tener “onda” con el FNTC baja costos laborales, “punto” (diría el bueno de Fernández); b) para todos los admiradores del salario de los camioneros, otra mala noticia: los salarios de camioneros (de los más altos del mercado) responden menos a lo “heavy metal” que es el Hugo y su combatividad y más a una buena manito del Estado kirchnerista que, a través de los subsidios hizo doblete: se alió a los empresarios y fidelizó a Hugo (al menos por un buen tiempo); c) para los amantes del “paso a paso” y del “derrame”, una tercer mala noticia: esa pauta salarial obtenida de este modo tiene una condición sine qua non: es excepción y no norma, o sea, puede operar para un pequeñísimo sector de los asalariados a costa de no operar para el resto (si a través de los subsidios el Estado pudiera garantizar salarios dignos para toda la clase obrera, el capitalismo tendría aún algo para dar a las masas, como es evidente, no tiene).

2) Financiamiento directo del Estado al sindicato (o el negocio de las obras sociales por dos). A través del SISTAU (sistema de transporte automotor), el Estado financiaba dos servicios masivos que presta el Sindicato: capacitación a través del Registro Único del Transporte Automotor (RUTA) y la realización de los exámenes psicofísicos a los choferes de camiones que son obligatorios para la obtención de las licencias habilitantes. Segunda conclusión parcial: a) para los admiradores de la familia camionera una mala noticia: buena parte de esa familia está cimentada sobre la caja adicional que dio el kirchnerismo que se suma a la caja histórica de las obras sociales (una de las claves económicas de la estatalización de los sindicatos) lo que redunda e mayores y mejores servicios (que pretenden operar como mecanismos de fidelización de los afiliados); b) para los que se solazan en la armonía de la familia camionera, otra mala noticia: la familia del camión se sostiene también en un fuerte gran hermano. Estos dos servicios otorgados al gremio y financiados por el Estado implican también un gran mecanismo de control por parte del sindicato de su propia base y del posible surgimiento de “sectores díscolos” a su interior. Manejar el área de capacitación y de otorgamiento de exámenes psicofísicos habilitantes es, directamente, manejar la llave del desempleo (por falta del carnet correspondiente) de la oposición política en el sindicato. Dicho resumido: camionero zurdo, camionero sin registro.

3) La colocación de cuadros del sindicato en agencias estatales estratégicas para el sector. Desde 2003 en adelante, cuadros sindicales ocuparon cargos centrales la Secretaría de Transporte de la Nación (STN); la Administración Nacional del Seguro de Salud (ANNSAL); la Administración de Programas Especiales del Ministerio de Salud que tiene por objeto reintegrar a las obras sociales los gastos por medicamentos de alta complejidad (APE); y la Comisión de Legislación Laboral de la Cámara de Diputados de la Nación, que preside Recalde. Tercera conclusión parcial: para cualquiera que tuviera alguna ilusión acerca de que Moyano encarnara algún modelo sindical relativamente independiente del Estado, malas noticias. No sólo no lo encarna, sino que encarna su contrario: si para cualquiera que esté algo metido en las luchas obreras, no es ninguna novedad ver funcionarios del sindicato en los pasillos ministeriales operando casi como funcionarios del ministerio, en este caso los funcionarios del sindicato son funcionarios del Estado, y desde allí, negocian subsidios empresariales, cajas de obras sociales, incluso legislaciones laborales que exceden a los camioneros.

4) Política activa por parte del Ministerio de Trabajo para la ampliación del encuadramiento de trabajadores en camioneros. Esta política se observa a través de dos cuestiones. La primera, la resolución 144/2003 que modifica el estatuto de camioneros e incorpora en la redefinición de la actividad de la rama, la “logística”. Esta resolución le permitió a camioneros lo que Benes y Fernández Milmanda llaman estrategia de expansión horizontal, o sea, expansión a otras ramas de actividad, básicamente caudales y recolección de residuos. Una cosa interesante de esta resolución (además de su contenido, claro): la fecha en que se firma es marzo de 2003, previa a la asunción de Kirchner, durante el gobierno de Eduardo Duhalde. La segunda, la clara connivencia del Ministerio de Trabajo (mediador habilitado por Ley en los conflictos laborales) con el gremio camionero en los conflictos por reencuadramiento sindical, la mayoría de los cuales, hasta 2011 recibieron dictámenes favorables al FNTC por parte del Ministerio. Cuarta conclusión parcial: a) para todos los que levantan al moyanismo como ruptura con lo peor del duhaldismo, malas noticias: la resolución 144/2003 es una abierta confesión de la devolución de favores que el gobierno de Duhalde (y la burguesía a través de él) realizó a Hugo Moyano por su papel de “pata sindical” de la devaluación del 30% del salario real de los obreros que significó la salida de la convertibilidad. Para ponerlo en términos de negocios, podemos decir que Moyano negoció, 30% de caída del salario real del conjunto de la clase obrera argentina, a cambio de la extensión de su rama de actividad (y con ella, la extensión de su poder de fuego y negociación); b) para todos los que compran y venden al Moyano combativo que te cruza un camión y te pone en jaque, otra mala noticia: la obtención de nuevos afiliados tiene mucho menos que ver con el camión cruzado en Carrefour que con la política del Ministerio de Trabajo y de las patronales (por los subsidios antes mencionados) de conveniencia con dicho encuadramiento. Dicho en otros términos, los “muchachos camioneros” (por rudos que aparezcan) están más forjados en las dádivas de la connivencia ministerial que en las escuelas de guerra.

A esto se suma un quinto elemento estatal que, si bien no es producto del kirchnerismo (aunque el kirchnerismo garantizó en su continuidad) explica la “base real” del sindicato sobre el que Facundo-Hugo quieren reconstruir el peronismo: a diferencia de la mayoría de los gremios (para quienes la afiliación es “voluntaria”), en el caso de camioneros, todos los trabajadores encuadrados en la actividad son afiliados compulsivamente al gremio (CCT 40/89). Esto aumenta la base de afiliación compulsivamente y, por supuesto, la base de aportes sindicales. La cercanía de la fecha de esta cláusula del CCT (1989) con la privatización y desguazamiento de la red ferroviaria da para hacer todo tipo de conjeturas… no? Pero no nos vayamos de tema.

Entonces, para retomar la discusión del inicio, contra las versiones de un nuevo modelo de las relaciones laborales en Argentina, lo que encontramos es una primera continuidad de la matriz de relación entre el Estado y las clases que asentó el neoliberalismo: el desacople entre fortaleza de los trabajadores y fortaleza de los sindicatos. Del mismo modo en que en los ‘90 los trabajadores se debilitaron mucho más que los sindicatos, en el kirchnerismo los sindicatos se fortalecieron mucho más que los trabajadores a través de acuerdos políticos (no sedimentados en leyes) de la cúpula sindical con el PJ en el gobierno. El caso de camioneros es el paradigma de este “modelo”.

Esto que encandila como fortaleza de los sindicatos (y aparece como el paraíso para cualquier pichón de burócrata, incluso algunos de los criados en las fotocopiadoras de la FUBA), es sin embargo una profunda debilidad a la hora de hacer jugar a las bases para un proyecto político opositor. Primero, por lo obvio. Como sistematizan Benes y Fernández Milmanda en su trabajo para julio de 2012, la mayoría de estas políticas de fortalecimiento del gremio camionero estaban siendo desarticuladas más rápido que el vuelo de Iron Man. Los subsidios del REFOP y el SISTAU terminaron en abril y julio respectivamente; la participación de funcionarios sindicales en la APE caducó en marzo, en la Secretaría de Transporte en abril, y en el ANSSAL en julio. Como todos pudimos observar por televisión en el paro camionero de junio, la permisividad del Ministerio a los piquetes camioneros, ya presentó también su fecha de defunción. O sea, en seis meses, el gremio de camioneros perdió una parte (no menor) de la fuente de sus recursos económicos, de los nichos de negociación en el Estado (y sus lugares de control a sus propios afiliados) y del camino allanado por las asfaltadoras del Ministerio para “birlarles” afiliados a otros gremios. Es decir, una parte no menor de su poder en la medida en que éste estaba apoyado en su relación con el Estado. Esto hace que algunas tesis optimistas como la de un “neocorporativismo segmentado” que plantean Etchemendy-Collier no parezcan tener base empírica. La idea de “neocorporativismo” (a diferencia de la de corporativismo en ciencia política) señala una mayor autonomía de los sindicatos respecto del Estado-gobierno. Esa autonomía parece más bien una ilusión socialdemócrata de los autores que una realidad del sindicalismo argentino. El hecho de que el fortalecimiento de los sindicatos por “arriba” sea con políticas coyunturales (no plasmada en reforma legal alguna) achica el margen de autonomía entre las cúpulas sindicales y el Estado –PJ–. Por su parte, la idea de “segmentado” señala correctamente el achicamiento de la base de los sindicatos heredada de los noventa, sobre lo que hablaremos en un próximo post.

Pero la debilidad también se observa en relación a la renovación generacional de cuadros tan repetida en el Luna Park y tan endeble cuando se la mira de cerca. Nadie puede dudar que Facundito la saca varios cuerpos de ventaja a cualquier funcionario de La Cámpora. Sin embargo, la nueva camada de cuadros sindicales son, mal que le pese a Hugo, bastante más parecida a los chicos de La Cámpora que a Felipe Vallese. Son cuadros forjados entre los algodones de los triunfos fáciles del aparato estatal, unos en centros de estudiantes y colegios, otros en el sindicato. Claro que cualquier contacto con “el mundo del trabajo” (que la dirección camporiana desconoce por completo) te hace más duro, pero esto no alcanza para cimentar lealtades. El liderazgo de la JS también tiene la marca de la dependencia de las dádivas estatales y eso huele a poco para forjar una oposición, ni hablar en tiempos de crisis.

Esto que puede parecer una conclusión pesimista sobre el fortalecimiento de los sindicatos, sin embargo, no lo es en absoluto. Por tres motivos. El primero, porque no existe estatalización absoluta de los sindicatos (los negaría como tales). Por ende, aún el más abierto fortalecimiento por arriba (como el caso camionero) implica movimientos por abajo. La cobertura estatal (con subsidios, resoluciones y personal en el Estado) se tradujo en algo que el kirchnerismo no puede barrer de un plumazo en seis meses. Se tradujo en “posición estratégica” (o sea, transporte de cargas, de caudales, de basura, por mencionar lo más importante, de lo estratégico, sólo quedó fuera de camioneros el transporte de la mercancía fuerza de trabajo, transporte de pasajeros). Esto hace que, si el moyanismo quiere ampliar base autónomamente respecto del Estado, tiene que hacerlo poniendo en juego esta posición estratégica. Eso no es nada nuevo en la teoría sobre los sindicatos, pero sí es algo bueno de marcar en la actual coyuntura política porque significa que para hacer jugar esa posición estratégica hay que hacer jugar la fuerza social de la clase obrera. Y eso es peligrosísimo en tiempos de pocas “lealtades”. Hugo lo sabe de memoria y levantó el paro camionero de junio más rápido que ligero. Sin embargo, mientras el tiempo transcurre (y el tiempo es la materia de la política) es difícil imaginar que Moyano pueda sostener una posición de oposición “atractiva” sin disponer de los recursos del estado y sin hacer uso, al menos en cuenta gotas, de ese poder de fuego de la fuerza social obrera. Está más bien acorralado.

Ahí volvemos a entrar nosotros, la izquierda.

El segundo motivo para el optimismo tiene que ver con la fuerza relativa del sindicalismo de base bajo estas características de fortalecimiento de los sindicatos. Si bien, el sindicalismo de base (donde tiene peso la izquierda, particularmente el PTS) es en términos numéricos, una minoría, no lo es en términos políticos. ¿Por qué? Porque la construcción del sindicalismo de base está cimentada contra la matriz neoliberal de dependencia de los sindicatos del Estado y de disociación de las cúpulas respecto de los trabajadores. Dicho en otros términos, su liderazgo es “más real” porque no depende de otorgamientos desde arriba, sino de militancia, lealtades y conquistas desde abajo. Además el sindicalismo de base tiene un poder adicional: el que otorga estar en el núcleo de la dominación celular (como llamó Gilly, tomando a Anderson, al lugar de la producción). La historia de la clase obrera en Argentina es pródiga en ejemplos de ese poder. Claro que esta mayor calidad es sólo un punto de apoyo para la búsqueda de su combinación con mayor cantidad. Si esa calidad del sindicalismo de base, se sectariza, se liquida. Si se amplía puede construir una fuerza tal que permita, sindicatos sin burócratas y partidos sin patrones. Y ahí sí, nosotros, la izquierda, estaríamos en condiciones de disputar en el terreno del establecimiento de una nueva relación entre el Estado y las clases, el “modelo”.

Por último, el tercer motivo para el optimismo, tiene que ver con la calidad de dirigentes que son la materia de la renovación generacional. Buena parte de esa calidad puede verse acá. Si Moyano logra liderazgo demasiado cautivo de los oropeles que otorga el Estado, los Godoy y López de Zanon (para resumir en sus mejores expresiones toda una nueva camada de dirigentes), los logran contra el Estado y a base de lucha (algunas bien duras). Los dirigentes del sindicalismo de base están forjados en la escuela de guerra de los conflictos con la patronal en los lugares de trabajo y con el gobierno en las calles. No en los algodones de los pasillos ministeriales.

Hasta aquí una parte de las reflexiones sobre el escenario político. En los próximos días postearemos más.

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