El hecho burgués de la clase maldita (J.W. Cooke y el sindicalismo peronista a debate)

Publicado: noviembre 19, 2010 de El Diablo en Debates, Historia, Movimiento Obrero, Peronismo

Facundo Aguirre  de Los lunes al Sol le entró a un nuevo debate con Abel, con quién la troskósfera viene discutiendo ebastante el último tiempo. En este caso, la polémica pasa por la apreciación del sindicalismo peronista y ya disparó varias discusiones en El blog de Abel. Copiamos a continuación el post que escribió Facundo.

En el blog de Abel, el susodicho dedica un posteo (ver acá http://abelfer.wordpress.com/2010/11/16/el-hecho-maldito-del-peronismo/) a la defensa del sindicalismo peronista como expresión del lado maldito del peronismo, tal la mítica definición de John William Cooke. Para Abel el sindicalismo peronista es maldito por el poder que acumula y lo intragable que ello resulta para el establishment. Sostener esto luego del crimen de Mariano Ferreyra por parte de una banda de matones sindicales organizada para defender la tercerización laboral -es decir la división obrera estructural y el fraude laboral capitalista- resulta surrealista.

La historia y la veracidad de una definición. El peronismo -y su brazo sindical- puede ser mejor definido como el hecho burgués del país maldito (le robo la definición a quien posteo en la nota del blog de Abel- desde mompancem), más que como el hecho maldito del país burgués que planteaba el gordo Cooke. O para ser más precisos el hecho burgués de la clase maldita.

Recordemos que para quién predicara la transformación del peronismo en un partido de extrema izquierda (“La esencia del drama de nuestro movimiento es que, mientras su único destino y su única chance de sobrevivencia está en reconocerse como una fuerza de extrema izquierda, sufre las influencias de la propaganda reaccionaria que se desata desde afuera y desde adentro de su propio seno” -JCW carta a Hernández Arregui desde la Habana, 28 de septiembre de 1961-) la definición de hecho maldito a la imposibilidad del régimen libertador de de integrar al peronismo -por ser expresión del proletariado subversivo (“el peronismo sigue siendo el hecho maldito de la política argentina: su cohesión y empuje es el de las clases que tienden a la destrucción del status quo”– JWC. Peronismo y revolución). El peronismo proscripto era para la burguesía argentina bajo el régimen libertador intragable de conjunto porque en él convivían las fuerzas sociales que empujaban la resistencia a los planes capitalistas e imperialistas y una dirección burguesa y burocrática, dividida, dispuesta a negociar con el régimen su apoyo. Esa dualidad (base obrera combativa y dirección conciliadora) es permanente en el peronismo de la resistencia. Perón -y Cooke- negociando con Frondizi y los obreros protagonizando las huelgas heroicas de la resistencia, enfrentando el Plan Conintes, gestando la huelga revolucionaria del frigorífico Lisandro de la Torre. Los obreros protagonizando las tomas ordenadas por la CGT y Vandor negociando su apoyo poco más tarde a los militares integristas de Ongania. La clase obrera protagonizando el Cordobazo y Perón negociando el salvataje del país burgués con lanusse. Las clases que tienden a romper el status quo siempre encontraron en el peronismo y sus dirigentes sindicales burocráticos un limite a su enfrentamiento con el capital y no una fuerza política dirigente que le permitiera vencer en pos de sus objetivos ya no históricos, sino inmediatos y prácticos. en sus instituciones.

Lo intragable para el régimen libertador era la clase obrera que impedía la realización de los planes capitalistas, que la columna vertebral se conviertiera en cabeza de un movimiento de liberación. Pero los dirigentes -sobre todo los sindicales y en particular a partir de los ’60 la burocracia vandorista de los sindicatos- fueron siempre tentados a la integración y buscaron permanentemente ser los voceros de un peronismo sin Perón que representara la conciliación con el régimen. Es en este marco que Perón usaba a la resistencia, a su ala izquierda y la amenaza “revolucionaria” para mantener la conducción en sus manos mientras alentaba la negociación por otro wing. Recordemos que también Cooke consideraba a Vandor y las seis dos, luego del periodo de la resistencia, como las fuerzas del régimen al interior del movimiento peronista. Cooke, quien supo ver el agotamiento histórico del nacionalismo burgués (“desde que la liberación nacional es indivisible de la revolución social, no hay nacionalismo burgués” – JWCPeronismo y Revolución)se equivoco porque el problema del peronismo no era la colonización por parte de las fuerzas liberales sino su dirección burguesa, en sus dos alas Perón y Vandor, su política de conciliación con la burguesía, su incapacidad manifiesta de enfrentar seriamente al imperialismo para conquistar la liberación nacional. El peronismo y la burocracia de los sindicatos fueron tranquilamente absorbidos por el régimen cuando se necesito poner freno a la subversión proletaria. Así fue en 1972 cuando el llamado a elecciones de Lanusse planteo el desvío de la insurgencia obrera y popular nacida en Córdoba en el ’69, con el Pacto Social favoreciendo la explotación patronal y buscando instaurar la disciplina fabril, alentando a la ultraderecha política y sindical del peronismo para liquidar la autonomía del movimiento obrero de base y a su vanguardia militante bajo Perón e Isabel, evitando que los trabajadores terminaran con el gobierno de la señora luego de las jornadas de junio y julio del ’75. Pero además en los ’90 como fuerza ejecutora del plan neoliberal y en el 2002 como defensora del poder de una oligarquía política y empresarial que habían llevado al país a la bancarrota y mediante la devaluación licuado los salarios de los trabajadores (no fue Moyano acaso militante devaluacionista en los ’90 y defensor de la misma mediante una paz social de hecho bajo Duhalde?).

La burocracia sindical peronista no es el hecho maldito que la burguesía rechaza de plano, lo hace en tanto y en cuanto considera que alienta la confrontación social, la defiende en tanto y en cuanto teme que sea superada por el sindicalismo de base y la izquierda militante entre los trabajadores. La ataca para disciplinarla o limitarla como fuerza autónoma que para busca fortalecer su propia posición e interés. Dicho a lo Scalabrini Ortíz, como cita Abel, entre los troskos y Moyano la burguesía prefiere a Moyano, entre Moyano y los gordos prefiere a los gordos. Ahora bien Moyano entre los troskos y la burguesía, es un representante poco simpático -para el establishment- de la política burguesa. Abel en su borrador de programa invoca la continuidad de esta burocracia con la que históricamente represento la columna vertebral del movimiento peronista. Lejos de representar la hora de los trabajadores, como dijimos al principio, representa el hecho burgués de la clase maldita (para lo cual los trabajadores deberían ser cabezas del proceso de liberación) representa el hecho burgués de la clase maldita.

comentarios
  1. Tito dice:

    Discurso de Juan Domingo Perón en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, 25 de agosto de 1944

    «Las masas obreras que no han sido organizadas -dijo entonces- presentan un panorarna peligroso, porque la masa más peligrosa es sin duda la inorgánica. ¿Cuál es el problema que a la República Argentina debe preocuparle sobre todas las cosas? Un cataclismo social en la República Argentina haría inútil cualquier posesión de un bien, porque sabemos -y la experiencia de España es bien concluyente. y gráfica a este respecto- que con ese cataclismo) social los valores se pierden totalmente. Es indudable que siendo la tranquilidad social la base sobre la cual ha de dilucidarse cualquier problema, un objeto inmediato del gobierno ha de ser asegurar. la tranquilidad social del país, evitando por todos los medios un posible cataclismo de esta naturaleza, ya que si se produjera de nada valdrían las riquezas acumuladas, los bienes poseídos, los campos ni los ganados».

    «Dentro de este objetivo fundamental e inmediato que la Secretaría de Trabajo persigue, radica la posibilidad de evitar el cataclismo social que es probable, no imposible. El capitalismo en el mundo ha sufrido durante esta guerra un golpe’ decisivo. El resultado de la guerra 1914-18 fue la desaparición de un gran país. europeo como capitalista: Rusia. En esta guerra, el país capitalista por excelencia, Inglaterra, quedará como deudor en el mundo, probablemente, mientras que toda Europa entrará dentro del anti capitalisrno pan-ruso. En América quedarán países capitalistas, pero en lo que concierne a la República Argentina sería necesario echar una mirada de circunvalación para darse cuenta de que su periferia presenta las mismas condiciones que tenía nuestro .país. Chile es un país que ya tiene un comunismo de acción desde hace varios años en Bolivia, a los indios de las minas parece que les ha prendido el comunismo como viruela, según dicen los bolivianos; Paraguay no es una garantía en sentido contrario; Brasil, con su enorme riqueza, me temo que al terminar la guerra pueda caer en lo mismo».

    «Se ha dicho, señores, que soy enemigo de los capitales, y si ustedes observan lo que les acabo de decir no encontrarán ningún defensor, dimíamos, más decidido que yo, porque sé que la defensa de los intereses de los hombres de negocios, de los industriales, de los comerciantes, es la defensa misma del Estado. Yo estoy hecho en la disciplina. Hace treinta y cinco años que ejercito y hago ejercitar la disciplina, y durante ellos he aprendido que la disciplina tiene una base fundamental: la justicia. Y que nadie conserva ni impone disciplina sino ha impuesto primero la justicia. Por eso creo que si yo fuera de una fábrica, no me costaría ganarme el afecto de mis obreros con una obra social realizada con inteligencia. Muchas veces ello se logra con el médico que va a la casa de un obrero que tiene un hijo enfermo; con un pequeño regalo en un día particular; con el patrón que pasa y palmea amablemente a sus hombres y les habla de cuando en cuando, así como nosotros, lo hacemos con nuestros soldados. Para que los soldados sean más eficaces han de ser manejados con el corazón. También los obreros pueden ser dirigidos así. Solo es-necesario que los hombres que tienen obreros a sus órdenes lleguen hasta ellos por esas vías, para dominarlos, para hacerlos verdaderos colaboradores y cooperadores».

    Esta filosofía, que expresa tan miserable desprecio hacia los trabajadores y los soldados, mezcla de estrategia gatopartidista, consejos de domador profesional de hombres y máximas de Dale Carnegie, culminaba con una oferta práctica a los patrones reunidos: «Con nosotros funcionará la Confederación General del Trabajo, y no tenemos ningún inconveniente,.cuando queramos que los gremios equis o zeta procedan bien a darles nuestro consejo, nosotros se lo transmitiremos por su comando natural; le diremos a la Confederación Nacional: hay que hacer tal cosa en tal gremio, y ellos se encargarán de hacerlo. Les garantizo que son disciplinados y tienen buena voluntad para hacer las cosas». (FUENTE.. «El pueblo) quiere saber de qué se trata», pg. 137, Juan Domingo’ Perón)

    del libro, “Peronismo. Desarrollo económico y lucha de clases en Argentina”. Miguel Angel García. Mario Acosta Editor. Publicaciones Trazo. Barcelona, 1980. 138 páginas.

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